
Ana Laura Martínez, investigadora externa del CEEY, explora la relación entre hábitos financieros familiares e inclusión financiera, y propone acciones para romper los ciclos de exclusión en México.
Ana Laura Martínez, investigadora externa del CEEY, explora la relación entre hábitos financieros familiares e inclusión financiera, y propone acciones para romper los ciclos de exclusión en México.
Texto de Ana Laura Martínez 03/12/25

Ana Laura Martínez, investigadora externa del CEEY, explora la relación entre hábitos financieros familiares e inclusión financiera, y propone acciones para romper los ciclos de exclusión en México.
Los padres y las madres les heredan a sus hijos e hijas su tono de piel, estatura o color de ojos; también, el patrimonio construido a lo largo de su vida y la educación en la que logran invertir para ellos. Además, les transmiten un conjunto de creencias, actitudes y comportamientos que tienen un efecto en las decisiones que toman en varios ámbitos de su vida.
En particular, gracias a los datos de la Encuesta ESRU de Movilidad Social en México (ESRU-EMOVI 2023), elaborada por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, sabemos que esta transferencia intergeneracional de creencias, hábitos y actitudes en el ámbito financiero tiene un impacto importante en la vida de las y los mexicanos: ¡la inclusión financiera también se hereda!
Este hallazgo es por demás relevante. En primer lugar, porque aporta un nuevo ángulo para entender el bajo uso de productos financieros en México. En segundo lugar, porque la misma ESRU-EMOVI 2023 muestra evidencia del efecto habilitador de la movilidad social debido al acceso a los productos financieros: la inclusión financiera promueve la movilidad social ascendente y previene la movilidad social descendente.
El presente ensayo analiza ambos hallazgos, con el objetivo de aportar estrategias para promover el uso de productos de ahorro, inversión, aseguramiento y crédito, sobre todo entre aquellas y aquellos mexicanos que crecieron en hogares excluidos del sistema financiero.
Si bien la relación entre inclusión financiera y movilidad social parece evidente, hasta hoy carecíamos de datos al respecto en el caso de México. Del Ángel et al. (2023) argumentan que el uso de productos financieros favorece la inversión en educación, salud y emprendimientos, lo que, a su vez, genera oportunidades para una mayor movilidad social. De manera adicional, podemos hipotetizar que el uso de productos financieros —en especial de ahorro y crédito— les permite a los hogares navegar mejor los choques económicos que enfrentan, propiciando una mayor resiliencia ante su impacto. Por el contrario, si las personas no cuentan con productos financieros, esto las puede llevar a situaciones que tengan un efecto nocivo, incluso en el largo plazo, en su estatus socioeconómico, potencialmente generando movilidad social descendente.
El módulo de inclusión financiera de la ESRU-EMOVI 2023 nos permite, por primera vez, analizar la relación entre el uso de productos financieros y la movilidad social en México. Sus resultados confirman que si los padres cuentan con productos financieros, hay un impacto positivo en la situación económica de sus hijos. La probabilidad de tener inclusión financiera es 7 veces mayor para quienes tuvieron padres con inclusión financiera. Por el otro lado, el 95 % de la población que hoy no está incluida financieramente creció en hogares sin inclusión financiera. Más aún, tener padres con inclusión financiera hace 3.3 veces más probable llegar hasta el escalón más alto de recursos económicos en México.
¿Qué está detrás de estos datos? ¿Por medio de cuáles mecanismos los padres les heredan la inclusión o exclusión financiera a sus hijos? Para comprender la relación entre inclusión financiera y movilidad social resulta útil partir del enfoque de capacidades propuesto por el economista Amartya Sen, quien en su libro El desarrollo como libertad (1999) se centra en la idea de que el desarrollo humano se mide no solo con indicadores económicos tradicionales, sino también por la capacidad de las personas para tomar decisiones significativas para alcanzar su bienestar individual. Este enfoque es particularmente relevante para entender la inclusión financiera en México, donde la transmisión intergeneracional de hábitos financieros se articula de manera crítica con las capacidades financieras que se desarrollan desde la infancia.
Las capacidades financieras se refieren a la habilidad de las personas para acceder, utilizar y beneficiarse de los productos y servicios financieros de forma efectiva. Esto incluye no solo el conocimiento sobre el manejo de los recursos financieros, sino también la confianza en las instituciones y la disposición para tomar decisiones que promuevan la seguridad económica y el bienestar. Conforme a esta visión, la transmisión de hábitos financieros de padres a hijos es una manifestación clara de cómo las capacidades se forman y se perpetúan a lo largo del tiempo.
Desde la niñez, los hijos y las hijas observan y aprenden comportamientos, actitudes y prácticas relacionadas con el dinero. Los datos de la ESRU-EMOVI 2023 muestran que si en el hogar se habla abiertamente sobre el ahorro, la elaboración de presupuestos y el uso responsable del crédito, los hijos serán más propensos a desarrollar una comprensión sólida sobre cómo manejar sus recursos financieros.
En este sentido, los padres y las madres actúan como modelos en la formación de hábitos financieros. Más aún, las creencias que tienen sobre el dinero y el sistema financiero (por ejemplo, desconfianza hacia los bancos o aversión al riesgo y preferencia por el uso de efectivo) se transmiten a sus hijos e hijas, lo que facilita o dificulta la adopción de comportamientos financieros que promuevan la inclusión.
Si el hogar es el primer espacio donde se forman las actitudes y hábitos financieros, resulta clave que, según el módulo de inclusión financiera de la ESRU-EMOVI 2023, el 59 % de las personas entrevistadas no recibió educación financiera por parte de sus padres y madres, en el 62 % de los hogares no se ahorraba, en el 83 % no se realizaban visitas a bancos, en el 73 % no se llevaba un presupuesto y en el 69 % no se hablaba de dinero.
La manera en que las mexicanas y los mexicanos gestionan sus ahorros, gastos y deudas es, en gran parte, un reflejo del comportamiento financiero que observaron en sus hogares. Este fenómeno se manifiesta de manera relevante en la confianza que se tiene en las instituciones financieras. Es más probable que un hijo o hija que ve a sus padres mostrar desconfianza hacia los bancos o evitar el uso de productos financieros encare el futuro con un enfoque similar.
De la misma manera, la elaboración de presupuestos y la planificación —que se asocian a una mejor toma de decisiones financieras— son habilidades que a menudo se enseñan en casa. Desgraciadamente, en el caso de México, de acuerdo con el módulo de inclusión financiera de la ESRU-EMOVI 2023, el 71 % de las personas encuestadas dijo que sus padres no llevaban un presupuesto financiero, el 58 % respondió que ellas mismas no lo llevan, el mismo porcentaje dijo que no hacen un registro de sus gastos y el 51 % dijo no ponerse metas financieras.
En suma, el enfoque de capacidades y la transmisión intergeneracional de hábitos nos da nueva luz sobre las barreras para el acceso y uso de productos financieros en México, y nos otorga nuevas vías de acción para promover la inclusión. A la luz de los hallazgos de la ESRU-EMOVI 2023, se agrega un nuevo actor clave para modificar el statu quo en materia de inclusión financiera en México: los padres y las madres. Al mismo tiempo, se evidencia la posible creación de círculos viciosos en poblaciones donde persista la exclusión financiera de manera intergeneracional, y se resalta la necesidad de focalizar esfuerzos en dichos hogares.
Imaginemos que lograr una inclusión financiera plena en México es parecido a alcanzar la meta de una carrera de obstáculos. Los datos de la ESRU-EMOVI 2023 muestran que el número y tamaño de los obstáculos no es igual para los distintos participantes en la contienda. Los obstáculos por enfrentar en la carrera hacia la inclusión financiera plena en México varían en función de variables como el género, la escolaridad, la ubicación geográfica y la historia de uso de productos financieros en los hogares de origen. Por ejemplo, las mujeres enfrentan barreras adicionales a las de los hombres no solo por su nivel de ingreso o su estatus laboral, sino también, de acuerdo con datos de la ESRU-EMOVI 2023, debido a que los padres y madres tienden a transmitir más capacidades financieras a los niños que a las niñas.
En suma, los datos de la ESRU-EMOVI 2023 sugieren que la forma en que los mexicanos y las mexicanas manejan sus finanzas se gesta desde una edad temprana y se basa en gran medida en lo que aprendieron desde el hogar. La transmisión, de padres a hijos, de conocimientos y actitudes sobre el dinero desempeña un papel crucial en la explicación de las disparidades que observamos hoy en materia de inclusión financiera en México.
Desde la perspectiva del enfoque de capacidades de Sen, la intersección entre la transmisión intergeneracional de hábitos y la inclusión financiera es significativa. Romper los ciclos de exclusión financiera intergeneracional requiere fomentar la construcción de capacidades financieras. Para lograrlo, se necesita el esfuerzo de tres actores clave: el sector financiero, el gobierno y los hogares.
Las instituciones financieras deben diseñar productos, procesos y estrategias de comunicación que consideren las capacidades diferenciadas por grupos. Para ello, las tecnologías digitales y las plataformas que facilitan una educación financiera en el contexto del uso de los productos de aseguramiento, ahorro, inversión y crédito pueden ser una herramienta poderosa que compense la falta de capacidades generadas por la exclusión en el hogar de origen. Un enfoque segmentado por capacidades financieras que promueva un mayor acceso y uso de dichos productos permitirá abordar las necesidades diversas de la población mexicana.
Por su parte, el gobierno debe crear estrategias de educación financiera orientadas hacia los padres y las madres, buscando desalentar la herencia de hábitos poco saludables. Asimismo, los programas de educación básica y superior deben procurar la democratización de conceptos e información que promuevan la construcción de capacidades financieras sin importar el hogar de origen.
Por último, los padres y las madres tienen la responsabilidad de modelar las conductas financieras de sus hijos e hijas, platicar de dinero y empoderarles en el proceso de toma de decisiones financieras.
La unión de las estrategias de los tres actores ayudará a generar un cambio verdadero en la cultura financiera y, con ello, en las capacidades de las mexicanas y los mexicanos de hoy y del futuro. Dicho esfuerzo puede resultar en un ciclo virtuoso que no solo permita una mayor inclusión financiera, sino que también allane el camino hacia una movilidad social real y sostenible en el país. EP
Centro de Estudios Espinosa Yglesias. (2023). Encuesta ESRU de Movilidad Social en México (ESRU-EMOVI 2023). https://ceey.org.mx/informe-de-movilidad-social-en-mexico-2025/
Del Ángel Mobarak, G. A., Díaz-Infante Chapa, E. y Pérez Sosa, F. A. (2023). Un sistema financiero para la movilidad social. Centro de Estudios Espinosa Yglesias; Tecnológico de Monterrey. https://ceey.org.mx/un-sistema-financiero-para-la-movilidad-social/
Martínez Gutiérrez, A. L. y Vélez Grajales, R. (2025). Informe de movilidad social en México 2025: la ruta hacia la inclusión financiera. Centro de Estudios Espinosa Yglesias. https://ceey.org.mx/informe-movilidad-social-en-mexico-2025-inclusion-financiera/
Sen, A. (1999). El Desarrollo como libertad. (Trad. al español). Oxford University Press.