Boca de lobo: ¿Claudio, Carlos, Felipe y Vicente son tus amigos?

En esta columna, Aníbal Santiago reflexiona sobre la estrategia de vincular a Xóchitl Gálvez con algunas figuras de la política mexicana y sus posibles costos y consecuencias en materia electoral.

Texto de 25/07/23

Vicente, Claudio, amigos

En esta columna, Aníbal Santiago reflexiona sobre la estrategia de vincular a Xóchitl Gálvez con algunas figuras de la política mexicana y sus posibles costos y consecuencias en materia electoral.

Tiempo de lectura: 3 minutos

Reducido, somero, llano, inclusive pobre, el vocabulario del presidente es de eficacia magistral. Le bastan unas cuantas palabras y un puñado de nombres propios para crear un discurso que, si bien es infinitamente repetitivo, lejos de agotar al oyente es escuchado cada mañana con avidez.

En sus fieles se produce una misteriosa satisfacción, quizá porque los persuade de que la realidad es muy simple: solo existen “malos-malísimos”, aquellos que cuestionan a su ídolo, y “buenos-buenísmos”, ellos y Él. México es una película de Disney.

Pero ojo, no solo a sus amigos sino a sus críticos el discurso presidencial también los atrapa, su red arácnida los chupa: el discurso del mandatario es un manjar inagotable que mitiga su morbo. Cualquier cosa que diga es blanco de ataque y análisis. Y al otro día, con el morbo renovado, volverán a oírlo, a analizarlo y atacarlo.

“[…] sus 3 o 4 palabras son alquimia, letras vueltas flechas de oro que protegen a los suyos y se clavan en el pecho del rival”.

¿Importa la verdad de lo que dice? No, pero indefectiblemente sus 3 o 4 palabras son alquimia, letras vueltas flechas de oro que protegen a los suyos y se clavan en el pecho del rival.

Sin embargo, en esta batalla ultra conocida hay una novedad. En la vieja estrategia surge desde hace unas semanas un matiz: su estrategia no es del todo suya, sino que fue copiada del expresidente Felipe Calderón y su redituable “López Obrador es un peligro para México”.

Cada vez que escuchamos en el tabasqueño la frase “La señora Xóchitl”, hay detrás un mensaje venenoso: falsa indígena, corrupta, empresaria amparada por la mafia del poder, tamalera apócrifa, remedo de mujer de pueblo. O lo que es lo mismo, “Xóchitl Gálvez es un peligro para México”.

López Obrador taladra las mentes mexicanas para que al oír “La señora Xóchitl” aparezca en automático, sin remedio, esa negra asociación con el país que no queremos más. Hasta ahora, la senadora ha atajado los ataques: se apropia de los insultos y los revierte al primer mandatario, lo acusa de machista, insiste en que ella es su obsesión y no su alta responsabilidad como presidente.

En eso, bien. No obstante, hay otro frente contra el que Xóchitl puede hacer poco.

La “Cruella de Vil” mexicana, aclara el presidente, no está sola. Sin pruebas pero sin dudas, repite cuatro nombres propios para “informarnos” quiénes construyeron a la precandidata, la amparan y protegen (no se incluye él, que la catapultó al impedir su entrada a Palacio Nacional). Los fabricantes de Xóchitl son Claudio X. González, Carlos Salinas de Gortari, Calderón y Vicente Fox. Un día sí y otro también señala a esos personajes como la cofradía de corruptos sanguinarios que maniobran como les place a Xóchitl, su marioneta.

Y a estas alturas, reconozcámoslo, el estigma sobre ellos cuatro es implacable. Ante lo indeleble del mensaje oficial, limpiar su nombre es más difícil que volver nuestro sistema de salud mejor que el de Dinamarca.

“López Obrador taladra las mentes mexicanas para que al oír “La señora Xóchitl” aparezca en automático, sin remedio, esa negra asociación con el país que no queremos más”.

Y ellos, innegables adeptos de la legisladora, ¿qué hacen? Salinas guarda silencio, desde luego. Pero Claudio X. González lanza en sus redes una entrevista con Xóchitl y la frase: “Este minuto de #XóchitlGálvez es más valioso que años de mañaneras”. Calderón tuitea: “Los ataques a la señorona Xóchitl Gálvez le han favorecido a ella”. Y el penoso Fox declara públicamente que quiere su pensión de presidente de regreso y, por si fuera poco, pide a Xóchitl derogar los apoyos sociales en efectivo, un capital político que si la política hidalguense abandona se volverá un suicidio electoral. Lo cierto es que, cada vez que pueden, Calderón, Fox y X. González la respaldan.

Andrés Manuel ha instalado en la conciencia popular que los cuatro hombres son malos, y a eso no se le puede dar reversa. Hay una triple solución. Una, que por propia voluntad ellos la dejen de apoyar públicamente. Dos, que Xóchitl se deslinde de ellos con declaraciones claras (cosa que no hará para no enemistarse). O tres, que Xóchitl les pida “no me apoyes, compadre” y los convenza.

Si una de las tres cosas no sucede, el costo electoral que tendrá la idea de “Xóchitl es amiga de los malos” se contará en millones de votos. EP

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