México-Estados Unidos, ¿hacia el pasado o hacia el futuro?

José Luis Valdés Ugalde, miembro del grupo México en el Mundo, analiza la actual relación bilateral entre México y Estados Unidos, cuáles son los tres temas pendientes, los grandes desafíos y el futuro de la geopolítica interméstica.

Texto de 20/04/22

José Luis Valdés Ugalde, miembro del grupo México en el Mundo, analiza la actual relación bilateral entre México y Estados Unidos, cuáles son los tres temas pendientes, los grandes desafíos y el futuro de la geopolítica interméstica.

La anómala relación que mantuvieron AMLO y Trump —pero, después de todo, placentera para ambos— y el comportamiento desaseado del Presidente de México con Biden frente al reciente proceso político en Estados Unidos, fue tal que el mexicano no reconoció en tiempo y forma el triunfo de Biden, a quien nunca felicitó correctamente por su triunfo presidencial. Además, inmediatamente antes de que este triunfo se certificara por el Congreso, AMLO no condenó el vandalismo que las hordas de Trump escenificaron el 6 de enero de 2021 en la sede del poder legislativo estadounidense, el Capitolio, arguyendo que su gobierno no se inmiscuiría en asuntos internos de otros países; este argumento fue por demás débil, toda vez que una gran mayoría de naciones aliadas de EUA, empezando por Canadá, reprobaron el hecho en forma explícita, celebraron el triunfo de Biden y se solidarizaron con la democracia estadounidense. Lo anterior supuso una gran provocación más entre varias (tales como la amenaza de eliminación/disminución de la cooperación con la DEA o el chantaje que operó Palacio Nacional para liberar al General Cienfuegos en California) que minarían los puentes de confianza entre ambos países. Por lo demás, “el gobierno de Biden sí tiene una estrategia de lo que quiere con México, no sólo en los temas tradicionales de la agenda, sino en los nuevos también, como son la pandemia, la economía, el desempleo, la energía, el cambio climático, los derechos humanos, entre otros”.1

A pesar de contar con la claridad de su contraparte, el gobierno de López Obrador no ha dado señales de siquiera tener una idea de cómo quiere abordar la relación con el exterior y con EUA, entendidas ambas como dos políticas distintas, toda vez que la relación con EUA es una interméstica, es decir que, dada la cercanía territorial y política, tiene tanto contenidos domésticos como internacionales. En todo caso, “no se observa una estrategia integral de política exterior a nivel internacional ni hacia Estados Unidos. Lo anterior quedó patente en cuatro acciones recientes: 1) no haber ejercido acción penal contra el general Salvador Cienfuegos (enero de 2021), 2) demorar la felicitación a Biden como Presidente electo de Estados Unidos (noviembre de 2020), 3) el mensaje de López Obrador durante el 75 aniversario de la ONU (agosto 2020) y 4) realizar una visita de trabajo al presidente Trump en tiempos electorales (julio 2020).2 Resulta inquietante que ante los grandes temas que están en la agenda bilateral, México se manifieste alegremente despreocupado o indiferente ante la relación con el Estados Unidos de Biden. Y con esto provocar una relación de cooperación abiertamente asimétrica, dado el desinterés de México por fortalecer los puentes ya existentes y que han sido debilitados por esta actitud, al tiempo que se tendrían que construir otros que permitan armar una agenda de riesgo común ante los desafíos que la realidad impone a la asociación entre ambos países.

“A pesar de contar con la claridad de su contraparte, el gobierno de López Obrador no ha dado señales de siquiera tener una idea de cómo quiere abordar la relación con el exterior y con EUA, entendidas ambas como dos políticas distintas”.

Los grandes temas

Con Biden resucita, después de la larga noche del trumpismo, el internacionalismo liberal, clásico cuadrante desde donde Estados Unidos definió su política internacional. Se trata de un espacio en el que el multilateralismo y las instituciones internacionales, como la ONU, tenderían a lograr los arreglos económicos, políticos y sociales por consenso, que le dieran certidumbre y equilibrio a la gobernanza global. Hablamos de un frente amplio que los aliados occidentales tendieron a fortalecer a través del tiempo. Y esta tendencia acompañó la relación entre México y Estados Unidos históricamente, en su carácter de aliados y vecinos estratégicos.

Los tres grandes temas entre México y Estados Unidos, presentes en todo lo que va del siglo y también en parte del anterior, son migración, comercio y seguridad. Al tiempo que estos tres temas pavimentan los principales espacios de la relación bilateral, constituyen también las ventanas de oportunidad y conflicto que han privado en la sociedad entre los dos países. Aun cuando los tres se tocan de alguna manera, tienen, en el más estricto sentido teórico, su propia esfera temática y funcional, muy a pesar de la insistencia de Washington con Trump y aún hoy con Biden —y el acatamiento de México— en vincularlos. 

En este sentido, y muy especialmente desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, las políticas migratorias han sido asociadas a las estrategias de seguridad. Así, desde los tiempos de la presidencia de Obama, EUA ha catalogado la migración indocumentada como un problema de seguridad. Esto se ha hecho más como resultado de las tensiones de política doméstica de Washington, que como una demostración factual legítima de una relación vinculante entre estas dos dimensiones de la relación bilateral. Y México no ha hecho aún nada por neutralizar esta vinculación con su propia narrativa migratoria. Como ya se indicó líneas arriba, durante la presidencia de Trump, México sometió sus políticas migratorias a los designios del expresidente estadounidense, todo lo cual se haría extensivo en el gobierno actual de Joe Biden. Esto ha traído como resultado que, en los hechos, México haya convertido a la recién creada Guardia Nacional en el cuerpo policiaco encargado de reprimir a los migrantes de Centroamérica y el Caribe, que se introducen por México para llegar al norte en forma irregular. En la práctica, México se ha convertido en el tercer país seguro que tanto se esforzó en negar durante la crisis migratoria de 2018-19.

Los grandes desafíos y el futuro de la geopolítica interméstica

Biden ha definido con claridad sus estrategias globales y, muy a pesar de la fallida salida de Afganistán —por lo poco pausada que fue—, estas se han mantenido en práctica progresiva.3 Destaca, principalmente, la decisión de Washington de acercar posiciones con los aliados tradicionales y relegados por Trump. El reencuentro con Europa ha resultado satisfactorio y está llevando la alianza occidental a varios puertos seguros, sobre todo en el marco de las tensiones con Rusia, cuyo presidente, parece más dispuesto que antes a provocar abiertos enfrentamientos con Bruselas y Washington, y más todavía a raíz de la brutal invasión a Ucrania. La crisis migratoria provocada por el gobierno bielorruso en la frontera con Polonia, flagrantemente apoyada por Putin, y el conflicto creado con Ucrania parecen ser dos actos de una misma farsa, en los que se insiste por parte de Moscú en modificar la realidad geopolítica de la Europa de posguerra fría. Esta terquedad imaginable y esperable de Putin, ya condujo a un enfrentamiento con la alianza occidental. No obstante, la decisión de Biden de restablecer la institucionalidad de sus relaciones con Europa y el resto del mundo, podría convertirse en el muro de contención suficiente (¿?) que presione a Rusia para acabar con la agresión en contra de Kiev. Eso en lo que toca a las alianzas internacionales de Washington. 

En lo que respecta a la dimensión geopolítica de la relación bilateral, hay que mencionar el reciente acuerdo de cooperación concretado el 14 de diciembre de 2021 entre México y Estados Unidos, para darnos una idea de la prospectiva que tendrá dicha relación en los próximos tres años. En efecto, el pasado diciembre se ratificó el nuevo acuerdo entre México y Estados Unidos para el combate al tráfico de armas. Ambos gobiernos inician formalmente una nueva etapa en la cooperación bilateral en seguridad. Este acuerdo fue bautizado como “Entendimiento Bicentenario” y busca sustituir a la Iniciativa Mérida. El mismo se enmarca dentro de las actividades del Grupo de Alto Nivel de Seguridad (GANSEG), con el que en teoría se dará operatividad a los acuerdos y políticas en la materia. El GANSEG se dividirá en cinco subgrupos: uno para abordar la protección a los ciudadanos, otro con el fin de prevenir crímenes transfronterizos, uno para perseguir las redes criminales, uno más de carácter informativo de las fuerzas armadas y, finalmente, el comité binacional de cooperación. Se trata de una iniciativa que daría un nuevo comienzo a la alianza estratégica entre ambos países, todo lo cual incidirá en la geopolítica bilateral. Está por verse hasta dónde esta iniciativa mejorará el caótico marco de cooperación sobre seguridad, fronteras y migración que ya existe entre ambos países. Por lo pronto, podemos decir que de los compromisos asumidos no se advierte que Estados Unidos deba modificar su Iniciativa Mérida de 2008. Por ello, el Entendimiento resulta ser solo un cambio de nombre a la Iniciativa Mérida. Los únicos cambios realizados, que más bien son actualizaciones, se refieren al énfasis puesto al combate al tráfico de armas y al tráfico de personas, a la modificación del tratamiento a los consumidores de sustancias ilícitas —menos severo— y a la introducción de la obligación al combate a actividades criminales en el ciberespacio.4

“La relación bilateral es la relación externa más importante para México, toda vez que comerciamos más del 80% con Estados Unidos. Esto no parece importarle mucho al Presidente mexicano si nos atenemos a los impulsos declarativos, profundamente contradictorios, que ha tenido sobre el tema”.

La relación bilateral es la relación externa más importante para México, toda vez que comerciamos más del 80% con Estados Unidos. Esto no parece importarle mucho al Presidente mexicano si nos atenemos a los impulsos declarativos, profundamente contradictorios, que ha tenido sobre el tema, en aras de mantener satisfechos a sectores radicales de su clientela electoral y de su grupo compacto, que estiman que mantener una posición dura con Estados Unidos puede redituar en beneficios políticos. Preocupa, sobre todo, la relación de poca confianza que Washington deposita en sus interlocutores mexicanos debido a este hecho y otros antecedentes que han mostrado al Presidente mexicano como poco predecible. No se diga la poca confianza que nos merece un canciller y un presidente que decidieron moverse en “lo oscurito” para obtener supuestos beneficios económicos a cambio de una insensata cesión de soberanía —en el tema migratorio— como la analizada. EP


  1. Susana Chacón, “Sombras en el entendimiento inicial”, en Olga Pellicer y Hazel Blackmore (coordinadoras), Relaciones México-Estados Unidos en 2021: ¿un punto de transición?, ITAM, México, 2021, pp. 185-186. []
  2. Jorge A Schiavon, “La debilidad institucional ante la relación con Estados Unidos”, en Olga Pellicer y Hazel Blackmore, Relaciones México-Estados Unidos en 2021: ¿un punto de transición?, ITAM, México, 2021, p. 207. []
  3. Ver Steve Coll y Adam Entous, “The Secret History of the US Diplomatic Failure in Afghanistan,” The New Yorker, December 10, 2021. []
  4. FACT SHEET: U.S.-Mexico High-Level Security Dialogue y HOJA INFORMATIVA. Entendimiento Bicentenario sobre Seguridad, Salud Pública y Comunidades Seguras entre México y los Estados Unidos. []
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