Las muertes por consumo de opioides sintéticos en Estados Unidos (1999-2023)

Ricardo de la Peña escribe sobre el preocupante aumento de la tasa de mortandad en Estados Unidos durante los últimos años a raíz del consumo de opioides sintéticos, como el fentanilo.

Texto de 11/02/26

opioides

Ricardo de la Peña escribe sobre el preocupante aumento de la tasa de mortandad en Estados Unidos durante los últimos años a raíz del consumo de opioides sintéticos, como el fentanilo.

¿Qué es una droga? En lo general, este concepto se emplea para referirse a toda sustancia con potencial para prevenir o curar una enfermedad.(( Organización Mundial de la Salud (1994). Glosario de términos de alcohol y drogas. NIPO:351-08-103-7. Madrid, España: Ministerio de Sanidad y Consumo. Centro de Publicaciones, p. 33.

https://iris.who.int/server/api/core/bitstreams/a6afb0df-d690-413e-8abb-7ac0680243e6/content)) Sin embargo, en el lenguaje coloquial, la palabra ‘droga’ suele ser utilizada para aludir a una sustancia consumida sin fines terapéuticos, generalmente autoadministrada, con potencial de abuso o dependencia y que eventualmente produce placer.(( Mendoza Patiño, Nicandro (2008). Desarrollo histórico de los conceptos básicos de la farmacología. Farmacología médica (1ª. edición). México: Médica Panamericana. pp. 4-7. https://books.google.cl/books?id=EUBNE4Y0v9sC&printsec=frontcover&vq=droga&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q=droga&f=false))

La mayoría de las sustancias hoy populares por su consumo recreativo se dieron a conocer en primer lugar en el ámbito médico, como el opio, la marihuana y más tarde la cocaína, aunque también es el caso de sustancias artificiales como el LSD y el MDMA. Así pues, la categorización de algunas sustancias como medicamento o como droga —en el sentido de sustancia recreativa— ha ido variando en diferentes periodos de la historia según diversos factores sociales, culturales y científicos.

La droga puede causar reacciones negativas en mayor o menor intensidad, adicción y efectos secundarios.​ Gran parte de las drogas son ilegales, por lo que está prohibido su uso incluso para ensayos clínicos u otras aplicaciones médicas. Además, existen tratados internacionales, como la Convención de las Naciones Unidas contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas de 1988,(( Transnational Institute (2015). Las convenciones de drogas de la ONU: Guía básica. https://www.tni.org/es/publicaci%C3%B3n/las-convenciones-de-drogas-de-la-onu)) que prohíben ciertas sustancias en todo el mundo.

El concepto de “drogadicción” o “farmacodependencia” se reserva para el padecimiento que consiste en la necesidad de consumir dosis repetidas de un tipo de droga para sentirse bien o para no sentirse mal. La dependencia se evidencia a través de un grupo de síntomas fisiológicos, cognitivos y del comportamiento que se relacionan con la falta de control sobre el consumo de la droga, la cual se sigue consumiendo pese a sus efectos adversos.

Hay otras drogas que son lícitas en la mayor parte del mundo, como la nicotina, la cafeína y el alcohol. Hay drogas cuyo principal uso es en la medicina, como ciertos psicofármacos y la metadona. Y hay drogas o sustancias ilícitas, como el uso no prescrito de opiáceos, cannabis —en algunos países y regiones—, alucinógenos, cocaína y otros estimulantes.(( Organización Mundial de la Salud (2005). Neurociencia del consumo y dependencia de sustancias psicoactivas. Washington, D.C., Estados Unidos: Organización Panamericana de la Salud. p. 2. https://www.who.int/docs/default-source/substance-use/neuroscience-spanish.pdf)) Existen muy diversas clasificaciones de las drogas ilícitas. Algunas son divididas por razones farmacológicas; otras, por su finalidad médica.

El fentanilo es un potente opioide agonista sintético utilizado como analgésico. Tiene una potencia superior a la morfina, por lo que se emplea en dosis más bajas que ésta. Se aplica por vía transdérmica en forma de parches, como aerosol nasal, comprimidos para chupar, vía intravenosa y vía epidural.

Los efectos secundarios comunes del consumo de fentanilo incluyen náuseas, vómitos, estreñimiento, sedación, confusión y lesiones relacionadas con la mala coordinación.​ Los efectos secundarios graves pueden incluir disminución de la frecuencia respiratoria —depresión respiratoria—, síndrome serotoninérgico, hipotensión y desarrollo de un trastorno por consumo de opioides.(( Drugs.com (s.f.). fentaNYL, fentaNYL Citrate (Monograph). The American Society of Health-System Pharmacists. https://www.drugs.com/monograph/fentanyl-fentanyl-citrate.html))

En los últimos años, el fentanilo ha irrumpido en el mercado norteamericano de drogas ilegales, aprovechando la demanda preexistente de opiáceos como la heroína y los medicamentos recetados. La mayoría de las muertes asociadas al consumo de esta droga se debió a depresión respiratoria profunda provocada por sobredosis o al consumo de la sustancia adulterada.(( Centers for Disease Control & Prevention. (2024). Fentanyl facts & overdose prevention. U.S. Department of Health & Human Services, pp. 1-6. https://www.cdc.gov/stop-overdose/fentanyl/index.html)) A diferencia de otros opioides, el fentanilo provoca que la inconsciencia y el paro respiratorio ocurran en segundos, reduciendo la ventana de tiempo para administrar antídotos.(( World Health Organization. (2023). Information sheet on opioid overdose, pp. 1-5. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/opioid-overdose)) Debido a que mucha de la oferta de esta sustancia se fabrica en laboratorios clandestinos sin controles de calidad, se produce el fenómeno de “mezcla no uniforme”, el cual implica que, en un mismo lote de pastillas, una puede ser inocua y otra contener una dosis fatal de fentanilo.(( Drug Enforcement Administration. (2024). 2024 National Drug Threat Assessment. U.S. Department of Justice, pp. 1-25. https://www.dea.gov/sites/default/files/2024-05/NDTA_2024.pdf))

El reporte sobre los métodos de transporte e incautaciones de fentanilo en la frontera suroeste de Estados Unidos muestra que, en más de dos tercios de las ocasiones, el trasiego se realiza en vehículos particulares que tienen compartimentos secretos, a través de entradas oficiales; se recurre a camiones de carga solamente en poco más de la quinta parte de las ocasiones.(( U.S. Customs & Border Protection. (2025). Air & Marine Operations: Drug seizure statistics by mode of transportation. U.S. Department of Homeland Security. https://www.cbp.gov/border-security/along-host-nation-borders/air-and-marine-operations)) La gran mayoría de las incautaciones —cerca del 95 %— ocurren en esta frontera suroeste. La cantidad de incautaciones sigue un ritmo semejante al de muertes reportadas por consumo de fentanilo, con una correlación de 84 % en la década más reciente para la que existen datos (Gráfica 1).

Durante el último cuarto de siglo, el comportamiento de las muertes por sobredosis de sustancias ilegales ha cruzado por tres períodos: un lento y sistemático crecimiento entre 1999 y 2014; un disparo en el ritmo de crecimiento entre 2014 y 2021; y una tendencia a la estabilización en los últimos años (Gráfica 2).

La historia de las muertes por sobredosis a causa del consumo de opioides sintéticos, principalmente fentanilo, es similar, aunque las tasas en el periodo de crecimiento acelerado de 2014 a 2021 fueron más altas. En particular, entre 2019 y 2021 se presenta el llamado “efecto pandemia” —durante la pandemia de Covid-19—, con un incremento de los decesos por consumo de opiáceos sintéticos atribuido al aislamiento, la interrupción de servicios de salud y una mayor impureza de las drogas.

Cuando se observan las tasas de muerte por cada cien mil habitantes (Gráfica 3), el comportamiento resulta muy similar al anteriormente analizado. Así, se confirma que el punto de cruce del número de muertes por consumo de opioides sintéticos y de otras drogas, en que los opioides sintéticos rebasan la cantidad de fallecimientos por otras sustancias, se adelanta en términos relativos y se sitúa entre 2018 y 2019, previo al incremento sustancial de muertes relacionadas con opioides sintéticos durante la pandemia.

Cuando se analizan las tasas de fallecimiento por sobredosis provocada por el consumo de opioides sintéticos según los grupos étnicos de los habitantes de Estados Unidos, durante la década más reciente para la que se cuenta con información (2014-2023), se descubren diferencias significativas en el comportamiento (Gráfica 4): un menor ritmo de crecimiento en el período 2019-2021 entre las poblaciones blanca no hispana e hispana, a pesar del “efecto pandemia”; un aumento mayor entre la población negra en el mismo período; y un disparo abrupto entre la población nativo-americana.

En el caso de las poblaciones que presentan un mayor crecimiento en las tasas de mortalidad por sobredosis de sustancias sintéticas, habría que pensar como factor causal el menor acceso a servicios de salud en reservas y la alta vulnerabilidad social de dichos grupos.

En el caso de la población hispana, aunque históricamente ha tenido tasas menores que los demás grupos, la cifra se ha casi duplicado desde 2019, lo que indica que el fentanilo está penetrando con fuerza en mercados de drogas que antes eran dominados por otras sustancias y que esta población estuvo más sujeta al “efecto pandemia”.

En este contexto de efectos mortales derivados del consumo de fentanilo se da la campaña de combate dirigida por la actual administración estadounidense. Aunque las cifras de muertes no se acercan en absoluto a lo que declara el gobierno de Trump a manera de justificación y propaganda, el incremento de la mortandad, con los perniciosos efectos sociales que ello conlleva, está claramente reflejado en los datos. EP

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