
Urge tratamiento y cura integral: Francisco Suárez Dávila compara la crisis del Estado mexicano con una enfermedad metastásica que afecta su seguridad, economía e instituciones.
Urge tratamiento y cura integral: Francisco Suárez Dávila compara la crisis del Estado mexicano con una enfermedad metastásica que afecta su seguridad, economía e instituciones.
Texto de Francisco Suárez Dávila 17/11/25

Urge tratamiento y cura integral: Francisco Suárez Dávila compara la crisis del Estado mexicano con una enfermedad metastásica que afecta su seguridad, economía e instituciones.
¿Cómo podemos explicar la situación actual de nuestro país y que la gente entienda su gravedad? Me parece que es válida la analogía con el paciente que sufre un cáncer con metástasis que se extiende para amenazar los órganos vitales del cuerpo humano. Aquí el paciente sería el Estado mexicano, el cuerpo político, social y económico.
Sí, el expresidente López Obrador identificó correctamente que México padecía una enfermedad social con serios síntomas de pobreza extrema, desigualdad lacerante, desconexión entre las élites y la población en general, un estancamiento económico crónico y una deformación de los partidos políticos. Así postuló un “proceso de transformación” para el bienestar de la población, especialmente de los más pobres. Este proceso desembocó eventualmente en un “proceso de regresión” y destrucción institucional, sin realmente resolver los problemas que planteaba.
La más grave y profunda área del cáncer, con la metástasis más extendida y más difícil de operar, que afecta al paciente a lo largo de casi todo su cuerpo —más de la mitad del territorio—, es la de la inseguridad y la violencia, vinculada con el crimen organizado, el tráfico de drogas y otros negocios como la extorsión. Es la que parece más incurable, porque ha penetrado y se ha enquistado en todo el tejido de las células sociales, los gobiernos locales, los procesos electorales y las poblaciones enteras que viven de su dinero y sufren su terror.
Este cáncer se desarrolló por la pasividad, la ineptitud y quizá la complicidad del gobierno de AMLO, expresado en la consigna de “abrazos y no balazos”. Simplemente no hubo cura durante seis años, en los cuales el cáncer se desarrolló. Esta enfermedad hace crisis en los asesinatos de los líderes limoneros y del presidente municipal de Uruapan.
Una posible cura se convirtió en parte de la enfermedad: un militarismo que también sufre de la metástasis, en la que las Fuerzas Armadas se extendieron a actividades que no les son propias: hoteles, aduanas, puertos, aeropuertos, líneas aéreas, ferrocarriles y vías de comunicación. Ello, descuidando el control del territorio —esencia de la soberanía—, que han perdido en amplio porcentaje. No ha habido, como parte de la cura, ningún fortalecimiento de las policías estatales y municipales, antídoto indispensable. La policía nacional se convirtió en Guardia Nacional y pasó al control de la SEDENA, sin preparación para ejercer funciones policiacas.
La grave metástasis se extiende a la estructura ósea y, particularmente, a la columna vertebral. Significa el serio deterioro de la democracia, amenazada de muerte, y el paulatino surgimiento de un régimen autoritario, populista, enfermo e incapaz. Significa la anulación del Poder Legislativo. El gobierno, por triquiñuelas, logró una mayoría calificada que no consiguió en las urnas. La ha aprovechado para hacer varias “deformas constitucionales”. El Legislativo ha sido escenario de muchos bochornosos e indignos espectáculos y actúa como oficialía de partes, aceptando sin discusión y “sin cambiar una coma” lo que envía el Ejecutivo.
Siguió la metástasis con la destrucción del Poder Judicial, a través de un absurdo sistema de elección judicial de miles de jueces, algunos sin ninguna preparación o experiencia jurídica, con burdos acordeones preparados para guiar el voto de los electores de Morena, que no invalidó el ya cooptado Tribunal Electoral y que fue legitimado por el 10 % de los votos. Este proceso se agrava por las reformas a la gran creación jurídico-mexicana, convertida en “juicio de desamparo de los particulares” ante el Estado, eliminando, por ejemplo, uno de sus elementos claves: la suspensión del acto de autoridad reclamado. Se destruye así la división de poderes.
La metástasis alcanza al Poder Ejecutivo a través del cáncer en el gabinete de la 4T, uno de los peores de nuestra historia, fruto del criterio de elegir a sus miembros por lealtad y no por experiencia y competencia. Ello continúa hasta el presente. Casos de incompetencia dramática en áreas clave como Relaciones Exteriores, Educación y Agricultura. La enfermedad se complica con la seria extensión de la corrupción, que penetra todos los niveles, inclusive figuras clave de los poderes, con absoluta impunidad.
Las manifestaciones del cáncer, en su dimensión social, afectan los temas medulares de la salud, la educación y el empleo. Se intentó alimentar al paciente con una dieta fuerte en grasas y azúcares que propiciaron diabetes y obesidad. Los programas de bienestar social de AMLO, que absorben cuantiosos recursos —un billón de pesos en transferencias monetarias—, realmente significan dádivas para paliar la pobreza, pero no proporcionan los medios para salir de ella a través de educación, salud y empleo de calidad. Su objetivo real fue comprar votos y afianzar el poder con una clientela amplia, dotada de la droga financiera, que elimina el incentivo a trabajar. En el sistema de salud, “mejor que el de Dinamarca”, con la desaparición del Seguro Popular se dejó sin acceso a la salud al 40 % de la población; aumentó el gasto médico con recursos propios de los más pobres; se dejó a millones de niños sin vacuna; por la incompetencia criminal del subsecretario de Salud merolico murieron innecesariamente miles bajo el impacto del COVID-19; se produjo un crónico desabasto de medicinas y se dejó a los institutos de salud —“las joyas de la corona”— sin suficientes recursos para operar (cancerología, nutrición), dejando a miles de niños con cáncer desamparados.
En el sistema educativo, la debacle se inició durante el COVID-19, con una muy elevada deserción escolar. El “nuevo” sistema de educación, de inspiración cubana, ha generado analfabetas disfuncionales, acreditados por diversas pruebas, en las que los jóvenes de 7 a 14 años carecen de comprensión de lectura y capacidad de escribir; no digamos de matemáticas y ciencias para enfrentar la era digital. Las universidades públicas carecen de recursos. El principal apoyo se da en pensiones a los adultos mayores, sin discriminación por ingresos, que reciben medio billón. Apoyo al pasado y restricción de recursos a los jóvenes para su futuro. En materia de empleo, más de la mitad se ubica en la economía informal, con muy baja productividad en miles de PyMES, que no pueden pagar los más altos salarios mínimos. Hay, en la práctica, dos economías.
Este cáncer extendido ha conducido a un paciente de gran debilidad económica. El crecimiento económico de 1 % a lo largo de siete años es el más bajo de nuestra historia en un siglo, y uno de los más bajos de América Latina (solo le ganamos a Cuba, Haití y Venezuela) y de los principales países. Ello se sustenta en las más bajas tasas históricas de inversión pública y privada, con muy negativas consecuencias sobre la infraestructura, que se cae a pedazos. Además de ser muy baja, la inversión está muy mal asignada a los proyectos emblemáticos de AMLO: el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, el nuevo aeropuerto AIFA y la cancelación de un gran proyecto en Texcoco; la nueva aerolínea de Mexicana, todos con sobrecosto, todos pierden y están encaminados al fracaso. A ello se agregan las ocurrencias de las nuevas líneas de ferrocarriles, que absorben grandes cantidades (más de 100 mil millones de pesos) y están destinadas a generar pérdidas. En términos de nuestra analogía, el cáncer produjo, por falta de inversión, un deterioro de la masa muscular en las piernas del paciente, que condena al paciente a caminar con lentitud y fragilidad, requiriendo, por lo tanto, el uso de una silla de ruedas.
La situación del paciente se agrava por una “anemia” fiscal, que no le da recursos sino para sus programas emblemáticos. La solución ha sido recurrir a otra situación de extensión del cáncer que es grave: el crecimiento de la deuda, una especie de droga adictiva hacendaria, que en estos años se duplicó de 10 a 20 billones de pesos, también el mayor nivel histórico. Su servicio ahora absorbe toda la nueva deuda para pagar intereses. Esta proclividad por endeudarse para superar los problemas y desconocerlos puede considerarse un “vicio hacendario” que agrava la situación del paciente.
El paciente enfermo resulta amenazado por un ambiente externo poco favorable. Las amenazas del gobierno de Trump, que significan presiones para erradicar enfermedades como el tráfico de fentanilo y el crimen organizado, y que, como remedio equivocado, utiliza los aranceles, dificultan la recuperación del paciente. Al gobierno de Trump le preocupa que la enfermedad mexicana, sobre todo si desemboca en una crisis, pueda afectar su propia salud, generándole tentaciones para intervenir.
El cáncer y su propagación requieren que se ataquen los diferentes síntomas. El gobierno debe atacar y erradicar el principal foco del cáncer: la inseguridad rampante. Significa reincorporar a las Fuerzas Armadas a cumplir sus funciones de recuperar el control del territorio nacional, abandonar las actividades empresariales y otras que no les son propias. La Guardia Nacional debe regresar al control civil en la Secretaría de Seguridad y fortalecerse las policías estatales y municipales. Tarea fundamental es que impere el Estado de derecho. Puede imaginarse el efecto sobre la confianza que tendría anunciar que se cancela la “deforma judicial” para hacer una verdadera, que se sustente en una carrera judicial y revierta la equivocada reforma al juicio de amparo. Fortalecer el Legislativo como órgano autónomo y, desde luego, evitar una reforma electoral que lo debilite más, cancelando los plurinominales. Retomar el sendero de la democracia con los contrapesos necesarios. Cambiar buena parte del gabinete, como lo hizo Ávila Camacho, creando uno de “unidad nacional” con los mexicanos más competentes, no “cuates y corruptos”. Fortalecer la administración pública para que pueda gobernar.
Privilegiar el objetivo de acelerar el crecimiento mediante un Pacto Nacional, sustentado en un plan de inversiones estratégicas, cancelando ocurrencias y disparates como los nuevos ferrocarriles. Crear una verdadera política social que se sustente en políticas eficaces para dar los medios para superar la pobreza, que es una política educativa de calidad a todos los niveles; un Sistema de Salud Universal eficaz, dotado de medicinas, y una política de empleo productivo que acompañe el crecimiento.
Hay incertidumbres sobre qué acuerdo comercial surgirá de la revisión del T-MEC: uno trilateral, dos bilaterales, acuerdos ya no de libre comercio, sino con aranceles en algunos sectores. Lo que debemos hacer es aprovechar el tiempo para cumplir nuestra tarea interna: una estrategia integral de desarrollo con crecimiento acelerado, una política industrial que fortalezca nuestras cadenas productivas en el contexto de la integración de América del Norte —que no desaparecerá—, pero que debe tener mayor contenido nacional; incorporar más la innovación tecnológica, ingresar a la era digital, un cambio estructural en la política energética hacia energías limpias, la reconfiguración de Pemex con participación privada y reconstruir la infraestructura que se cae a pedazos.
Este es el tratamiento integral que deberá aplicarse para curar el cáncer que nos afecta, frenar su expansión y metástasis, y recuperar la salud de nuestro cuerpo político, económico y social para un bienestar compartido.
El expresidente De la Madrid, que inició su gobierno también con una seria crisis —cáncer extendido por deuda desbordada, incapacidad de pago, economía estancada y alta inflación—, expresó en su discurso de toma de posesión: “No dejaré que el país se deshaga en las manos”. Actuó con firmeza y determinación. Salimos de la crisis, se hicieron reformas estructurales, se ajustó.
La presidenta Sheinbaum está enfrentando, en solo unas semanas, frentes muy diversos: serias crisis —ese cáncer generalizado—, corrupción en todos los ámbitos y altas esferas del gobierno, la inseguridad que brota en toda la República, los asesinatos en Michoacán, la guerra abierta en Culiacán, estados fallidos, los brotes de problemas que afectan la producción de maíz y la inconformidad de agricultores, transportistas y maestros; la economía en caída, un desplome de la inversión por factores de confianza, la insuficiencia de recursos fiscales y las presiones de intervención trumpiana, azuzadas por amplios pliegos petitorios de los empresarios; ruptura de relaciones diplomáticas con países hermanos, aislamiento internacional, caída de remesas, etcétera.
En efecto, si no se implementa una amplia estrategia de curación de este cáncer extendido, con metástasis creciente, ¡el país se le puede “deshacer en las manos”! EP