La crisis de opioides en la frontera norte de México

La llegada de la heroína cortada con fentanilo al mercado local de drogas en Tijuana está ocasionando graves daños a la salud de las personas consumidoras. Sin embargo, las autoridades siguen sin aplicar estrategias de reducción de daños con perspectiva de salud y derechos humanos.

Texto de 19/07/23

Fotografía de las manos de una persona preparandose para inyectarse heroina con una jeringa

La llegada de la heroína cortada con fentanilo al mercado local de drogas en Tijuana está ocasionando graves daños a la salud de las personas consumidoras. Sin embargo, las autoridades siguen sin aplicar estrategias de reducción de daños con perspectiva de salud y derechos humanos.

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Roberto nació en Piedras Negras, Coahuila, hijo de una cantante de palenque tapatía y de un marinero criado en Tamaulipas que viajaba de puerto en puerto, donde conoció a su madre. A temprana edad, sus padres lo llevaron a Santa Ana, California, junto a sus hermanos. Creció en esa ciudad, entre gangs y drogas, y a los 12 años empezó a consumir sustancias.

Durante su estadía en Estados Unidos obtuvo la residencia, se desempeñó como carpintero y estudió, por un tiempo, algo relacionado a redes de comunicación. Sin embargo, en 1992 fue deportado por primera vez tras ser detenido con mariguana para consumo personal. En ese momento, en Estados Unidos se implementaba el programa federal “The weed and seed program”, que sería la antesala de una época de deportación masiva.

“Siempre me gustó usar drogas, pero estar con mi familia, mi casa, mi esposa y mis hijos lo era todo”.

Así, por la deportación conoció Tijuana por primera vez. Meses más tarde logró cruzar la frontera para reencontrarse con su familia, pero en 2001 lo deportaron de nuevo tras participar en un altercado con un agente de seguridad en casa de su madre en Santa Ana. Fue el año en que cayeron las Torres Gemelas en Nueva York y, con el refuerzo de la frontera con México, resultaba imposible volver a Estados Unidos. Se quedó estancado en Tijuana. Las consecuencias de la deportación ocasionaron que lo perdiera todo: bienes materiales y, principalmente, a su familia. Fue un momento de quiebre del que no ha podido recuperarse.

“La separación es muy fea, yo estoy en México y mi familia está en Estados Unidos; cuando mi hermana tuvo cáncer no estuve allí para ayudarla, eso fue un dolor indescriptible, no sé cómo explicarlo, nada tiene sabor”.

Es 2023. Roberto se encuentra viviendo en situación de calle. La deportación y la falta de oportunidades (como un lugar estable donde vivir) han sido uno de los detonantes que lo llevaron a intensificar su consumo de drogas —fentanilo y metanfetamina— para escapar de una realidad en la que nunca se imaginó estar. Para solventar sus necesidades de alimentación y consumo, recicla plástico y aluminio, vende artículos de segunda mano y asiste a comedores comunitarios establecidos en la zona fronteriza.

Al igual que la historia de Roberto, el 80 % de las personas que visitan Prevencasa A.C. ―una organización no gubernamental ubicada en la zona de tolerancia de la ciudad de Tijuana― se encuentran atravesadas por historias similares de migración, deportación, situación de calle, empleo informal y consumo de drogas. Prevencasa A.C. es una organización con base comunitaria que desde hace casi veinte años recibe a más de cien personas al día, ofrece servicios de prevención de infecciones y facilita el acceso a servicios de salud a personas que se encuentran en desventaja social.

El fentanilo y la reducción de daños

Uno de los retos y preocupaciones en el tema de la salud pública en la ciudad fronteriza ha sido la llegada del fentanilo, un opioide sintético 50 veces más fuerte que la heroína y 100 veces más fuerte que la morfina. La organización Prevencasa lo detectó por primera vez en el mercado local de drogas desde el 2018; fue uno de los primeros hallazgos realizados en México.1

La introducción de heroína mezclada con fentanilo en el mercado local de drogas ha resultado en daños a la salud de las personas consumidoras. Algunos de los principales efectos son el incremento de abscesos ocasionados por las inyecciones en múltiples partes del cuerpo, casos de sobredosis fatales y no fatales, sumándose a otros factores de riesgo como VIH y Hepatitis C.

La china white, un polvo blanco mezclado con fentanilo y otros componentes, que había sustituido a la goma negra, está provocando reacciones inesperadas en las personas consumidoras y se ha extendido a otras partes de la ciudad donde hay también consumo de opioides.2

“Mezclo la china (heroína) con el criko (metanfetamina), una me da pa’ arriba y otra pa’ abajo, me ayuda a no tener una doblada y me sale más barato que comprar un plato de comida y pagar un cuarto donde vivir, la droga me hace el paro”.

Para contrarrestar algunos de los efectos del fentanilo y otras drogas en la comunidad, Prevencasa implementa algunas acciones con un enfoque de reducción de daños. Se trata de una estrategia de salud pública que promueve y difunde información sobre los efectos de las sustancias, distribuye insumos estériles como jeringas y pipas para evitar transmisión de enfermedades como VIH, Hepatitis C y tuberculosis, facilita la naloxona para evitar muertes por sobredosis, así como tiras de detección de fentanilo, y brinda servicios dirigidos especialmente a mujeres que utilizan drogas, por ejemplo, estableciendo una zona de estadía segura.

No osbstante, una de las principales limitaciones para llevar a cabo estas intervenciones son las políticas públicas actuales. La suspensión de recursos ha ocasionado que muchas organizaciones que trabajan reducción de daños en la frontera norte de México se tengan que sostener de donaciones de insumos. De hecho, las pocas organizaciones que continúan operando realizan intervención comunitaria con un número limitado de personal y/o con el apoyo de voluntariado.

El recorte o suspensión de recursos ha afectado a uno de los programas más concurridos de la organización: el intercambio de jeringas. Se han dejado de intercambiar más de 10 mil jeringas por año, lo que podría propiciar la aparición de nuevos casos de VIH y Hepatitis C.

Desprotección institucionalizada

Las autoridades no han abordado el tema desde una perspectiva de salud y derechos humanos. Las personas que viven en estos contextos siguen alejados y alejadas de las instituciones públicas debido a la criminalización y el estigma asociados a su apariencia y el consumo de drogas. Para el caso de la naloxona, por poner un ejemplo, en 2021 el gobierno mexicano echó abajo una iniciativa llevada al Senado de la República por ONGs, activistas e investigadores con el objetivo de desclasificar el medicamento como una sustancia psicotrópica. Este hecho significó que en México la naloxona continúe estando clasificada como un medicamento controlado y, por lo tanto, muy lejos de alcanzar una distribución que logre evitar sobredosis fatales, como sí lo han hecho otros países para contener la crisis por opioides.3

Mientras se plantea una nueva propuesta para la desclasificación del medicamento, en los últimos dos años ―2021 y 2022―  la organización Prevencasa ha atendido más de 900 sobredosis por opioides dentro de la comunidad Zona Norte. Gracias al personal de salud de la organización y a la donación de la naloxona, en el 99% de los casos se ha evitado que las personas mueran en el evento.

“Una de las causas por las cuales no hay datos oficiales de muertes por sobredosis en México radica en la falta de los registros como tal. En muchas ocasiones, los análisis de causa de muerte son registrados como paro cardiorrespiratorio.”

A finales del 2022, empezó a correr el rumor sobre el desabasto de metadona en algunas clínicas de Tijuana. Ésta se usa como un tratamiento supervisado de sustitución de opioides como fentanilo, y ayuda a estabilizar a las personas, permitiéndoles enrolarse en actividades laborales, familiares, sociales, etcétera. Sin embargo, del rumor pasamos a la cruel realidad, durante el 2023 muchas personas que habían estado adheridas al tratamiento con metadona desde hace muchos años se vieron obligadas a volver al consumo de opioides.

El desabasto de metadona está generando que las personas se expongan a riesgos de salud innecesarios como la “malilla”, o síndrome de abstinencia, que genera síntomas como dolor óseo y muscular, insomnio, diarrea, vómitos, escalofríos, entre los más comunes. El desabasto también significó volver al consumo de sustancias desconocidas, que pueden ocasionar efectos no deseados y en muchas ocasiones sobredosis fatales.  Por un lado, implica enfrentarse a dinamicas de compra-venta de droga en zonas con mucha violencia y, por otro, acarrea  mayores riesgos de transmisión de enfermedades por compartir parafernalia para el consumo.

Los avances logrados en materia de sensibilización, salud ocupacional, prevención de sobredosis, descriminalización y derechos humanos a través de talleres impartidos a actores públicos como las corporaciones de la Policía Municipal y Cruz Roja en Tijuana, han quedado anulados ante la llegada de nuevas fuerzas de seguridad en las calles como el Ejército Mexicano y la Guardia Nacional.

Las personas en situación de calle, los vecinos y el personal de salud comunitaria están presenciando más que nunca abusos por parte de las fuerzas de seguridad pública. Entre estos, se encuentra el decomiso, despojo y destrucción de pertenencias ―incluyendo parafernalia o tratamientos médicos―, “limpias sociales”, internamientos involuntarios en centros de rehabilitación que representan atropellos reiterados a los derechos humanos.

Mientras tanto, Roberto ha explotado su amor por el arte en México. Siempre le ha gustado la pintura y Tijuana le ha dado oportunidad de expresarse. Constantemente se encuentra reflexionando sobre los momentos difíciles de su vida, pero la pintura le ha ayudado controlar esos dolorosos lapsos.

“Mi meta es cumplir con mi obra, imprimir mis pinturas y ponerlas en una galería. Todas las respuestas saldrán de acá, las drogas son el intermedio entre lo que estoy haciendo y lo que quiero hacer. Solo necesito un lugar estable, dormir en la calle sin un cuarto donde guardar mi obra es difícil”. EP


*Todas las fotografías son autoría de “Fragmentos de una frontera”, proyecto de fotografía análoga documental. Seleccionado dentro de los 20 proyectos artísticos emergentes para Plataforma de Imágenes Contemporáneas (PICS), en 2023.

  1. Fleiz, C., Arredondo, J., Chavez, A., Pacheco, L., Segovia, L. A., Villatoro, J. A., Cruz, S. L., Medina-Mora, M. E., and de la Fuente, J. R. (2020) Fentanyl is used in Mexico’s northern border: current challenges for drug health policies. Addiction, 115: 778– 781. []
  2. Friedman, Joseph & Bourgois, Philippe & Godvin, Morgan & Chavez, Alfonso & Pacheco, Lilia & Segovia, Luis & Beletsky, Leo & Arredondo, Jaime. (2022). The introduction of fentanyl on the US–Mexico border: An ethnographic account triangulated with drug checking data from Tijuana. International Journal of Drug Policy. []
  3. Raúl Bejarano Romero, Jaime Arredondo Sánchez-Lira, Said Slim Pasaran, Alfonso Chávez Rivera, Lourdes Angulo Corral, Anabel Salimian, Jorge J. Romero Vadilllo, David Goodman-Meza“Implementing a decentralized opioid overdose prevention strategy in Mexico, a pending public policy issue”, The Lancet Regional Health – Americas, Volume 23, 2023 []
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