Carta abierta al Senado de la República

Carta abierta al Senado de la República que, con motivo de la posible derogación de múltiples fideicomisos por parte del Gobierno Federal, escribe el Dr. Alejandro Frank Hoeflich.

Texto de 19/10/20

Carta abierta al Senado de la República que, con motivo de la posible derogación de múltiples fideicomisos por parte del Gobierno Federal, escribe el Dr. Alejandro Frank Hoeflich.

Ciudad de México, 17 de octubre de 2020.

Señoras senadoras, señores senadores:

Escribo a ustedes con todo respeto en ocasión del voto sobre la posible extinción de 109 fideicomisos asociados al financiamiento de, entre otros temas fundamentales, la investigación en ciencias, humanidades y desarrollo tecnológico, el desarrollo de la cultura y las artes, la defensa del medio ambiente, la protección a los derechos humanos de víctimas y periodistas y la atención y prevención de desastres.

Me uno así a diversas comunidades de la academia y defensores del medio ambiente y de los derechos humanos para externar a ustedes mi enorme preocupación y sorpresa por la decisión de la Cámara de Diputados, que deroga y reforma estos fideicomisos. 

Su servidor tiene la enorme fortuna de estar, desde hace más de 40 años, dedicado a la docencia y la investigación en la Universidad Nacional Autónoma de México, nuestra Máxima Casa de Estudios, como profesor universitario e investigador científico dedicado a la física y a la ciencia básica y, más recientemente, a las ciencias multidisciplinarias. Fui también por ocho años director del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM y, actualmente, sirvo a mi universidad en calidad de coordinador general del Centro de Ciencias de la Complejidad, dedicado principalmente a atender de manera transdisciplinaria los problemas más acuciantes de nuestra sociedad. 

Despues de la elección de 2018 mi reacción y la de mis colegas fue de gran esperanza. Viniendo de una situación histórica en la que se descuidaron sistemáticamente muchos de los aspectos necesarios más importantes para alcanzar una sociedad más justa y democrática, por fin asumirían la responsabilidad de dirigir el país un grupo de personas, recién electas al poder ejecutivo y legislativo, de probada honestidad y calidad humana, conscientes del papel primordial de la educación, la salud pública, las ciencias sociales y naturales, y los organismos que protegen los derechos humanos, la sustentabilidad de nuestro medio ambiente, la multiculturalidad y equidad de género, entre muchos otros temas pendientes para la conformación de una nueva democracia participativa en México, que buscaría por fin atender la necesidad de terminar con las enormes desigualdades, la pobreza y los peligros que enfrenta la humanidad ante el cambio climático.

Cuál sería nuestra sorpresa al atestiguar que, lejos de seguir esta política, el nuevo gobierno ha decidido desmantelar y empobrecer algunos de los escasos mecanismos y organismos que, a pesar de sus defectos y deficiencias, han tenido un papel virtuoso en la defensa de los mejores intereses de la nación. Este es el caso de muchos de los fideicomisos, reunidos muchas veces con grandes esfuerzos y con la participación de organismos internacionales. 

Tal vez debido a su juventud, un número importante de las señoras y señores legisladores no están conscientes del esfuerzo y sacrificio de numerosos personajes de nuestra historia, particularmente en los siglos XX y XXI, para erigir desde sus cimientos una cultura científica y humanística en México. Nuestra ciencia y nuestras tecnologías son muy jóvenes, pero vigorosas. A pesar de sus escasos practicantes, se ha logrado construir instituciones y universidades públicas, centros de investigación y organismos culturales de los que ha surgido una comunidad talentosa de profesionistas y artistas que han sido fundamentales para la construcción de la infraestructura y la identidad nacional. Los institutos nacionales de salud, la infraestructura de carreteras, puentes y comunicaciones, nuestros grandes descubrimientos arqueológicos, que han rescatado nuestro pasado histórico, nuestros pensadores y luchadores sociales y muchos de nuestros más grandes arquitectos y exponentes artísticos, han surgido de esta cultura del conocimiento, de las ciencias naturales, sociales y humanísticas. Resulta trágico para el país desechar esta visión y trayectoria histórica de un plumazo y condenar a México a un serio retroceso cultural, artístico y científico, con argumentos que carecen de justificación.

Pido disculpas por hablar ahora de mi caso personal. Cursé el 100% de mis grados académicos en la UNAM, hasta mi doctorado en 1979. Le debo mi educación, mis principios fundamentales y mi carrera científica a nuestra Universidad, que con gran generosidad me transmitió estos principios y conocimientos. Mis cuatro décadas de trabajo universitario y mi labor, apoyada por la UNAM a través de asociaciones civiles de carácter educativo como PAUTA (Proyecto Adopte un Talento), me permiten atestiguar que muchos de los mecanismos de financiamiento, organismos y sociedades profesionales se manejan con toda honestidad, y son administrados con verdadera generosidad, espíritu de trabajo y compromiso. Estoy seguro de que la mayoría de los fideicomisos que se quieren eliminar no son corruptos ni están de ninguna manera en una situación de opacidad y malos manejos. Han sido auditados con toda regularidad por diversas instancias gubernamentales. Por supuesto, somos los primeros en exigir que, si algunos de estos fideicomisos no han sido debidamente auditados y se han prestado a malos manejos, se sancione con rigor a los responsables y se corrija de inmediato su rumbo y marco normativo.

Con el respeto debido, quiero asegurar a los honorables miembros del Senado de la República que la desaparición de dichos mecanismos de financiamiento multianual perjudicará en forma dramática a las actividades fundamentales en ciencia y tecnología, derechos humanos, conservación ambiental y de respuesta a los desastres naturales, entre otros. La pandemia que vivimos es una razón muy clara y dramática de la necesidad de seguir apoyando e incrementar el financiamiento a las complejas labores de carácter educativo, científico y socioambiental que requerimos para enfrentar estas amenazas. 

Vivimos momentos críticos que ameritan acciones valientes y decididas. Apelo a su calidad ética, a su compromiso con la sociedad y a la racionalidad científica que debe guiar sus acciones de defensa al patrimonio cultural y científico de nuestra nación.

Atentamente

Dr. Alejandro Frank Hoeflich

Investigador Emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Primer Presidente y Miembro del Consejo Directivo de PAUTA.

Premio Nacional de Ciencias y Artes 2004.Miembro de El Colegio Nacional.

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