Boca de lobo: El dedo índice de Sheinbaum

En esta columna, Aníbal Santiago reflexiona sobre los posibles escenarios y conflictos que se pueden derivar de la permanencia de Marcelo Ebrard en Morena.

Texto de 21/11/23

Dedo

En esta columna, Aníbal Santiago reflexiona sobre los posibles escenarios y conflictos que se pueden derivar de la permanencia de Marcelo Ebrard en Morena.

Tiempo de lectura: 3 minutos

Seria, adusta, áspera, con amargura como si asistiera a un velorio, Claudia Sheinbaum alzó su dedo índice y lo mostró a la cámara. El dedo que los humanos usan para señalar, ordenar, acusar, aclarar, la más poderosa aspirante presidencial lo elevó justo cuando la frase “una sola fuerza” salió de su boca: “[Ebrard] no puede ser ni la segunda fuerza, ni la tercera fuerza, ni la cuarta fuerza, porque Morena es una sola fuerza”. Una fuerza y no más, lo regañó.

“A Andrés Manuel nunca se le ve furioso. Claudia estaba furiosa.”

La científica pronunció esas 21 palabras no con una sonrisa, ni con la soltura e hilaridad que su padre político, el presidente, aplica cuando ataca a sus enemigos. Es decir, no fue capaz de emular el espíritu divertido y desenfadado (y por lo tanto, irritante) que guía siempre a Andrés Manuel cuando es momento de aplastar a alguien. A Andrés Manuel nunca se le ve furioso. Claudia estaba furiosa.

Horas antes, al anunciar que se mantiene en las filas del partido, Ebrard había mandado un recado a Claudia: “Si nosotros somos la segunda fuerza, debemos ser tratados como tales”. El mensaje fue un espantoso déjà vu del PRD, cuna de ambos personajes, donde por décadas las flechas, los tiros, los garrotazos, los bandos, fueron despedazando al partido hasta volverlo lo que es hoy: un pobre animal muerto.

A diferencia de Sheinbaum, Marcelo anunció su permanencia en Morena relajadísimo, junto a su amorosa esposa, e incluso con una sonrisa que estalló en el cierre de ese encuentro con los medios.

¿Por qué sonrió si ya no será candidato a la presidencia? Porque la otra alternativa era desaparecer de nuestro sistema político, caer en el abismo. Aunque herido, Marcelo dio un paso atrás para evitar su desplome fatídico. Ahora mueve una patita y eso, dado que estaba todo perdido, lo tiene feliz, o al menos muy, pero muy tranquilo. En el nuevo y larguísimo match de seis años que inicia en 2024 jugará de algo, quién sabe de qué, pero de algo. Por eso, cuando aquel día Marcelo expresó que su fidelidad al partido simbolizaba: “el inicio de un entendimiento con Claudia”, estaba soltando un amenazante: “Claudia, ahora tú me vas a entender”. Y por eso, a su vez, cuando en su intempestivo discurso ante las cámaras Claudia dijo: “Qué bueno que él [Marcelo] decidió quedarse”, eran imposibles más cólera y falsedad.

En esta carrera, la pura sangre Sheinbaum va ganando por muchos cuerpos de ventaja a una Xóchitl Gálvez que se tambalea en la pista y solo atina a reírse lastimosamente y callarse si el teleprónter le falla. ¿De qué le sirve a Sheinbaum la permanencia de Ebrard? Si acaso, sumar votos de la clase media, algo inútil cuando sin necesidad de su “apoyo” cabalgaba triunfante hacia la silla máxima.

Aunque lo niegue, Marcelo acaba de fundar una tribu. Su flamante “El Camino de México” es una tribu: la de los moderados de Morena, cuyos rivales serán los fundamentalistas de Morena con Sheinbaum como dirigente. A Morena le nació un hijo muy mal portado, desobediente, ofensivo.

Aún faltan siete meses para las elecciones presidenciales y Marcelo ya hizo enfurecer a Claudia, a quien en el proceso hacia las encuestas internas había acusado de inmoral y deshonesta (y al líder de su partido, Mario Delgado, de cobarde, por si faltara algo).

“Ya veremos cuántas veces Claudia no levanta su índice y lo muestra a la cámara, como una maestra frenética por la conducta del ingobernable Marcelo.”

La telenovela que durante los próximos años estelarizarán el galán Marcelo y la bella Claudia tendrá un “deliciossssso” nuevo capítulo cuando él exija un puesto. Hue-so. El hombre que fue secretario de Estado, el hombre que fue jefe de Gobierno, difícilmente aceptará una diputación plurinominal, la alcaldía de Milpa Alta o la titularidad de la Secretaría de Cultura. Va a querer algo pesado. Muy. “¿No me lo vas a dar? Prepárate, Claudia”.

Marcelo se queda en Morena. Morena tiene en sus tripas un horrible problema. Ya veremos cuántas veces Claudia no levanta su índice y lo muestra a la cámara, como una maestra frenética por la conducta del ingobernable Marcelo. EP

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