Registro | Del rigor en el arte: sobre Tehching Hsieh y Daniela Name en Nueva York

En la columna Registro, Pablo Íñigo Argüelles escribe sobre el mundo que observa, pero sobre todo de fotografía y todo lo que implica.

Texto de 18/03/26

En la columna Registro, Pablo Íñigo Argüelles escribe sobre el mundo que observa, pero sobre todo de fotografía y todo lo que implica.

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El tren deja atrás Grand Central Terminal. Cruzamos Nueva York bajo tierra. Cuando volvemos a ver la luz, aparece ante nosotros un paisaje nevado y el río Hudson, congelado.

Es la primera vez que voy a la Dia Art Foundation, en su sede de Beacon, a hora y media al norte de Manhattan. Su colección es un monumental registro del arte contemporáneo a través de algunos de los mayores exponentes del minimalismo, la escultura y el arte conceptual.

Me aterra la araña de Louise Bourgeois; me siento pequeño en medio de la sala que alberga Shadows, de Andy Warhol; me emociona un fragmento de un texto de sala que cita a Sol LeWitt: “Todas las decisiones se toman de antemano, por lo que la ejecución se convierte en un asunto superficial”; me hipnotizan las cuadrículas de Agnes Martin; me obsesionan las fechas de On Kawara.

María Prieto

Llega el momento de ver la exposición temporal: la primera retrospectiva del taiwanés Tehching Hsieh, cuya obra, intangible, a primera vista me confunde, pues parece rayar en lo absurdo. Sin embargo, basta adentrarse en el espesor de su obra y de su testimonio para que el peso del tiempo mitigue cualquiera de mis juicios.

Me explico: en 1978, Hsieh comenzó a diseñar cuidadosamente, como quien planea el robo a un banco, la ejecución de cinco performances profundamente personales. Cada uno duraría un año: 365 días, con todas sus horas, minutos y segundos.

La idea de aquel cuento brevísimo de Borges, en el que un imperio hace un mapa del tamaño de su territorio, me viene a la mente: el arte del tamaño de una vida, la vida del tamaño del arte, el tiempo como único lienzo de una obra invisible, efímera, obsesiva. Estos son los cinco performances, cada uno con la duración de un año:

1. Vivió en una celda de madera, sin contacto con el mundo, recibiendo comida solo una vez al día.

2. Se registró cada hora en un reloj checador colocado en su estudio.

3. Vivió a la intemperie en Nueva York.

4. Permaneció atado con una cuerda de 2.5 metros de largo a la artista Linda Montano.

5. No hizo ni leyó nada relacionado con el arte.

Salvo en el performance en el que evitó todo arte durante un año, representado apenas por paredes pintadas de blanco, los restos de esa cartografía se despliegan en fotografías y ephemera que dan fe de cada uno de los actos obsesivos de Hsieh, quien, muy a lo Borges, hizo mapas del tamaño de su propia vida. Hoy, ese mapa se extiende por toda Dia Beacon, instalada, por cierto, en lo que alguna vez fue una fábrica de cajas para Nabisco.

***

La fotógrafa mexicana Daniela Name, egresada del International Center of Photography, inauguró el viernes pasado en Brooklyn una exposición colectiva junto a otras ocho fotógrafas, entre ellas Gabrielle Ravet, Ottavia Giola y Cailin Curtis.

Desde que llegó a Nueva York, ciudad en la que ha profundizado su práctica visual, Name ha vuelto la mirada hacia los lazos familiares; irónicamente, ha sido al alejarse de casa que ha encontrado nuevas formas de acercarse a su historia íntima. La muestra, Unveiled, reúne nueve aproximaciones a la historia personal a partir de aquello que suele permanecer oculto, y explora cómo la fotografía puede revelarlo, transformarlo y entrelazarse con la realidad.

Daniela Name

En el caso de Name, la muestra permite asomarse a un trabajo atravesado por la memoria, la herencia y la identidad. Aunque en un principio pensó presentar un proyecto sobre su vida junto a su hermana gemela, finalmente decidió mostrar otro cuerpo de trabajo en el que ha venido profundizando en los últimos años y a través del cual, en sus palabras, ha podido reencontrarse con la figura de su abuela.

Ese reconocimiento ocurre a través de mujeres —en su mayoría de la Ciudad de México— que, desde sus cocinas y sus gestos cotidianos, continúan el legado de sus raíces sirias. Lo que podría parecer una temática sencilla se convierte, en manos de Name, en un retrato atento de los detalles: escenas domésticas que funcionan también como espacios de transmisión cultural, afectiva y familiar.

Daniela Name

El proyecto que ahora continúa, centrado en mujeres con ascendencia siria, promete convertirse con el paso del tiempo en un registro fiel de una cultura muchas veces dada por sentada, pero rara vez observada con esta cercanía, esta delicadeza y esta conciencia de lo que está en juego cuando una tradición sobrevive en lo cotidiano.

La muestra y el trabajo de Daniela Name podrán verse en la galería Mr. Kills durante todo el mes de marzo. EP

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