Carta a la Virgen Morena y a Quetzalcóatl: diez propósitos para evitar la próxima crisis

Tras casi medio siglo en el servicio público y varias crisis financieras a cuestas, Francisco Suárez Dávila propone una lectura crítica del momento actual del país.

Texto de 14/01/26

Tras casi medio siglo en el servicio público y varias crisis financieras a cuestas, Francisco Suárez Dávila propone una lectura crítica del momento actual del país.

Cumplí casi cincuenta años como funcionario público en Hacienda y en el Banco de México. Me tocó enfrentar varias crisis financieras severas: en 1976, 1982, 1994 y 2008. Desarrollé así cierto olfato como especialista en gestión de crisis o, si se permite el juego de palabras, como “crisólogo”. En mis reflexiones de fin de año huelo síntomas de enfermedades previas que se están repitiendo: malas políticas, despilfarro en el gasto público, altos déficits fiscales, endeudamiento desbordado, ausencia de autocrítica, autoconvencimiento en las propias mentiras, ideología que prevalece sobre administración, retórica frente a realismo.

De no actuar, existe el riesgo de que el “segundo piso” colapse, como la Línea 12 del Metro, o se descarrile, como el “Tren Interoceánico”, y entremos a una nueva crisis de alto costo social. Escribo, pues, una carta a nuestra “Virgen Morena”y… a Quetzalcóatl —que está más de moda— con diez propósitos de Año Nuevo para corregir pecados y ofrecer soluciones. Espero que sirva de algo o, al menos, me sirva de descargo de conciencia.


El primer pecado es nuestro estancamiento económico, explicado en parte por una inversión históricamente baja y mal asignada; como error costoso, la cancelación del nuevo aeropuerto. Una banca con grandes utilidades y poco crédito a la economía —muy inferior al de países comparables—. Además de un Plan México que no aterriza.

Primer propósito: requerimos un gran Acuerdo Nacional que privilegie crecer al 4–5% anual. Sin ello no disminuirá la economía informal ni aumentará la productividad. Debe sustentarse en un Programa Nacional de Inversiones, públicas y privadas, de alrededor del 28 % del PIB, supervisado por una Comisión ubicada en la Presidencia y coordinada por Hacienda —como ya funcionó en el pasado—, que apruebe proyectos bien evaluados y cancele ocurrencias como los nuevos ferrocarriles y otros proyectos emblemáticos con ínfima ocupación e inagotables pérdidas. Una política industrial y tecnológica eficaz, apoyada por una política de financiamiento de la banca privada y de desarrollo, con especial atención a las pymes.

El segundo pecado es el grave y generalizado problema de inseguridad y la expansión del crimen organizado, que se manifiesta en asesinatos y desapariciones de funcionarios públicos (como en Michoacán), periodistas y mujeres, así como en la extorsión creciente.

Segundo propósito: reforzar la política de seguridad con mayores recursos en todos los niveles, fortaleciendo de manera efectiva a las policías estatales y municipales.

El tercer pecado es la corrupción que permea las más altas esferas del gobierno y goza de plena impunidad, ejemplificada en el escandaloso huachicol fiscal.

Tercer propósito: construir un sistema anticorrupción eficaz, que solo será creíble si se imponen castigos ejemplares a personajes visibles y vergonzosos de Morena… ya sabemos quiénes.

El cuarto pecado es la crisis de gobernabilidad, con un gobierno que no “gobierna”, sino que vive de la ideología, la retórica y las verdades alternativas.

Cuarto propósito: crear un Gabinete de Unidad Nacional —como el que tuvo el presidente Ávila Camacho— integrado por los funcionarios más competentes, no por los más leales o serviles, para implantar un verdadero sistema de administración por resultados.

El quinto pecado es la transformación de la SEDENA y la Marina en secretarías de Obras Públicas y Comunicaciones, mientras han perdido el control del territorio nacional frente al crimen organizado.

Quinto propósito: desmilitarizar al país; devolver la Guardia Nacional al control civil de la Secretaría de Seguridad; cancelar la participación de las fuerzas armadas en actividades empresariales —fuente de corrupción y desprestigio— como ferrocarriles, Mexicana de Aviación, AIFA, hoteles, aduanas, entre otras; y concentrarlas en el cumplimiento de sus funciones constitucionales de seguridad nacional.

El sexto pecado es la destrucción de las instituciones democráticas, expresada en la ruptura de la división de poderes, la vulneración del Estado de derecho y una ruta abierta hacia un autoritarismo populista. La anulación del Poder Judicial mediante su “deforma” y la elección de jueces; un Poder Legislativo convertido en oficialía de partes, además de protagonizar escándalos vergonzosos; y los ataques sistemáticos a la libertad de expresión y a los opositores.

Sexto propósito: restablecer la seguridad jurídica mediante una verdadera reforma judicial y de las fiscalías, tanto a nivel federal como local, con jueces profesionales emanados de una carrera judicial; una Suprema Corte verdaderamente independiente; y un Poder Legislativo que refleje el voto ciudadano, sin mayorías artificiales, preservando la representación proporcional de las minorías.

El séptimo pecado es una política de bienestar social deformada, utilizada como instrumento de control y poder, pero con resultados desastrosos en salud y educación.

Séptimo propósito: construir una política social verdadera que otorgue los medios para superar la pobreza. Impulsar una reforma educativa orientada a la calidad en todos los niveles, que prepare al país para la era digital, con recursos suficientes y contenidos consensuados por una comisión de verdaderos expertos; establecer un sistema de salud universal con abasto eficaz de medicinas; y crear un sistema de ingreso básico para los más pobres —particularmente para la tercera edad— con universos bien definidos y evaluado por resultados.

El octavo pecado es la severa destrucción institucional, reflejada en la desaparición de organismos autónomos y la cooptación de las instituciones electorales, así como en políticas que fomentan deliberadamente la polarización social.

Octavo propósito: impulsar una política de unidad nacional y la reconstrucción de las instituciones destruidas —como el INAI—, modernizándolas y restituyendo la autonomía de los órganos electorales.

El noveno pecado es la carencia de una política exterior, el uso mañoso y sesgado del principio de no intervención, la ruptura inconcebible de relaciones con España y con países latinoamericanos, y un aislamiento autoimpuesto frente a un multilateralismo hoy indispensable.

Noveno propósito: recuperar una política exterior digna, con un servicio exterior fuerte; sustituir a los embajadores fantasmas; definir una estrategia propositiva y no meramente reactiva de interés nacional frente a Estados Unidos, incluyendo los temas de seguridad, y fortalecer la integración de América del Norte, bajo cualquier formato.

El décimo pecado es que los Reyes Magos estén pobres. No hay espacio fiscal, como resultado del despilfarro en proyectos emblemáticos y de una deuda excesiva.

Décimo propósito: emprender una reforma hacendaria que incluya la racionalización del gasto y una reforma tributaria, integrando el federalismo fiscal, para generar los recursos necesarios en educación, salud, seguridad e infraestructura.

¡Solo así podremos desear un feliz 2026! EP

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