Lula da Silva y la izquierda en América Latina

¿Qué significa la llegada de Lula a la presidencia de Brasil para América Latina? Salvador Arriola analiza las oportunidades que se abren para la izquierda en México.

Texto de 01/12/22

¿Qué significa la llegada de Lula a la presidencia de Brasil para América Latina? Salvador Arriola analiza las oportunidades que se abren para la izquierda en México.

Brasil ha vencido a la catástrofe, así se titula el artículo en El País, de Eliane Brum, periodista y escritora quien señala, “pero ahora entra lo más difícil, a partir del 1 de enero, como el propio Lula reconoció, enfrentará a un país dividido por odios, con un andamiaje de derechos maltrecho, una crisis económica y 35 millones de hambrientos, un Congreso repleto de bolsonaristas y simpatizantes y… un pueblo que tiene prisa por ser feliz.”

“Dichos votantes, se olvidaron de los años de corrupción que identificaron a los gobiernos de Lula y Dilma Rouseff, para enfrentar al destrozo de su mayor activo, la Amazonía y defender de la amenaza, al otro baluarte, el sistema de democracia liberal, y los procedimientos electorales y a no borrar de su memoria, la terrible desgracia que implicaron centenas de miles de muertos, debido a la campaña de desprestigio que el gobierno lideró, en contra, de la ciencia y de la medicina.”1

Propósito principal de la gestión de Lula será la de reafirmar el apoyo de sus votantes y el de convencer a los que votaron en contra, superando la herencia de la corrupción a través de políticas públicas efectivas, que contribuyan a resolver el enorme problema de la desigualdad.

Los primeros discursos de Lula

A continuación, presentaré un breve resumen de los primeros discursos del presidente electo, del 30 de octubre, los cuales reúnen sus principales cometidos, así como la clarísima prioridad de defender la democracia y los derechos humanos.

1. Ha sido la victoria de un inmenso movimiento democrático, la democracia salió vencedora.

2. El pueblo brasileño desea más y no menos democracia.

3. No interesa a nadie vivir en una familia donde reina la discordia, rehacer los lazos de amistad rotos por la propaganda criminal de odio.

4. Voy a gobernar para 215 millones, no solo para quienes votaron por mí. A nadie interesa un país dividido en permanente estado de guerra.

5. Derecho sagrado de escoger quien va a gobernar.

6. Es preciso restablecer el diálogo con el Legislativo y Judicial, sin tentativas de exorbitar, intervenir, controlar, cooptar.

7. La normalidad democrática está consagrada en la Constitución y establece los derechos y obligaciones de cada poder, de cada institución y de las Fuerzas Armadas. 

8. Nadie está encima de la Constitución, absolutamente NADIE, NADIE tiene el derecho de ignorarla o de afrontarla.

9. No menos inclusión social, no menos libertad, igualdad y fraternidad.

10. Fortalecer las políticas de combate a la violencia contra la mujer, mismos salarios, mismas funciones.

11. Reconstruir el país en todas sus dimensiones. En la política, la economía, la gestión pública, la armonía institucional, las relaciones internacionales y sobretodo en el cuidado de los más necesitados.

12. Diálogo nacional para elegir prioridades en las políticas públicas para la educación, la salud, la seguridad, los derechos de la mujer, la igualdad racial, la juventud y la habitación, entre otras.

Ese mismo 30 de octubre, Luiz Inácio Lula da Silva señaló en otra intervención:

13. Que habrá de llevar a cabo, una Campaña de la Democracia contra la Barbarie, por parte de aquellas personas que aman la educación, la ciencia y la tecnología, la cultura.

14. La educación es el futuro del país, debemos invertir para hacerlo viable.   

15. Vamos a industrializar a Brasil, invertir en la economía verde y digital. Queremos exportar conocimiento.

16. Vamos a recuperar el Ministerio de Cultura, quien tiene miedo a la cultura no gusta del pueblo, de la libertad, de la democracia.

17. Importante fue su mensaje sobre la “saudade”, nostalgia. De aquel Brasil que hablaba de tú con los ricos y poderosos, apoyando a los más pobres. Brasil, comentó Lula, debe dejar de ser paria internacional. Dicha definición se puede aplicar a otros países de la región que dejaron de tener presencia, basada en iniciativas de diversa índole, como podría ser el caso de México.

Me detendré aquí para resaltar que de los 17 puntos resumen las intervenciones del pasado 30 de octubre. La espina dorsal de los mismos se encuentra en los primeros ocho. Estos no solo son significativos por concentrar la esencia del mensaje de Lula a su país, sino porque son la base de la respuesta que a nivel regional debe construirse en defensa de la democracia y los derechos humanos.

Implicaciones del triunfo de Lula da Silva  

Son muchos y variados los comentaristas que insisten en no identificar una sola izquierda en América Latina debido a las marcadas diferencias que existen.

Cuba, Nicaragua y Venezuela guardan características similares en cuanto a la definición y operación de sus regímenes políticos. Claramente se diferencian de otros países como Colombia, Chile y Argentina, e incluso de Perú, Bolivia y Honduras, en donde la defensa de la democracia es prioritaria, así como por el lugar que las Fuerzas Armadas deben ocupar de acuerdo con los diferentes mandatos constitucionales. Lo anterior se comprueba en las recientes iniciativas de los gobiernos de Gustavo Petro y Gabriel Boric, de separar a sus policías de sus vínculos militares, propuestas que contrastan con lo que acontece en los tres países arriba mencionados.

La autocracia y la democracia, así como el papel de las Fuerzas Armadas, son sin duda temas trascendentales que hacen diferentes a los países del llamado “izquierdismo autocrático” de los que pueden agruparse en una denominada “izquierda progresista”.

Al igual que Lula, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, y el de Chile, Gabriel Boric, se inclinan claramente por centrar sus políticas en favorecer los derechos humanos, el combate a la desigualdad, el apoyo al ecologismo y al diálogo interno. En el caso de Colombia, debemos destacar la reciente reforma tributaria que tiene el propósito de obtener la mayor recaudación de la historia, aplicándola como palanca para el desarrollo.

Si se analizan uno a uno los 17 cometidos que se desprenden de los discursos iniciales de Lula, nos encontramos con las bases de lo que habrá de constituir el Plan o Programa de gobierno de la nueva y renovada administración brasileña.

Ciertamente, de los citados compromisos para la acción futura del nuevo gobierno de Brasil, gran parte de ellos los podemos encontrar en las agendas gubernamentales, tanto en las izquierdas de corte autocrático y progresista, como en las de los otros países de América Latina.

“La enorme ventaja de las prioridades que aparecen en las intervenciones iniciales de Lula es que son plenamente compatibles con los 17 Objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas”

La enorme ventaja de las prioridades que aparecen en las intervenciones iniciales de Lula es que son plenamente compatibles con los 17 Objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas; lo que envía un mensaje de confianza y seriedad a la comunidad internacional.

Algunos países de la región no podrán ni han podido atender a plenitud la citada Agenda.

Sin democracia, libertad y fraternidad, como indica Luiz Inácio Lula da Silva, ninguna sociedad podrá enfrentar el desafío de alcanzar el desarrollo sostenible.                           

México y el nuevo Brasil

En este apartado, habré de explorar las alternativas que pudieran resultar para México de la vuelta al poder de Lula.

Basado en el breve resumen que presenté de las primeras intervenciones del presidente electo de Brasil, veremos que el caso mexicano reúne una característica particular. Después de Brasil, México es el país con mayor población y peso económico en la región y cuenta hoy con un gobierno que no habrá de disputar abiertamente el liderazgo latinoamericano con Lula, abriendo, sí, relaciones bilaterales de mayor alcance que las actuales.

Los hechos que han marcado el retroceso democrático en México, como el de reducir el papel del sistema electoral como sustento y garante, así como las cada vez mayores atribuciones otorgadas a las Fuerzas Armadas en sectores que no les corresponden, colocan al país del lado de aquellos que no van de acuerdo con los postulados esenciales que defiende el nuevo presidente de Brasil.

Por lo que hace al resto de los cometidos y acciones que emprenderá Brasil, la gran mayoría incluidos en la Agenda 2030, México no debería tener dificultad en llevarlos a cabo, dado que suscribió en 2015 la totalidad de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible. Sin embargo, después de siete años de haberse aprobado la Agenda 2030, los avances en su implementación han sido escasos, especialmente en América Latina, en donde Brasil y México siguen siendo los países más desiguales.

Es por esa razón primordial que ambos países deben diseñar y llevar adelante un amplio acuerdo que, basado en la Agenda 2030, sirva de ejemplo a los demás países de la región latinoamericana. Cabe mencionar que se da la circunstancia de que fueron los gobiernos de México y Brasil –siendo presidente Lula– quienes propusieron la creación de la CELAC. Este debe ser el ámbito en el que América Latina reafirme su disposición a cumplir los compromisos que adquirió en 2015, al aprobarse los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible, aun cuando existan actores y temores que vayan en detrimento de la democracia, concepto toral de la propia Agenda 2030.

“… ambos países deben diseñar y llevar adelante un amplio acuerdo que, basado en la Agenda 2030, sirva de ejemplo a los demás países de la región latinoamericana.”

En la perspectiva bilateral a la que me he referido, debe agregarse el Acuerdo ya existente –muy probablemente el primero que se estableció entre países miembros de Naciones Unidas– de seleccionar seis proyectos que se vinculen a los Objetivos contemplados en las áreas del sector agropecuario, del desarrollo social, del medio ambiente y de la salud. Dicho Acuerdo fue suscrito, en 2018, por México y Brasil, mismo que debe ser revisado y redimensionado.

Cien años de la relación México-Brasil

Hace justamente cien años se iniciaron en la práctica las relaciones entre Brasil y México. Si bien oficialmente la fecha de estas nos lleva hasta el año de 1834, no es sino hasta la visita del Secretario de Educación de México en 1922, a Río de Janeiro, que se da el paso fundacional. En efecto, José Vasconcelos, acompañado por los actores más representativos del saber y la cultura mexicana, coincidieron con el arranque de la llamada Semana del Arte Moderno, que hoy es considerada como el inicio de la nueva era de la cultura brasileña.

El centenario que se cumple en éste 2022, debe rendir homenaje a tan importante encuentro, que dio vida a un intercambio fructífero y marchante en lo cultural, dínamo que debe abanderar las relaciones entre los dos países.

Existe, por lo tanto, una tarea a emprender, que responsabiliza desde el 1 de enero de 2023 a los gobiernos y a la sociedad civil de México y Brasil.

Qué mejor oportunidad para priorizar a la cultura, como indica Lula, y que, en ello, México, que es referencia fundamental, contribuya con voluntad e iniciativas para homenajear en el Centenario de la visita de Vasconcelos a Brasil, a la mayor herencia y activo con que cuentan ambos países.

***

Deseo concluir mis apreciaciones respecto de las posibles implicaciones en que pueda derivar la importante victoria de Lula da Silva, en América Latina, señalando que en los últimos días, los presidentes de Colombia, Gustavo Petro y Gabriel Boric, de Chile, se han manifestado claramente en favor de la defensa de la democracia. Así, por ejemplo, el primero de ellos ha solicitado a Nicolás Maduro, “un acuerdo de garantías mutuas que sea llevado a la Mesa de México, para avanzar en los diálogos con la oposición, que permita garantizar los derechos de los que participen en el próximo proceso electoral”. Lo anterior, propició una reunión expresa en París, de los presidentes de Colombia, Argentina, Francia y la Ministra de Relaciones Exteriores de Noruega, que permita concretar las fechas para las elecciones presidenciales venezolanas.

Por su parte, Gabriel Boric fue tajante en su opinión sobre las pasadas elecciones municipales en Nicaragua: “Un proceso electoral que se realiza sin libertad, sin justicia electoral confiable, no es una democracia”. En septiembre pasado, en la Universidad de Columbia comentó: “Realmente me molesta cuando eres de la izquierda y entonces condenas las violaciones de los derechos humanos en Yemen y en El Salvador, pero no puedes hablar de Venezuela o Nicaragua”.

La disyuntiva a la que se enfrenta México es la de unirse a la corriente democrática de la izquierda progresista o continuar por el sendero de los países que ignoran los valores de la democracia y que promueven el odio y la militarización de sus sociedades, provocando tales riesgos y costos que harán inviable la vía del desarrollo, contraponiéndose así a los claros mensajes de Lula da Silva del 30 de octubre y pareciéndose más a las políticas que caracterizaron la gestión en Brasil del discípulo de Donald Trump.

“Rechazar la democracia liberal lleva hacia dictaduras y autoritarismos como se vienen presentando en algunos países de América Latina”.2 EP

  1. Ver El País, editorial, 1 de noviembre de 2022. []
  2. Véase Gustavo Petro, en entrevista, “Cien días de gobierno” , El País,13 noviembre, 2022. []
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