
Con motivo del Día Internacional de las Niñas y las Mujeres en la Ciencia, Gilda Ma. García Sotelo escribe sobre el desigual acceso de las mujeres al mundo de la ciencia y la tecnología, campos aún hoy dominados por los hombres.
Con motivo del Día Internacional de las Niñas y las Mujeres en la Ciencia, Gilda Ma. García Sotelo escribe sobre el desigual acceso de las mujeres al mundo de la ciencia y la tecnología, campos aún hoy dominados por los hombres.
Texto de Gilda Ma. García Sotelo 20/02/26

Con motivo del Día Internacional de las Niñas y las Mujeres en la Ciencia, Gilda Ma. García Sotelo escribe sobre el desigual acceso de las mujeres al mundo de la ciencia y la tecnología, campos aún hoy dominados por los hombres.
A nivel mundial, y en pleno siglo XXI, a pesar de que las mujeres son mayoría en muchas áreas de la educación superior, existe una gran disparidad en su presencia en el campo de la tecnología y la ingeniería, representando únicamente el 33.3 % de la comunidad científica, según datos del último informe del Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe de 2024. Pero no es que a las niñas y a las mujeres no les interesen las ciencias, las tecnologías, las ingenierías y las matemáticas; es que la comunidad científica y académica todavía no ha aprendido a interesarse por ellas. Esto no es causalidad, es estructural.
El pasado 11 de febrero se conmemoró el Día Internacional de las Niñas y las Mujeres en la Ciencia. Este día lo estableció la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2015, con el objetivo de visibilizar e impulsar a las mujeres que se desempeñan en las ciencias y las tecnologías. Y podríamos preguntarnos: ¿cuál es la necesidad por parte de las Naciones Unidas de resaltar una fecha para fomentar el estudio de las áreas científicas, y no en otros campos como las humanidades, entre la mitad de la población global? Y es que diferentes informes y estudios a nivel mundial señalan que, en diversos contextos de educación superior, las mujeres tienen notas o tasas de rendimiento académico iguales o incluso superiores a las de los hombres.
A continuación presento algunas referencias concretas y documentadas de lo anterior: en primer lugar, en el informe Mujeres en la educación superior: ¿la ventaja femenina ha puesto fin a las desigualdades de género?, realizado por UNESCO (IESALC) en 2024, se plantea el problema de la brecha de género en materia de publicaciones, señalando que los hombres publican en promedio más artículos que las mujeres: 62 % frente a 38 % (Elsevier, 2020). En segundo lugar tenemos, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD), Education at a Glance, 2024: Indicators, un informe anual que señala que las mujeres son más propensas que los hombres a completar estudios universitarios en los países de la OCDE; por ejemplo, el 48 % de las mujeres que ingresan a educación superior terminan su licenciatura a tiempo, frente al 37 % de los hombres. En tercer lugar podemos citar un estudio de Harvard Kennedy Shool (2018), The Mark of a Woman´s Record: Gender & Hiring, donde se menciona entre sus hallazgos que las mujeres tienden a obtener mejores calificaciones que los hombres en educación básica y superior en múltiples contextos, lo que se traduce en mejores tasas de acceso y continuidad en estudios avanzados.
La interrogante que surge es la siguiente: si las mujeres han aumentado su presencia y logros en educación superior en muchos países, superando a los hombres en tasas de graduación y rendimiento académico general, ¿por qué no se mantiene esta tendencia en el mundo laboral? Habría que responder que, aunque los estudios muestran mejores notas de mujeres en ciencias y educación superior en algunos contextos, esto no significa que las brechas de género hayan desaparecido. Las mujeres desde pequeñas enfrentamos estereotipos y prejuicios que, por ejemplo, nos impulsan a realizar estudios relacionados con el área de “cuidados”, desmotivándonos de las disciplinas STEM, (acrónimo que agrupa en inglés a las ciencias, las tecnologías, las ingenierías y las matemáticas).
En la mayoría de los espacios laborales STEM, se viven contextos masculinizados, donde las prácticas machistas suelen ser la constante. Basta asomarse a cualquier instituto nacional de salud o a cualquier universidad para apreciar una mayor presencia masculina sobre todo en puestos directivos, mientras que las mujeres desempeñan puestos de administrativas o de ayudantes —salvo algunas puntuales excepciones que logran titánicamente romper los techos de cristal—. Y no hablemos de los salarios inferiores que reciben las mujeres, pues, según ONU Mujeres, la brecha salarial oscila alrededor del 20 %. Y a esto se suman las dobles y triples jornadas de trabajo realizadas por mujeres, lo cual está documentado, por ejemplo, en la Encuesta Nacional sobre Uso de Tiempo (ENUT) del INEGI, motivo que les impide avanzar en sus carreras laborales a la par que sus colegas hombres.
¿Seguirá México las mismas tendencias que los estudios citados de ámbito internacional? Tal parece que sí. Según un estudio estadístico del 2020 de la Secretaría de Educación de la Ciudad de México, titulado Las mujeres en la Educación Superior de la Ciudad de México, las mujeres tienen, en promedio, calificaciones más altas que los hombres, con una diferencia reportada de aproximadamente 0.5 puntos a favor en el promedio general de rendimiento escolar en educación superior. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en un estudio publicado en 2023, Mujeres y Hombres en México 2021-2022, reportó que las mujeres concluyen sus estudios en educación superior en proporciones mayores que los hombres, lo cual se asocia a mejores tasas de logro académico.
Con toda esta evidencia, algo no encaja. Un ejemplo cercano son los 13 Institutos Nacionales de Salud en México. ¿Cuántos de ellos están dirigidos por mujeres? Sólo cuatro de éstos en la actualidad tienen al frente a una directora general. El Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias contó con su primera directora hasta apenas 2023, la Dra. Carmen M. Hernández Cárdenas. En el mismo año, el Instituto Nacional de Geriatría encomendó su dirección general a la Dra. Ma. Del Carmen García Peña. El Instituto Nacional de Pediatría actualmente está liderado por la Dra. Mercedes Macías Parra. Y el Instituto Nacional de Perinatología es dirigido por la Dra. Ana Cristina Arteaga Gómez. Nos quitamos el sombrero ante ellas al imaginar todo el trabajo —remunerado y no remunerado— que habrán tenido que realizar para alcanzar dichos techos de cristal. En México la paridad, al menos en la medicina, dista de ser realidad.
Si después de leer estas líneas, aún quedan dudas de por qué conmemorar el día de las niñas y las mujeres en la ciencia, hacemos una invitación a los lectores a echar una mirada al hospital donde se atiendan y constatar, de primera mano, lo que aquí escribo. Invito también a reflexionar sobre la fuerza y compromiso de cada una de esas mujeres que habitan en los entornos STEM, ya que seguramente habrán tenido que “hacer malabares” para atender las otras jornadas de trabajo que no se ven. Todo parece indicar que la verdadera conmemoración del 11 de febrero no es la celebración de las niñas y mujeres en las ciencias, sino su resistencia para acceder y permanecer en ellas. Hay avances, pero aún queda mucho por hacer. Sin igualdad en la ciencia, no hay democracia en el conocimiento. EP