La dramática evolución de la economía mexicana (1991–2026)

Un recorrido crítico por la evolución económica de México desde 1991: crisis recurrentes, reformas incompletas, crecimiento limitado y una reciente regresión institucional que redefine los desafíos del país.

Texto de 13/04/26

Un recorrido crítico por la evolución económica de México desde 1991: crisis recurrentes, reformas incompletas, crecimiento limitado y una reciente regresión institucional que redefine los desafíos del país.

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La revista Este País inició su publicación en 1991. Desde entonces, nuestra economía ha seguido una evolución dramática, si no es que trágica. Este proceso se inicia durante el gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari, todavía enfrentando la secuela de la profunda crisis de la deuda de 1982. Desde entonces hemos sufrido las crisis —la bancaria del “Efecto tequila” de 1994; la “Gran Recesión”, de origen externo, de 2008; la pandémica por el COVID-19 en 2020, y la actual regresión institucional de la 4T—.

En respuesta, se ejecutaron grandes reformas estructurales: las de Salinas a partir de 1988; el rescate y la reestructuración del sistema bancario en 1994, durante el gobierno de Zedillo, y el brote reformador de Peña con el Pacto por México. A lo largo de todo el periodo permea una economía con relativa estabilidad, pero sin crecimiento. Estos son los fenómenos que han puesto —y pondrán— a prueba la capacidad analítica y propositiva de nuestra revista.

1. Las reformas estructurales del liberalismo social salinista

El gobierno de Salinas intensifica el proceso de “reformas estructurales”, iniciado por Miguel de la Madrid para superar la crisis de la deuda. Avanza en tres direcciones fundamentales:

  1. La más trascendental y exitosa reforma: la apertura de nuestro comercio y la promoción de exportaciones a través de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que concluyen en 1994.
  2. Un intenso proceso de privatizaciones para cambiar la estructura del Estado y reducir su tamaño, que había crecido hasta contar con alrededor de 2,000 empresas paraestatales, reduciéndose a 120. Esto incluyó la privatización de grandes empresas que se transformaron en monopolios privados, como Telmex.
  3. La reprivatización —muy necesaria, mal ejecutada— de la banca, que fue su talón de Aquiles y condujo eventualmente a la crisis bancaria de 1994. Algunas de sus causas fueron que, en medio de una apresurada “liberalización financiera”, no se realizó un filtro adecuado de las capacidades bancarias de los adquirentes, sino sólo una subasta abierta; además, se vendió a precios muy altos. Para compensarlo, se produjo una gran orgía de crédito, que aumentó del 10 al 40% del PIB, rebasando la capacidad de supervisión bancaria y propiciando un gran desequilibrio externo, saldado con deuda (tesobonos dolarizados).

2. La “crisis del Tequila” de 1994 y su costoso rescate

Al inicio del gobierno de Zedillo se produjeron errores que agravaron los síntomas previos. La economía “estaba prendida con alfileres y se los quitaron”. Se efectuó una torpe devaluación —del 50%— anunciada, así como un proceso de ajuste financiero con un fuerte aumento en las tasas de interés —hasta 100%—, lo que detonó una crisis que puso al sistema bancario al borde de la quiebra.

Se tomó la decisión de realizar un gran rescate bancario mediante múltiples mecanismos, absorbiendo deuda privada (cartera vencida) con deuda pública, lo que dio origen al problema del Fobaproa, con un costo cercano al 20% del PIB. No fue suficiente el apoyo a los banqueros nacionales: se dio un proceso de transferencia del control de la mayor parte del sistema a bancos extranjeros (Banamex a Citibank, Bancomer a BBVA; Somex y Serfin a Santander; Comermex a Scotiabank).

Además, fue necesario un megarrescate financiero derivado del incremento de la deuda externa, otorgado por el presidente Clinton por 20,000 millones de dólares. Zedillo, buen economista, logró reencauzar la economía, que cerró su último año con un crecimiento de 6%. Introdujo la importante reforma del sistema de las Afores. Se continuó con los programas de transferencias sociales condicionadas —Solidaridad, Oportunidades, Progresa—, que serían aplicados a lo largo del tiempo.

3. El largo período del “Estancamiento estabilizador” de los gobiernos de Fox y Calderón

Con el presidente Vicente Fox se produce la primera alternancia democrática. Su gobierno inicia con un claro marco de “políticas neoliberales” que, siguiendo las reformas del Banco de México, privilegia la estabilidad de precios y el buen orden de las finanzas públicas. Su administración se beneficia del descubrimiento de los grandes yacimientos de Cantarell. Ello no se traduce en crecimiento, que se mantiene en un mediocre promedio de 2%, pero sí en una encomiable estabilidad de precios cercana al 3%. Como reforma importante, se crea el Seguro Popular para dar servicios médicos al sector informal.

El presidente Calderón continúa con “más de lo mismo”, pero estalla una gran crisis, en este caso de origen externo, propiciada por una crisis bancaria en Estados Unidos, con serios problemas en bancos de inversión y del sector vivienda (Lehman y otros), que afecta al sistema financiero mundial. Se le conocería como la Gran Recesión de 2008-2009, la más severa desde 1929. El secretario de Hacienda, Carstens, la califica como un “catarrito” y afirma que la economía está blindada; sin embargo, el PIB cae 6% en 2009. Se implementa una sucesión de programas (como el PAE), pero no se logra un programa contracíclico eficaz. Aun así, en el conjunto del sexenio se alcanza un crecimiento promedio de 2%, con estabilidad de precios.

4. Nuevo brote reformador del gobierno de Peña, fracasado y desprestigiado por la corrupción

Con una nueva alternancia, regresa el PRI al gobierno con un competente equipo de tecnócratas. Inicia su periodo con un gran ímpetu reformista: el Pacto por México de 2013, que representa 11 reformas estructurales. Las más importantes son la energética, que implica una apertura a la inversión privada —incluida la extranjera— para realizar inversiones cuantiosas en aguas profundas; la educativa, que busca la profesionalización del magisterio, sujeto a procesos de evaluación, y una nueva regulación y cambios en el sector de telecomunicaciones. Se llevó a cabo también un esfuerzo fiscal, con cambios tributarios, sin llegar a una reforma integral.

Las reformas no fueron bien sustentadas ni explicadas a la población, y fueron objeto de críticas provenientes de la izquierda y de los sectores afectados. El principal problema que debilitó al gobierno y desprestigió al “establishment” fue la corrupción. Afectó a la familia presidencial —la Casa Blanca—; al director de Pemex, Lozoya, por el escándalo Odebrecht, y hubo 11 gobernadores sujetos a proceso. Estos escándalos, sumados al bajo crecimiento, fueron aprovechados por la exitosa campaña populista de López Obrador, que lo llevaron al triunfo.

5. La gran regresión de la 4T y su nefasto legado para el gobierno de Sheinbaum: ¿acomodo o cambio?

Dentro de este panorama histórico, desembocamos en la llamada Cuarta Transformación, que es, en realidad, una de las mayores “regresiones” de nuestra historia y el inicio de otra crisis, con una pavorosa destrucción institucional:

  1. Sufrimos un periodo de “estancamiento endémico”, con siete años de crecimiento inferior al 1%, el más bajo en un siglo —salvo el periodo de ajuste de De la Madrid—, y una caída en el ingreso per cápita.
  2. Esto se sustenta en la más baja inversión pública, además pésimamente asignada a proyectos emblemáticos, todos con sobrecostos y pérdidas, algunos de los peor evaluados de nuestra historia: una refinería —Dos Bocas— con severas deficiencias; el Tren Maya, señalado por su impacto ecológico, y un tren interoceánico mal diseñado, vulnerable a accidentes, ambos con baja utilización; la cancelación de un gran proyecto aeroportuario, con grandes pérdidas, y su sustitución por uno mal comunicado, el Felipe Ángeles.
  3. La mayor debacle de Pemex, con caída en la producción de gas y petróleo, alta deuda externa, impago a proveedores, apoyos fiscales inagotables y pérdidas continuas.
  4. Uno de los peores gabinetes de nuestra historia y una administración incompetente, reflejo de uno de sus dichos lapidarios: “90% fidelidad y 10% experiencia”.
  5. Una “militarización” desbordada, en la que el Ejército abdica de su función esencial de proteger el territorio nacional frente al crimen organizado, para orientarse a actividades para las cuales no está preparado: tareas “empresariales”, en proyectos con pérdidas y riesgos de corrupción; funciones “policiacas”, sustituyendo a la policía nacional que debía estar bajo mando civil, y funciones aduaneras.
  6. La estrategia de seguridad y lucha contra el narcotráfico más fallida, inspirada en el lema de “abrazos y no balazos”, marcada por más de 200,000 muertes y por la complicidad con actores políticos, lo que nos ha convertido en un ejemplo internacional de “narcoestado”.
  7. Corrupción extendida a toda la administración y a sus círculos cercanos, con grandes escándalos impunes, como el huachicol y Segalmex.
  8. Una pavorosa destrucción institucional —“al diablo con las instituciones”— mediante la desaparición, desviación o captura de entes como los organismos autónomos, las instituciones electorales y la CNDH.
  9. Ataques al Estado de derecho —“no me digan que la ley es la ley”— y la merma del juicio de amparo.
  10. Una deriva autocrática y antidemocrática, reflejada en la erosión de la división de poderes: la destrucción del Poder Judicial por su “deforma” y la captura de la mayoría calificada del Legislativo a través de artificios cuestionables. Todo ello siembra desconfianza e incertidumbre en el sector privado, convirtiendo los planes económicos —como el Plan México— en propósitos retóricos.
  11. La deformación de la política social hacia una estrategia clientelar orientada a ganar votos y moderar la pobreza, sin ofrecer medios para superarla, al tiempo que se ha castigado el gasto en salud —con desabasto de medicinas, vacunas y cobertura— y se ha deteriorado la calidad de la educación con la “nueva escuela” anticientífica.
  12. La anulación de una política exterior digna y de un servicio exterior prestigiado, sustituida por un aislacionismo autoimpuesto y tensiones con buena parte de la comunidad latinoamericana.
  13. México como uno de los países más desiguales, donde el 1% más rico concentra el 35% del ingreso, acompañado del crecimiento del poder económico de una nueva élite de milmillonarios (“separación del poder económico y político”).

Esta es la nefasta herencia histórica de la 4T, que socava pilares básicos del “segundo piso”, los cuales pueden desplomarse. La disyuntiva del gobierno, como en otros momentos de estos 35 años, es la inercia —gravitando hacia una seria crisis— o enfrentar a tiempo los problemas mediante un cambio de rumbo, con reformas verdaderas que fortalezcan la democracia, restablezcan el Estado de derecho y la confianza, reconstruyan las instituciones destruidas, aumenten la inversión y, finalmente, permitan recuperar un crecimiento elevado, sostenible y realmente incluyente. EP

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