
Las guerras en Gaza y Ucrania han golpeado de forma devastadora a la infancia: hambre, desplazamiento y trauma psicológico marcan a millones de niños y niñas sin acceso a servicios básicos.
Las guerras en Gaza y Ucrania han golpeado de forma devastadora a la infancia: hambre, desplazamiento y trauma psicológico marcan a millones de niños y niñas sin acceso a servicios básicos.
Texto de Omar Hurtado 29/09/25

Las guerras en Gaza y Ucrania han golpeado de forma devastadora a la infancia: hambre, desplazamiento y trauma psicológico marcan a millones de niños y niñas sin acceso a servicios básicos.
Basta con hojear algunas páginas de UNICEF, FAO, PMA, OMS o la propia prensa para irse a la cama con la boca amarga ante la brutalidad del poder, la opresión y la crueldad. Hoy estamos en el escenario de las máscaras y de las culpas. La guerra constituye uno de los mayores fracasos de la humanidad para resolver sus conflictos y evidencia las decisiones políticas de los tiranos, entre la muerte, el hambre y el desarraigo de comunidades enteras.
La guerra no sólo deja daños físicos, sino también psicológicos: traumas en los sobrevivientes y heridas que pueden perdurar durante generaciones. De acuerdo con datos de UNICEF, el conflicto en la Franja de Gaza ha tenido un impacto inusitado en la infancia. Según esta organización, alrededor de 63,000 niños y niñas han perdido la vida, han sido heridos o están al borde de la inanición. Según cifras disponibles desde el inicio del conflicto, habrían muerto alrededor de 17,921 infantes y 64,656 palestinos en total.
El organismo especializado alerta que la desnutrición en Gaza se ha acelerado de manera vertiginosa. En julio pasado fueron identificados 12,000 niños con desnutrición aguda, la cifra mensual más alta jamás registrada y un aumento seis veces mayor desde principios de año. Según UNICEF, uno de cada cuatro niños sufre desnutrición aguda severa, la forma más mortal de este padecimiento.
La situación se ha tornado crítica con el incremento de los riesgos para menores que podrían fallecer por desnutrición a mediados de 2026. Esta proyección se ha triplicado dramáticamente: de 14,100 menores en mayo pasó a 43,400 para junio de 2026.
A esto se suma otra estimación para mujeres embarazadas y lactantes, que también prevé un panorama alarmante de desnutrición para mediados de 2026. Los números igualmente se han triplicado, al pasar de 17,000 en mayo a 55,000 para mediados de 2026. El impacto es grave: de cada cinco nacimientos, uno ocurre de forma prematura o con bajo peso.
La hambruna es uno de los escenarios más deprimentes en la región. Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF, advierte que estamos ante la presencia de infantes demacrados y demasiado débiles para llorar o comer, y bebés que mueren de hambre y enfermedades. Organismos como la ONU y UNICEF han denunciado el uso de la hambruna como arma de guerra, las restricciones al acceso de ayuda humanitaria y la destrucción de infraestructuras esenciales, factores que han agudizado la crisis. La falta de acceso humanitario y los permanentes enfrentamientos bélicos dificultan respuestas efectivas de auxilio.
Para muchos niños, los alimentos, el agua y la asistencia médica simplemente no están a su alcance. La ayuda y los alimentos que ingresan a Gaza continúan siendo insuficientes e inaccesibles frente a las necesidades. Las comunidades se enfrentan a sistemas de salud deteriorados, carencia de agua potable y servicios de saneamiento inservibles; las infecciones en los niños se han vuelto resistentes a múltiples fármacos, incluidas infecciones respiratorias y cutáneas, fiebres y diarreas.
De acuerdo con el director regional de UNICEF, Edouard Beigbeder, el incremento de la ofensiva militar en la ciudad de Gaza ha tenido consecuencias devastadoras para 450,000 infantes, cansados y extenuados tras casi dos años de guerra. Las armas explosivas han provocado la muerte y mutilación de niños y niñas, así como la destrucción de centros educativos. Persiste, agrega el funcionario, una grave preocupación por los bebés prematuros en incubadoras y por los niños heridos que requieren cuidados intensivos o que viven con alguna discapacidad, ante la necesidad urgente de ser evacuados.
El caso de Gaza es uno de tantos conflictos que afectan a la infancia. A este se suma la guerra en Ucrania, cuya fase a gran escala comenzó en febrero de 2022 con la invasión rusa, aunque desde 2014 se arrastraban tensiones tras la anexión de Crimea y los enfrentamientos en la región del Donbás.
Según datos de UNICEF, alrededor de 3.5 millones de niños y niñas en Ucrania —lo que representa aproximadamente 70 % de los menores de edad— no tienen acceso a bienes y servicios básicos como alojamiento adecuado, calefacción en sus hogares, ropa acorde al clima, alimentación nutritiva y materiales educativos. Escuelas de nivel preescolar, primaria y secundaria están dañadas por permanentes bombardeos y otras han sido destruidas, con consecuencias graves para su desarrollo educativo.
La guerra con Rusia ha privado a los infantes ucranianos de una infancia digna, deteriorando su salud, su educación y su esperanza de un futuro mejor. Son muchas las heridas mentales que pueden arrastrar hasta la edad adulta, producto de experiencias traumáticas derivadas de la violencia y la separación familiar. Los niños que viven en zonas de combate crecen bajo un miedo constante, aterrados por la destrucción y la pérdida de familiares, y presentan trastornos de ansiedad, depresión, pesadillas, dificultades de concentración y aislamiento social. Muchos adolescentes manifiestan sentirse tristes y desesperanzados.
De acuerdo con datos disponibles, alrededor de 2,786 infantes han muerto o sufrido mutilaciones desde que inició el conflicto bélico en febrero de 2022. A esto se suma una caída del 35 % en la tasa de natalidad, así como migraciones y desplazamientos masivos de mujeres y niños, con profundos desafíos demográficos.
Las guerras evidencian la debilidad de la diplomacia internacional y la ceguera de los líderes políticos. El panorama no parece alentador en el corto plazo, con conflictos sostenidos y estancados, y baja probabilidad de soluciones definitivas. La confrontación entre Israel y Hamás en Gaza cumple dos años y la guerra entre Rusia y Ucrania supera los tres. Aunque Ucrania pierde terreno, no parece dispuesta a rendirse y Moscú tampoco está cerca de una victoria decisiva.
Gaza representa un conflicto asimétrico, muy focalizado en el alto impacto humanitario que ha tenido sobre la población civil. En la guerra entre Rusia y Ucrania está en juego una rivalidad geopolítica más amplia: la disputa euroatlántica, la expansión geoestratégica rusa y la defensa de la identidad y soberanía ucranianas.
Las guerras no solo son enfrentamientos entre ejércitos; también transforman dimensiones fundamentales de la vida humana —políticas, sociales, económicas, morales y psicológicas— con efectos devastadores. Diversos organismos internacionales, entre ellos UNICEF, han hecho dramáticos llamados para lograr un alto al fuego y poner fin a los conflictos como respuesta humanitaria, con el objetivo de salvaguardar vidas y detener las matanzas.
Varias organizaciones piden la liberación de los rehenes en manos de Hamás y la entrada masiva de asistencia a Gaza, donde la hambruna y las enfermedades cobran vidas cotidianamente y se violan principios básicos del derecho humanitario. Muchos Estados coinciden en que se han cometido crímenes de guerra y de lesa humanidad, por los cuales el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el ex ministro de Defensa Yoav Gallant enfrentan cargos ante la Corte Penal Internacional.
Organismos de derechos humanos demandan la urgente protección de los civiles en Ucrania y Gaza —en particular de niños y niñas— así como de infraestructuras esenciales como hospitales y refugios. Aunque diversas organizaciones reciben subsidios internacionales para la ayuda humanitaria, los recursos disponibles resultan insuficientes frente a la magnitud de las necesidades y daños causados por las guerras. EP