
En este texto, Oliver Santín Peña hace un análisis pormenorizado del aclamado discurso y participación de Mark Carney, primer ministro de Canadá, en el Foro Económico Mundial de Davos.
En este texto, Oliver Santín Peña hace un análisis pormenorizado del aclamado discurso y participación de Mark Carney, primer ministro de Canadá, en el Foro Económico Mundial de Davos.
Texto de Oliver Santín Peña 16/02/26

En este texto, Oliver Santín Peña hace un análisis pormenorizado del aclamado discurso y participación de Mark Carney, primer ministro de Canadá, en el Foro Económico Mundial de Davos.
Durante su participación en el Foro Económico Mundial de Davos 2026, el primer ministro canadiense, Mark Carney, sentenció el ocaso del orden internacional vigente, describiéndolo como una “bella historia” que cede terreno a una “realidad brutal” donde las grandes potencias actúan sin restricciones. No obstante, su diagnóstico sobre la ruptura del sistema omitió que ese mismo orden permitió la devastación de lugares como Gaza y Siria, tragedias ante las cuales Occidente guardó un silencioso y activo consenso. Más que una defensa del multilateralismo, su intervención refleja la molestia de los aliados históricos de Estados Unidos al ser desplazados de la mesa principal por un hegemón que ahora decide repartir el botín sin intermediarios. Al convocar a las “potencias medias” a organizarse para no terminar en el “menú”, Carney ha expuesto sin quererlo las contradicciones de una élite globalista que, formada en las bondades del sistema, se resiste a aceptar que su arquitecto ya no necesita compañía en la cena. En sus palabras: “Nos enfrentamos activamente al mundo tal como es”.
De entrada, en un tono de abnegación Carney saludó al público: “Es un placer —y un deber— estar con ustedes en este momento decisivo para Canadá y para el mundo… Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, el final de una bella historia y el comienzo de una realidad brutal donde la geopolítica entre las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción”.1 Sin embargo, de inmediato surge una pregunta: ¿“Bella historia”? ¿Para quién o para quiénes? La respuesta: seguramente para un país o países desarrollados que se han beneficiado de la explotación y extracción de recursos ajenos en países del sur global a través de prácticas abusivas desde hace siglos, saqueando civilizaciones enteras, exterminando, esclavizando o desapareciendo pueblos y naciones originales, y de paso erosionando el derecho internacional sistemáticamente cuando así ha convenido a sus intereses. La “bella historia” a la que hace referencia Carney ha favorecido, particularmente desde mediados del siglo XX, a los países occidentales bajo el liderazgo estadounidense.
De hecho, es oportuno recordar el mensaje privado que Emmanuel Macron envío a Donald Trump y que el propio Trump reveló en capturas de pantalla un día antes de su participación en este mismo foro: “Mi amigo, estamos totalmente de acuerdo en Siria. Podemos lograr grandes cosas en Irán. No entiendo lo que estás haciendo con respecto a Groenlandia…”.2 Este tipo de información privada expone claramente lo que Carney buscaba maquillar con su discurso: su molestia no es por la postura de Trump, sino porque aísla a los tradicionales beneficiados, socios y lacayos, y los deja a un lado de la mesa mientras el hegemón come hasta extasiarse. De ahí que el mensaje de Macron, junto con el discurso de Carney, se perciban como ecos del mismo lamento que afirma, según el primer ministro canadiense: “el poder de los menos poderosos comienza con la honestidad”.
¿Pero qué tanta honestidad puede haber en un líder europeo que prácticamente le dice a Trump lo siguiente?: estamos de acuerdo en destruir lado a lado países como Siria, desestabilizar Estados teocráticos como Irán que amenazan a Israel de forma permanente, sí, pero no entiendo por qué nos quieres arrebatar Groenlandia, herencia de nuestro pasado europeo colonial, si podríamos explotarla juntos.
Así, en estos momentos de inusitado caos en el norte global occidental, se puede observar con mayor nitidez que esa honestidad que predican sus liderazgos son poderosas palabras que exponen el autoconvencimiento de que esa parte del mundo pretende desesperadamente mantener el monopolio de la verdad y, por ende, las formas de delinear lo que entienden por honestidad.
Carney señala en tono punzante: “cada día se nos recuerda que los fuertes pueden hacer lo que quieran, y los débiles deben sufrir lo que deben”. Y entonces cabría preguntarse: ¿qué no siempre ha sido así? No, no para ellos. Y como muestra tendría que recordarse el año 2025, cuando países como Líbano, Qatar, Siria, Irán, Yemen y los territorios de Gaza fueron atacados por Israel, frente a la omisión occidental.
Regresando a Carney y su aclamado discurso en los medios occidentales, el primer ministro canadiense, como un excelente banquero y representante del sistema financiero internacional, continuó su alocución citando a Václac Havel (disidente socialista checo) y dejando claro que no hay mayor opción que el capitalismo occidental. En esta parte, Carney propuso una especie de “rebelión en la granja”, donde los gobiernos y corporaciones levantaran la voz hacia Trump por sus acciones en contra de lo que el propio Carney llama “el orden internacional”. Orden internacional que, por cierto, sistemáticamente ha volteado hacia otros lados ante tragedias humanas como la guerra en Siria y más recientemente ante el exterminio obsceno de la población palestina en Gaza, con el silencio cómplice de los mismos gobiernos y corporaciones a los que ahora busca motivar para su ficcionada emancipación.
En esta ficción, propia de un ser que vive en su mundo burbuja, Carney afirmó: “estamos viviendo una ruptura y no una transición […] no se puede vivir dentro de una mentira, cuando la integración se convierte en fuente de subordinación”. Pero Carney, con una amnesia selectiva, parece olvidar que el escenario internacional ha operado así desde siempre. Claro que desde la visión de mundo privilegiada de un chico graduado en Oxford y Harvard, dedicado desde hace décadas a facilitar la explotación de terceros en favor de los grandes capitales internacionales y considerado posiblemente uno de los hombres más ricos que jamás haya dirigido Canadá,((The Warlus, “Who is Marc Carney, Really?, en: https://thewalrus.ca/who-is-mark-carney/)) la integración globalizante no parecería ser una fuente de subordinación para los países en vías de desarrollo.
Y es que Carney y la gente como él, habituados a vivir y compartir sus burbujas de exclusividad, parecen un grupo de entes confundidos que intentan convencer a todo el mundo de que sus sueños y sus fantasías corren peligro; que todos debían rebelarse; que la granja debería parar; que las vacas deberían dejar de dar leche y las gallinas dejar de poner huevos y tomarse unas vacaciones de producción y cooperación, todo para que el granjero recapacite sobre sus excesos y enmiende el camino compartiendo las ganancias de la explotación.
Dentro de esta ficción de un tecnócrata como Carney, la invitación sería levantar la voz y acusar al EE. UU. de Trump y a su derecha xenófoba y fascista de querer para sí todo el botín, disfrutando la lujuria financiera de las potenciales ganancias sin compartirlas. Desde luego, no hay que olvidar que el discurso de Carney tenía lugar mientras, en la sombra, un lobo recorría los pasillos del auditorio tomando notas y memorizando los gestos de sus lacayos, quienes en ese momento se envalentonaban buscando mostrar una superioridad moral que yace enterrada entre los escombros de Gaza y la displicencia cómplice de los hoy consternados por el fin de su bello sueño.
Convencido de sus propias palabras, el primer ministro canadiense señaló que las grandes potencias estaban abandonando las reglas y valores —aunque hayan sido siempre una mera apariencia— para perseguir sin pudor sus intereses. También colocó a su país como ejemplo, aprovechando el poco conocimiento y actualización sobre la situación social interna de Canadá entre los asistentes al foro y entre los lectores de todo el mundo, pues gracias al Soft Power construido durante décadas y con gran precisión por las misiones diplomáticas canadienses, la opinión pública internacional desconoce, por ejemplo, los graves problemas en el sistema de salud público canadiense o el agotamiento físico y mental de su magisterio por las condiciones de sobreexplotación; y quizá, sobre todo, lo más grave: la crisis en el sector de vivienda que recorre todo el país y que ha dejado a familias enteras sin un techo digno para vivir, mientras unos cuantos se siguen beneficiando del descuido y omisión de los gobiernos federales canadienses a partir de que Trudeau dejó el poder —claro está, nos referimos a Pierre Elliot Trudeau, que renunció al cargo de primer ministro a mediados de los años ochenta del siglo XX, y no a su hijo, quien amparado en su apellido llegó al poder y condujo a su país hacia los rumbos políticos e ideológicos que sirvieron de paradigma para todo el liberalismo occidental. Luego, después de su renuncia al cargo, Justin decidiría perderse en territorio estadounidense dentro del yate de su nueva novia, la estrella pop Katie Perry—.
Regresando a la estrella y al estadista preferido de inicios de 2026, Carney convocó a sus pares europeos —que es a quienes en realidad dirigió su discurso— a destinar mayores recursos públicos al gasto en defensa. Y, desde luego, no pudo evitar hablar de Ucrania y afirmar con vanidad que Canadá era uno de los miembros fundamentales de la coalición de la OTAN; agregó orgullosamente, además, que Canadá era parte de la coalición de los dispuestos, y uno de los que mayores contribuciones per cápita destinaba a Ucrania para mantener una guerra que encara la Unión Europea y que ha costado cerca de 1.8 millones de víctimas entre muertos y heridos en ambos bandos hasta enero de 2026.
Tras hablar de Ucrania, Carney saltó vertiginosamente a Groenlandia, reafirmando su postura europeísta, nada extraño en un primer ministro canadiense que, hasta antes de ser jefe de gobierno de su país, presumía —causalmente en el Foro Económico Mundial de Davos en 2023— sus pasaportes europeos: “yo soy europeo, y hablando como europeo…”.((Reddit, “I´m European: Carney states at WEF 2023”, en: https://www.reddit.com/r/AskCanada/comments/1i1pxsm/i_am_a_european_carney_states_at_wef_2023/)) Seguramente por ello, en su aclamado discurso de 2026, hizo tres referencias a Groenlandia y cero referencias a uno de sus aliados y socios comerciales más importantes en el mundo: México. También aclaró que entre los miembros del G-7 se estaban formando clubes de compradores de minerales críticos para su “diversificación” al resto del mundo. Desde luego, ese mundo donde los ricos concentran y “diversifican” a las demás naciones es algo considerado natural en el mundo globalista. No así el que el hegemón pretenda hacer a un lado a sus socios de aventuras y conquistas en países en vías de desarrollo.
Después vino una de sus grandes proyecciones inconscientes cuando, sin tapujos, afirmó que las potencias medias —entiéndase la Unión Europea, sobre todo—, debían unirse y actuar juntas, ya que si no estaban como comensales en la mesa serían parte del menú. Y sí, nada más denigrante para un país del G-7 que compartir un lugar en la carta al lado de países “invadibles”, antidemocráticos, subdesarrollados e inestables. No, ¡eso nunca! Pero, además, este llamado a las potencias medias parte de un país que ciertamente abandonó su posición como potencia media en los años noventa para evitar conflictos hemisféricos con EE. UU., renunciando con ello a cierta soberanía en diversos ámbitos.
En la parte final de su discurso, Carney afirmó que el viejo orden no volvería, y pidió a los asistentes que no lo lamentaran, que no sintieran “nostalgia”. Quizá se refería a la nostalgia de perder la capacidad de desestabilizar regiones enteras y destruir sociedades sumidas en la autarquía, pero estables antes de ser “liberadas”, como Libia o Siria. Y es que, en verdad, Carney habla bastante en serio. Está convencido de sí mismo porque para los globalistas liberales el mundo que existe es el mundo occidental desarrollado en donde sus postulados cristianos democráticos tienen cabida y son entendidos entre pares, y no frente a países que regularmente son desdeñados y denigrados.
A final de cuentas, en una burbuja de países eufemísticamente llamados del norte global, que se benefician de su posición económica e influencias para decidir qué está bien y qué está mal, el hecho de que un primer ministro canadiense haya dicho estas cosas sí debe invitar a la reflexión, sin duda, pues su monologo de 17 minutos logró exponer el disgusto de una clase político-financiera tecnócrata, sumamente irritada con la autocracia estadounidense asentada en la Casa Blanca desde enero de 2025. Así, mediante su arenga, Carney dio voz a la desilusión del mundo desarrollado occidental ante el hecho de que el hegemón ignore la historia de sumisión, subordinación y cooperación que dócilmente han jugado durante décadas.
En realidad, lo mejor del discurso de Davos de Mark Carney es que dejó entrever que su designación como líder del Partido Liberal en Canadá, y su posterior victoria en las elecciones federales de abril de 2025, parecería ser parte de una estrategia de los organismos financieros internacionales para plantar cara al bully de la Casa Blanca. Debe llamar la atención que el apoyo financiero externo a su campaña para encabezar a los liberales es considerado como la recaudación más rápida para una campaña de liderazgo partidista interno en la historia de Canadá.(( CTV News, “Marc Carney raised $4.5 millions in two-month Liberal leadership race”, en: https://www.ctvnews.ca/politics/liberal-leadership/article/mark-carney-raised-45-million-in-two-month-liberal-leadership-race/)) Así, con su discurso, Carney reafirmó su posición como cabeza visible de un neocolonialismo financiero globalista internacional, que dará batalla para contener los nuevos esquemas neoimperiales autócratas que recorren Norteamérica hoy día. Quizá por ello este discurso resonó e hizo eco en todo el mundo, con encabezados que vanagloriaron su valor y oportuna alocución.
El discurso de Carney, por cierto, fue desdeñado en el mismo foro al día siguiente por un Donald Trump que, con el descaro que lo caracteriza, se refirió al primer ministro canadiense con un párrafo infame: “Canadá recibe muchas cosas gratis de nosotros, por cierto. Deberían estar agradecidos también, pero no lo están. Ayer vi a su primer ministro. No estaba tan agradecido… Canadá vive gracias a Estados Unidos. Recuérdelo, Mark, la próxima vez que haga sus declaraciones”.((The Globe & Mail, “Canada lives because of the United States, Trump tells Davos, en: https://www.theglobeandmail.com/canada/video-canada-lives-because-of-the-united-states-trump-tells-davos/)) Y unos días después, el mismo Trump amenazó con nuevos aranceles del 100 % a Canadá si su gobierno decidía establecer un acuerdo comercial más extenso con China. La respuesta inmediata de Carney fue señalar que su país no tenía contemplado un acuerdo de este tipo con China, y que sólo llegarían a convenios limitados.
Ahora, a nivel regional, en América del Norte sólo queda esperar las revisiones del T-MEC, que deben ofrecer los primeros resultados hacia mediados de este mundialista 2026. Hasta ese momento podrá apreciarse con mayor claridad la coherencia del discurso de Carney en el mediano plazo, así como las consecuencias positivas y negativas para Canadá. EP
World Economic Forum, “Davos 2026: Special address by Mark Carney, Prime Minister of Canada, en: https://www.weforum.org/stories/2026/01/davos-2026-special-address-by-mark-carney-prime-minister-of-canada/
BBC, “Trump´s full messages with European leaders – & what they tell us”, en: https://www.bbc.com/news/articles/cz7ynwzn8pqo
The Warlus, “Who is Marc Carney, Really?, en: https://thewalrus.ca/who-is-mark-carney/
Reddit, “I´m European: Carney states at WEF 2023”, en: https://www.reddit.com/r/AskCanada/comments/1i1pxsm/i_am_a_european_carney_states_at_wef_2023/
CTV News, “Marc Carney raised $4.5 millions in two-month Liberal leadership race”, en: https://www.ctvnews.ca/politics/liberal-leadership/article/mark-carney-raised-45-million-in-two-month-liberal-leadership-race/
The Globe & Mail, “Canada lives because of the United States, Trump tells Davos, en: https://www.theglobeandmail.com/canada/video-canada-lives-because-of-the-united-states-trump-tells-davos/