La relación con Estados Unidos: Trump en el horizonte

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan los desafíos para la política exterior de México en 2022. En este texto, José Luis Valdés Ugalde habla sobre el trumpismo y sus implicaciones.

Texto de 19/01/22

El grupo México en el Mundo presenta una serie de textos que abordan los desafíos para la política exterior de México en 2022. En este texto, José Luis Valdés Ugalde habla sobre el trumpismo y sus implicaciones.

¿Un factor positivo o negativo para el futuro de México?

 “Te quedarás vacío. 

Te vaciaremos por completo

y luego te llenaremos de nosotros.”

1984

George Orwell

Es imposible entender al Estados Unidos de hoy sin Donald Trump y el movimiento de masas que ha organizado a su alrededor: el trumpismo. Se trata de una tendencia populista y nacional soberanista, que si bien se había presentado en el pasado no tan reciente (Barry Goldwater, en la década de 1960), en esta ocasión se pudo concretar con la avanzada que Trump hizo para llegar al poder en 2016 y lo que continúa haciendo hoy para retomarlo.

Con el triunfo de Trump, la tentación populista se reforzó transnacionalmente, tanto en la derecha como en la izquierda. Después del brexit, se ensancha la brecha para que el nacionalismo nativista y chovinista ⸺provisto de una narrativa denigrante contra todo el que se oponga⸺ se empoderó en el seno de los sistemas democráticos. Se pretende aprovechar la asunción de la demagogia populista del trumpismo para celebrar no tan atinadamente el fin del liberalismo (en el que se gesta el propio populismo) como estratagema para operar ⸺incluso antidemocráticamente como lo hace Trump⸺, solo en aras de conseguir los jugosos beneficios inmediatistas del poder: el poder por el poder. El resultado electoral que llevó a Trump a la presidencia (y lo que viene si Trump logra apoderarse de la presidencia en 2024), así como es un resultado del proceso democrático que toma lugar en los confines de la democracia liberal, es también una expresión de su crisis sistémica. 

Lo mismo ocurre en Europa y en otros países, como México. Esto ocurre, tanto por que cuestiona la validez de dos conceptos que clásicamente han caminado juntos y que hoy se miran con extrañeza: democracia y liberalismo; como por el hecho de que el subproducto más visible (el populismo) representa una amenaza directa a lo que queda de este, precario, pero único sistema político posible para la convivencia democrática y civilizada.

Es un hecho que el éxito de la ola populista se basa en la existencia de una masa multiclase, salvajemente pauperizada por un capitalismo financiero de casino y hasta hoy imparable, y que ha sido desafortunadamente acogido por el proceso globalizador. La globalización irracional provocó un proceso generalizado de inequidad económica y de oligarquización de nuestras sociedades. También le quitó legitimidad a aquella y engendró un neonacionalismo excluyente e irracional que, por más que se exprese, la crisis de la democracia es inaceptable, toda vez que es acompañado por liderazgos intolerantes, antipluralistas y potencialmente totalitarios que hacen descansar su narrativa en la xenofobia, el racismo, la mentira y la misoginia: una amenaza múltiple al debate transformador democrático que obligatoriamente se tendría que dar en nuestras sociedades. Si las contradicciones económicas de la globalización en las que descansa este debate no se superan, entonces no podremos aspirar a la recuperación de las formas y las relaciones equilibradoras que, en su sentido más clásico, la democracia ofrece.

La “trumpización” de la política ha supuesto en una más cruda dimensión de lo que provocaron en Europa el Partido de la Independencia del Reino Unido, Ley y Justicia de Polonia o el Fidesz-Unión Cívica Húngara, la confrontación entre “los nosotros” contra “los ellos”, no entre los de “abajo” frente a los de “arriba”, como propondría el teórico del populismo, Ernesto Laclau. Cannetti lo decía así: “Al dividir esa masa laxa y amorfa en dos grupos como en formación de batalla, los hace exclusivos y los llena de enemistad mutua, lo que al final conduce inevitablemente a verdaderas bandas de guerra”. 

¿Guerras culturales? ¿Eso nos espera? Ojalá que no. No obstante, lo que veremos en esta embestida de la internacional populista es que su impulso en contra de la institucionalidad democrática existente, implicará que, más allá de transformarla y mejorarla, la querrán erradicar por la fuerza inventándose otra que pertenece al pasado, no al futuro.

¿Hasta dónde el mito del populismo, alcanzará otros confines? Roger Bartra lo responde muy bien, cuando plantea que, “el ‘pueblo’ de la cultura populista es ante todo un mito; y, como sabemos, el mito constituye una lógica cultural que permite superar contradicciones de muy diversa índole”. Así pues, el soberanismo populista cruza política y culturalmente, y, con éxito relativo, el espectro internacional, exportando el mito.La relación privilegiada que, como estadistas, mantuvieron por poco tiempo Trump y Andrés Manuel López Obrador, fue suficiente para observar cómo dos actores estatales ⸺con ciertas diferencias ideológicas⸺ lograron construir una empatía que, en todo caso, fue muy desafortunada para cumplir con objetivos sociales en México. La continuidad afirmativa de esta relación, con lo que quede de López Obrador en 2024, representaría un retroceso histórico mayor al que ya se vive. ¿Permitirá su propio retroceso el precario poder establecido en Estados Unidos, abriéndole paso al trumpismo? ¿Contagiará el trumpismo a México en su peor versión nacional-populista? Por lo pronto, con Trump de regreso, bien puede hablarse del fin, digamos, del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y de la democracia en ambos países. Y esta sí que es una amenaza objetiva para la república. EP

Documento completo: Desafíos para la política exterior de México en 2022

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