Sísifo en el Chiquihuite

Agustín B. Ávila Casanueva hace un repaso de algunos casos de desprendimientos de laderas en la República Mexicana. Entre ellos, el desgajamiento del cerro del Chiquihuite. Las consecuencias ambientales de estos deslaves resultan en debilitaciones de ecosistemas y, con ello, a problemáticas ciudadanas que, en ocasiones, concluyen en tragedia. El daño a estos ecosistemas ocurre por una sobrepoblación de zonas de alto riesgo, una mala planificación urbana. Las consecuencias son para el planeta y son para la sociedad. En ambos casos, la tragedia puede llegar a ser el común denominador.

Texto de 19/10/21

Agustín B. Ávila Casanueva hace un repaso de algunos casos de desprendimientos de laderas en la República Mexicana. Entre ellos, el desgajamiento del cerro del Chiquihuite. Las consecuencias ambientales de estos deslaves resultan en debilitaciones de ecosistemas y, con ello, a problemáticas ciudadanas que, en ocasiones, concluyen en tragedia. El daño a estos ecosistemas ocurre por una sobrepoblación de zonas de alto riesgo, una mala planificación urbana. Las consecuencias son para el planeta y son para la sociedad. En ambos casos, la tragedia puede llegar a ser el común denominador.

A las 6:00 de la tarde del 7 de octubre de 1998, una enorme roca, de alrededor de ocho toneladas, se desprendió del cerro del Chiquihuite. Durante su rodamiento, la roca se partió en varios pedazos que siguieron su camino ladera abajo, y cayeron sobre ocho casas de la colonia La Pastora, dejando a una de ellas destruida en su totalidad. Cinco más se vieron severamente afectadas. El entonces delegado, Jesús Zambrano, estimó que al menos mil personas debían de ser reubicadas hacia albergues, ya que el peligro de otro rodamiento era bastante grande.

Por esta razón, en 1999, la delegación Gustavo A. Madero —partiendo de la sabiduría de Sísifo, de que las piedras siempre continuarán rodando—, empezó la construcción de un muro de amortiguamiento para proteger las casas de posibles rodamientos de roca futuros. El rodamiento no se hizo esperar mucho. En el 2000, un desprendimiento en la ladera este del cerro causó la muerte de una persona que quedó sepultada debajo de toneladas de rocas, lodo y escombros, ahora en la segunda sección de la colonia Lázaro Cárdenas.

El pasado 10 de septiembre, en esa misma colonia, el cerro del Chiquihuite sufrió un desgajamiento que sepultó once casas. Durante este desastre, al menos cuatro personas perdieron la vida. El CENAPRED indicó que 205 familias deben evacuar 178 inmuebles y trasladarse a albergues ante el riesgo de otro deslizamiento de ladera —término equivalente a deslave, pero que es el utilizado en la Ley General de Protección Civil—.

“Según el Mapa Nacional de Susceptibilidad por Inestabilidad de Laderas del CENAPRED, toda la ladera del cerro está catalogada como zona de alto riesgo.”.

El cerro del Chiquihuite se encuentra en la parte norte del Valle de México, en la delegación Gustavo A. Madero, y forma parte de la Sierra de Guadalupe. Según el Mapa Nacional de Susceptibilidad por Inestabilidad de Laderas del CENAPRED, toda la ladera del cerro está catalogada como zona de alto riesgo.

“Solemos pensar que el suelo volcánico es una buena superficie para construir”, dice en entrevista para Este País la Maestra en Sociedades Sustentables e Investigadora en Geotecnia y Cimentación del CENAPRED, Michelle Munive, “pero la seguridad de un lugar no sólo está condicionada por el tipo de roca, como el caso del cerro del Chiquihuite, que es de roca volcánica, pero está completamente agrietada, tiene una erosión muy alta y hay mucha humedad en la zona”.

«“estos fenómenos serán cada vez más recurrentes”, refiriéndose a los efectos del cambio climático como el aumento de fuerza y precipitación de los ciclones y huracanes.»

A lo que Munive apunta, es que el suelo no es algo estático. No solamente puede haber movimientos súbitos de varias toneladas de suelo, sino que estos movimientos son detonados por muchos cambios pequeños que se van acumulando a lo largo del tiempo, como la acumulación de humedad que va haciendo el suelo más suave y le resta estabilidad. Munive apunta que “en la temporada de lluvias siempre tenemos un gran aumento de este tipo de remociones en masa, de rodamientos de roca, de flujos de escombros”. La maestra adelanta un poco el argumento y añade: “estos fenómenos serán cada vez más recurrentes”, refiriéndose a los efectos del cambio climático como el aumento de fuerza y precipitación de los ciclones y huracanes.

“La pérdida de árboles, de sus raíces que amarran el suelo, y la hojarasca que alenta el efecto de la lluvia, causó un gran cambio en el caudal del río…”

No todo es fuerza de la naturaleza. La actividad humana juega un papel importante, aunque a veces no lo aparente directamente. Este fue el caso de la avalancha de lodo ocurrida el domingo 2 junio del 2019 en la cabecera municipal de San Gabriel, en Jalisco. A primera vista, el desbordamiento con lodo del río Salsipuedes, que atraviesa la comunidad, fue a causa de una lluvia excesiva y atípica en la región. Sin embargo, en los años anteriores, la parte superior de una de las laderas cercanas fue incendiada y talada para ocupar la zona para siembra. La pérdida de árboles, de sus raíces que amarran el suelo, y la hojarasca que alenta el efecto de la lluvia, causó un gran cambio en el caudal del río, según cálculos del ingeniero forestal Juan Valencia García, del Centro Universitario del Sur, “antes del incendio, el caudal era de 18.71 metros cúbicos por segundo; después del incendio, el caudal aumentó a 72.58 metros cúbicos por segundo”, es decir, el caudal se cuatriplicó debido al cambio de uso de suelo.

Un ejemplo más claro de la intervención antropogénica sucedió el pasado 15 de septiembre de este año en la colonia Vista Hermosa de Jiutepec, Morelos, en una de las laderas del cerro Piedras Preciosas, donde una serie de agrietamientos provocaron que al menos 18 familias tuvieran que ser evacuadas de sus casas y reubicadas en albergues. Según la evaluación hecha por CENAPRED, los agrietamientos corresponden a cuatro factores: a) la sismicidad en la zona, b) las explosiones en las minas adyacentes —la calera a cargo de Triturados No Metálicos de Xiutepec lleva varias décadas operando en el otro lado del cerro—, c) la filtración de agua del drenaje en una zona de alto riesgo, y d) los asentamientos irregulares.

Esta colonia de Jiutepec, al igual que las laderas del cerro del Chiquihuite, han sido catalogadas como zonas de alto riesgo, y se le ha advertido a la ciudadanía que no son zonas recomendables para habitar. “Estamos conscientes que muchas personas no tienen otra opción para la vivienda”, comenta Munive, “no tienen otro lugar al cuál ir y por eso se instalan en estas zonas, a pesar de las advertencias”. Por eso cuando el desgajamiento, el deslave, o el rodamiento de rocas sucede, y llega a estos asentamientos, hablamos de un desastre. Es la parte humana la que lleva la tragedia. No es que sea culpa de los habitantes el estar habitando estas zonas, pero sí cabe la pregunta ¿qué los orilló a poblar las laderas?

México es un país de desigualdad extrema. Según el reporte de Oxfam, se encuentra dentro del 25% de los países más desiguales. No solamente la riqueza y los recursos —como el suelo— lo acaparan unos pocos, también se concentran en ciertas regiones. Esto, en parte, genera que “la periferia de la Ciudad de México se construya a través de asentamientos irregulares” dice en entrevista para Este País la doctora Martha Schteingart, del Centro de Estudios Demográficos Urbanos y Ambientales del Colmex, “llegan ahí personas que no han tenido acceso a un financiamiento público, principalmente por falta de ingresos o un trabajo fijo. No pueden acceder a programas como el Infonavit o Fovissste”.

“María de Jesús Tinoco, encuestó a 384 personas que viven en el cerro del Chiquihuite. Las encuestas muestran que los asentamientos no son nuevos…”

Para su tesis de licenciatura, la ahora licenciada en Geografía Humana, María de Jesús Tinoco, encuestó a 384 personas que viven en el cerro del Chiquihuite. Las encuestas muestran que los asentamientos no son nuevos —el 64% de la población lleva más de 11 años viviendo en la zona—. Los tipos de vivienda varían poco, el 91% de los encuestados dice que desde que adquirió la vivienda, esta ha sido legal y/o regular, sólo el 6% dice que cuando la adquirió era irregular pero que ya se regularizó y únicamente el 3% dice vivir en una vivienda irregular.

De manera congruente con los establecimientos legales o regulares, el 98% de los habitantes dice contar con electricidad, agua potable y drenaje, provistos por parte del gobierno. Lo cual genera otra complicación, si bien construir y contar con tuberías y un drenaje, genera una mayor inestabilidad en el suelo de la zona, son derechos de las personas que habitan la zona y que no se les pueden negar. 

Dentro de otros servicios públicos que se ofrecen en la zona, el 71% de las y los habitantes dice contar con una escuela de nivel medio superior o superior a menos de 10 km de su vivienda, y el 63% acude a los servicios de salud prestados por el gobierno. 60% personas calificaron el ámbito económico (trabajo, ingresos, egresos que te ofrece vivir en la CDMX) como bueno, y 51% de las personas le dieron la misma calificación a la experiencia que han tenido con el ámbito social y cultural (institutos de salud, escuelas, servicios básicos, transporte, actividades recreativas). En general, el 82% considera que el lugar donde vive es un buen lugar para vivir.

Dentro de las causas relacionadas a por qué viven en esa zona, el 27% contestó que por la familia, el 26% porque ya cuenta con casa legal, el 26% por vivir en la CDMX, 13% por trabajo, 8% por no poder adquirir una vivienda en otro lugar y 5% por educación.

Esto también contribuye a que “la gente no quiera mudarse, ya que no obtendrían una mejoría” apunta Schteingart. Es decir, solamente mejoraría la situación del suelo de sus viviendas, que si bien no es una mejora menor, todo lo demás queda relegado y tendría que construirse de nuevo, probablemente en una zona igual de periférica. Schteingart añade que “tampoco hay confianza por parte de la población, se han acostumbrado a recibir promesas que no se cumplen por parte del gobierno y temen perder lo que ya tienen”.

«Schteingart añade que “tampoco hay confianza por parte de la población, se han acostumbrado a recibir promesas que no se cumplen por parte del gobierno y temen perder lo que ya tienen”.»

Tomando como ejemplo el cerro del Chiquihuite, podemos extrapolar que la situación de los asentamientos en las zonas de riesgo no es solamente un problema geológico “es un problema social” aclara la doctora Schteingart, “su solución tiene que pasar por un cambio en la política de suelo que ponga o permita tener acceso a un suelo habitable”, y que ofrezca, al menos, los mismos servicios que se han ofrecido y construido dentro de estas colonias.

Según Schteingart, “en el Plan General de Desarrollo del actual gobierno de la Ciudad de México se plantea que uno de los retos más importantes es reducir las desigualdades territoriales a través de objetivos estratégicos que incluyen estrictas regulaciones de uso del suelo, llevar a cabo acciones de regeneración urbana en áreas más pobres y conflictivas, el aumento de la producción de vivienda inclusiva, para sectores de menores recursos, en áreas más centrales, y la consolidación de un sistema de movilidad integrado, y sostenible, sobre todo para las áreas ubicadas en la zona oriente de la ciudad, la peor comunicada con centros de empleo”. Esto no solamente mediante el Plan General de Desarrollo, sino también con Programa General de Organización Territorial, el Instituto de Vivienda de la CDMX, la Procuraduría Social de la Ciudad y Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda.

Las laderas también son habitadas por los estratos poblacionales con mayor capacidad adquisitiva. Y este poblamiento también genera desastres. El 27 de octubre del 2015, en la colonia de Santa Fe —alcaldía Cuajimalpa de la CDMX— se desprendieron cerca de seis mil metros cúbicos de tierra, con al menos otros cuatro derrumbes en días posteriores. La zona, flanqueada por minas de arena, también ha sido afectada por la tala de árboles para generar más espacio de construcción, comúnmente, para edificaciones muy pesadas para el tipo de suelo de la zona.

Otro desastre generado por causas humanas y sin regulación sucedió este mismo año en Valle de Bravo, en el Estado de México. El 3 de septiembre, un lago artificial construido por los hermanos Alberto y Armando Torrado, principales accionistas de la empresa y operadora de restaurantes Alsea —sin permiso ni estudio de impacto ambiental y dentro de un área natural protegida—, se desbordó, afectando un área de 7,500 metros cuadrados, provocando derrumbes de árboles, erosión del suelo forestal, y afectado las casas y sembradíos de, al menos, diez familias.

“México es un país grande y está lleno de montañas” sintetiza la maestra Munive haciendo referencia a nuestras tres sierras y un eje transvolcánico. Seguir ignorando las políticas del suelo, y no permitir una distribución equitativa, es condenar —principalmente a quienes viven dentro de los estratos precarizados— a seguir subiendo las laderas, como Sísifo, y solamente esperar que las piedras no bajen rodando. No podemos cambiar nuestra geografía, pero sí nuestras leyes y programas sociales. Actuemos desde lo que sí es posible. EP


Referencias

Tinoco Garduño, María de Jesús. Motivaciones socioespaciales de los asentamientos humanos irregulares en el cerro del Chiquihuite. Tesis de Licenciatura en Geografía Humana. UAM-Iztapalapa. División de Ciencias Sociales y Humanidades Departamento de Sociología. 05 de marzo 2021.

Martha Schteingart, “A Comparative Study of Mexico City and Washington D.C. Poverty, Suburbanization, Gentrification and Public Policies in Two Capital Cities and Their Metropolitan Areas”, Woodrow Wilson Center, USA, 2018

Información sobre laderas inestables por parte del CENAPRED, en español, inglés, Mazateco de San José Independencia, Mixteco de Santa Inés de Zaragoza, Mixteco de San Juan Mixtepec, Náhuatl de Atlixtac, Náhuatl de Tehuipango y Tsotsil.

https://www.gob.mx/cenapred/documentos/infografia-laderas-inestables

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