ENCODAT 2025: Claves para entender el consumo de drogas en adolescentes

Daniela Cuéllar y Tamara González, de México Unido Contra la Delincuencia, analizan los resultados de la ENCODAT 2025 para entender los cambios en el consumo de drogas en adolescentes en México.

Texto de & 09/02/26

Daniela Cuéllar y Tamara González, de México Unido Contra la Delincuencia, analizan los resultados de la ENCODAT 2025 para entender los cambios en el consumo de drogas en adolescentes en México.

México arranca este 2026 con información que había estado ausente por una década: los datos sobre patrones de consumo de sustancias en el país. El 23 de diciembre de 2025 se publicaron los resultados de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT 2025), gracias a un litigio estratégico impulsado por México Unido Contra la Delincuencia que obligó a las autoridades federales a emitir la encuesta.

Por fin tenemos información actualizada que debería ayudar a desarrollar políticas de prevención y atención, con enfoques no punitivistas. Y hay una población especialmente importante para abordar este tema: las y los adolescentes.

La encuesta indica que el consumo de cualquier droga en este grupo poblacional se redujo del 6.4 % al 4.7 % de 2016 a 2025. Por otro lado, el consumo de alguna droga ilegal alguna vez en la vida pasó de 6.2 % a 4.7 %. Sobre las drogas médicas, no hubo cambios significativos. Al desglosar los datos por género, el consumo de cualquier droga alguna vez en la vida en hombres no tuvo cambios, mientras que las mujeres pasaron de 6.1 % a 2.9 %, y las drogas ilegales en mujeres pasaron de 5.8 % a 2.3 %. Es decir, sí hubo una reducción en la prevalencia del consumo en las mujeres adolescentes. 

Al respecto, aunque vemos una reducción importante en el consumo de las mujeres, lo cierto es que las políticas de prevención, las estrategias de reducción de riesgos y daños, y los tratamientos a consumos problemáticos requieren incorporar la perspectiva de género, pues las mujeres son las principales cuidadoras de otras personas con consumos problemáticos, brindando su tiempo, salud y espacios de autocuidado. También se enfrentan a discriminación, abandono y carecen de servicios de atención cuando ellas son las consumidoras y se acercan a instituciones públicas de salud. 

Respecto a qué sustancias ilegales consumen las adolescencias, los resultados indican que, en el último año, en general, consumieron principalmente cannabis, cocaína, inhalables y estimulantes de tipo anfetamínico. La encuesta también contempla otras drogas ilegales;1 en este sentido, las mujeres las consumieron más que los hombres en el último año. Una nota importante del instrumento es que no identificaron consumo de fentanilo entre adolescentes. 

¿Qué pasa con el consumo de fentanilo en las adolescencias en México?

Aunque la ENCODAT sugiere una prevalencia mínima del consumo de fentanilo para uso no médico entre la población adulta, y nulo entre los adolescentes, lo cierto es que los jóvenes están expuestos al consumo involuntario —normalmente porque puede haber contaminación entre sustancias, como señala el Informe de la demanda y oferta de Fentanilo en México: generalidades y situación actual (2024) del Observatorio Mexicano de Salud Mental y Adicciones— situación que no se refleja en el instrumento. Esta invisibilidad estadística no implica ausencia de riesgo de los adolescentes y jóvenes a este tipo de sustancias, debido a que el fentanilo puede ser introducido de forma oculta en otras drogas como la cocaína, el cristal y el MDMA.

Por ejemplo, en 2023, el Colectivo ReverdeSer, tras analizar 51 muestras de sustancias psicoactivas en espacios recreativos en la frontera norte del país —como festivales de música electrónica—, detectó la presencia de fentanilo en dos de cada cuatro muestras de cocaína y en 14 de 22 muestras de MDMA. Este hallazgo valida la existencia de un “punto ciego” en la vigilancia epidemiológica en el que no todos los jóvenes que han consumido fentanilo tienen conocimiento de ello. 

También en 2023, el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones (SISVEA) reportó que de un universo de más de 120 mil personas en tratamiento por consumo problemático de sustancias, apenas el 0.8 % —es decir, 922 casos— declaró haber consumido fentanilo alguna vez en la vida. Al mismo tiempo, SISVEA lanzó una alerta demográfica en la que indicó que el consumo de esta sustancia se concentra en jóvenes de 15 a 29 años, resaltando que las mujeres de este grupo la consumen en mayor medida que los hombres.

Lo curioso es que el gobierno federal ha desarrollado la campaña “Aléjate de las drogas, el fentanilo te mata”, basada en el miedo ante una sustancia que, si bien representa riesgos a la salud de las personas —sobre todo si se consiguen en el mercado ilícito y sin medidas de reducción de daños— lo cierto es que, además de no estar basada en evidencia, está desatendiendo políticas de prevención y atención por el consumo de otras sustancias como sugieren los datos.

Lo que necesitamos es una política de drogas diferente, que apueste por políticas de prevención y atención que incluyan las perspectivas de derechos humanos, interseccionalidad, interculturalidad y de juventudes.

Sobre ello, podemos decir que si bien la encuesta desagrega entre hombres y mujeres, ignora otras clasificaciones como pertenencia a comunidades indígenas o si la persona es parte de la comunidad LGBTIQA+. Resulta preocupante porque las dinámicas de consumo, las violencias y la criminalización que se agregan al pertenecer a estos dos grupos sí delinean necesidades de atención específicas.

Particularmente sobre el consumo de fentanilo, es destacable que si bien los adolescentes no parecen consumir en gran medida esta sustancia, sí se encuentran en riesgo de hacerlo a través de la adulteración —por contaminación— de otras drogas. Es por ello que las políticas de prevención prohibicionistas no son suficientes para evitar ni retrasar el consumo de drogas, sino que se deben implementar estrategias de reducción de riesgos y daños; por ejemplo, al analizar las sustancias que consumen e invitándoles a tomar precauciones si deciden consumir.

Para lograr cambios significativos en las políticas de prevención y atención es necesario trabajo conjunto entre las instituciones del Estado, organizaciones de la sociedad civil y personas usuarias de sustancias, así como poner al centro las necesidades de las personas con perspectiva de género, interseccionalidad e interculturalidad. EP

  1. Alucinógenos, inhalables, heroína y drogas de diseño. Para 2025, también se incluye fentanilo. []

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