Boca de lobo: La justicia mejorará si los ministros usan guayaberas (con florecitas)

Aníbal Santiago reflexiona sobre el desempeño de Hugo Aguilar Ortiz, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y sobre la extradición de decenas de criminales a Estados Unidos por parte del gobierno mexicano.

Texto de 26/01/26

Hugo Aguilar

Aníbal Santiago reflexiona sobre el desempeño de Hugo Aguilar Ortiz, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y sobre la extradición de decenas de criminales a Estados Unidos por parte del gobierno mexicano.

El ministro Hugo Aguilar Ortiz ha marcado un hito en la justicia mexicana. Así como lo leen. Y hasta hoy, su histórico legado es en materia textil. Afligido por lo que el traje y la corbata simbolizan en la historia nacional, con su vestir mandó un aviso desde que asumió sus funciones: “No, señores, yo trajes no”. México ha tenido figuras positivas trajeadas (como Benito Juárez, Francisco I. Madero, Jesús Reyes Heroles), pero las referencias de Hugo debieron ser Victoriano Huerta, Díaz Ordaz, Carlos Salinas. Villanos de traje y corbata.

Por eso, a Hugo lo vemos con guayaberas y camisas mixtecas, zapotecas, amuzgas, chinantecas, de luminosos bordados floridos y geométricos que crean las manos de esos pueblos indígenas.

Sin embargo, los detractores dirán que no se traslada a sus destinos caminando con huaraches de ixtle, montado en mula o en cayuco de ceiba. Como nos enteramos la semana pasada, igual que cada ministro de la Suprema Corte, Hugo opta por transportarse en camionetas Jeep Grand Cherokee recién adquiridas por el gobierno, con un valor promedio cercano a 2 millones de pesos por unidad. Hugo permite que su cuerpo dialogue con los baches gracias a una suspensión suave y aplomada; descansa en asientos ergonómicos que envuelven sus caderas en cuero nappa, terso y flexible; y combate el bochorno con aire acondicionado trizona que mantiene la temperatura corporal y reduce el estrés térmico.

Aunque los ministros del pueblo endilgaron a ese mismo pueblo el pago de casi 20 millones de pesos por los flamantes vehículos blindados, no hay abuso alguno: bien sabemos que triquis, tzeltales y coras se trasladan a sus campos de frijol, chile y maíz en Jeep Grand Cherokee desde antes de la llegada de los conquistadores españoles. Así, el gobierno de Claudia Sheinbaum protege e impulsa nuestra cultura milenaria y reivindica la raíz prehispánica.

Y si a alguien le molesta, en solo días nos olvidaremos de la adquisición millonaria y elogiaremos otra vez las camisas indígenas del transformador ministro Ortiz. ¿Que aún no transformó nada? Hey, no nos volvamos fachos-fifís-conservadores-prianistas-chayoteros.

En las últimas semanas, el gobierno ha entregado sin necesidad de burocráticos procesos de extradición a decenas de “criminales de alto impacto” (narcos) a Donald Trump. Hasta el viernes pasado sumaban 92 sujetos, conspicuos integrantes de los cárteles de Jalisco Nueva Generación, del Noreste, del Pacífico, del Golfo, Los Zetas y los Beltrán Leyva. Hay de mole, de dulce y de manteca.

No pensemos que esa entrega es, en realidad, una derrota del gobierno y la justicia mexicanas. No inventemos que no hay de otra más que regalarlos a Estados Unidos por la presión de su rubio presidente y porque en México corremos el riesgo de que en días los libere el aparato de justicia que está purificando Hugo Ortiz.

De ningún modo la renovada justicia excarcela criminales mediante amparos, negociaciones oscuras, apelaciones en medidas cautelares, impugnaciones o liberaciones bajo reserva. Tampoco porque jueces y fiscales sean blanco de ataques e intimidaciones, y la 4T no sepa cómo protegerlos.

No, decir que en México el narco campea gracias a esos instrumentos legales es absurdo, como lo es también afirmar que la entrega de todos ellos a Estados Unidos representa una derrota colosal de nuestra justicia, que desde que el pueblo la eligió va por excelente camino.

Es cierto, falta mucho por mejorar, pero el uso de camisas indígenas es un fantástico inicio: la evolución arranca en lo textil. Gracias por poner el ejemplo, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (qué chulas guayaberas). EP

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