Boca de lobo: Sin ascenso, ¿la Liga Expansión inicia una revolución?

Aníbal Santiago reflexiona sobre las dinámicas de poder y discriminación económica que se esconden detrás de la Federación Mexicana de Futbol y de las ligas de Primera y Segunda División.

Texto de 06/05/24

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Aníbal Santiago reflexiona sobre las dinámicas de poder y discriminación económica que se esconden detrás de la Federación Mexicana de Futbol y de las ligas de Primera y Segunda División.

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Vacías las tribunas del estadio, cada una de sus miles de butacas deshabitadas —sin gritos, mentadas, reclamos, alegría— representaban mucho más que el desinterés helado por lo que hacían 22 jugadores sobre el césped. En realidad, esas tribunas eran un castigo: “A este partido no voy porque lo repudio”. No recuerdo si mi pantalla transmitía un desolador Alebrijes vs Tepatitlán o un Mineros vs Celaya. Para el caso, no importa quiénes jugaban ante una escalofriante muchedumbre de ausencias. Lo que importa es la categoría para la que jugaban: la Liga Expansión, con sus gradas desiertas pese a que el futbol es el deporte más social del mundo.

“[…] la Federación Mexicana de Futbol anunció que el campeón de la Segunda División […] ya no tendría derecho a ascender a la Primera y que el peor equipo de la Primera División ya no descendería.”

Cuando el árbitro estaba por dar el silbatazo inicial, el comentarista soltó una alegoría implacable sobre ese vacío: “Este torneo sin ascenso, injusto, a nadie importa. Es como si un estudiante de medicina al que un profesor, en su primer día de carrera, le da de este modo la bienvenida: podrás tener mucho talento y ser estudioso, terminar las materias con excelentes calificaciones y desempeñar ejemplarmente tus residencias, pero tu esfuerzo valdrá nada porque esta universidad jamás te dará el título de médico”.

Para quienes ignoren de qué hablo, lo explico: hablo de la Segunda División del futbol mexicano, la Liga Expansión. ¿Leyeron “futbol mexicano” y ya se quieren ir? ¡No, no, no!, aguarden, por favor, pues esta liga es una película de México. Prometo ser breve.

Esta historia inicia así. En 2019, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) anunció que el campeón de la Segunda División (la Liga de Ascenso) ya no tendría derecho a ascender a la Primera y que el peor equipo de la Primera División ya no descendería. Aunque embrollada semánticamente, dieron esta razón: “Los equipos de la segunda categoría son muy pobres y su ascenso mancha la categoría de los ricos. Los pobres no se bañan y contaminan con su hedor el aire fragante de los ricos”. Para sinceros, a los poderosos el hedor les valía. La causa de la nueva medida fue evitar poner en riesgo su capital. “Si jamás desciendo, mi dinero está seguro aunque mi equipo sea un desastre”.

No obstante, creamos por un instante el argumento de que “son inadmisibles los equipos pobres”. Falacia uno, si hacemos una revisión histórica de nuestro futbol, equipos que vinieron de la pobreza, justamente al ascender treparon a la clase media e incluso se volvieron ricos. O sea, ganaron el duelo definitivo de su categoría, subieron y se consolidaron. En 1962 Pumas venció al Cataluña y ascendió. En 1960 Monterrey venció a Ciudad Victoria y ascendió. En 1964 Cruz Azul derrotó a Orizaba y ascendió. En 1973 Tigres venció a Leones Negros y ascendió. Podemos seguir con pruebas de que, al menos en el fut, trepar en la escala social es posible si se suman méritos deportivos y luego se aprovechan las ventajas de codearse con la élite.

¿Cuál ha sido el efecto de cancelar el ascenso en la Liga Expansión? Desde luego, los equipos de esa división pierden estímulo para ser campeones. “¿Me desvivo en la cancha aunque nunca tenga premio?”, duda el jugador. “¿Invierto en el equipo aunque nunca suba de categoría?”, se cuestiona el directivo. “¿Pago un boleto para alentar aunque mi equipo jamás ascienda?”, reclama el aficionado que huye de la tribuna fantasmagórica.

La falta de lucidez de la FMF no solo destroza la Liga Expansión, sino su alhaja de oro florentino, la Primera División:

  1. El deseo de los equipos de la élite por comprar estrellas decae pues su capital no está en riesgo.
  2. La Primera División perdió el 50 % de su emoción porque antes era aún más dramático lo que pasaba abajo de la tabla que lo de arriba (y había dos competencias en una).
  3. El descenso creaba una sana angustia competitiva: el abismo estaba adelantito, y por eso equipos históricos como Zacatepec, León, Correcaminos, Celaya, Toros Neza, dejaban la piel ante estadios que sus poblaciones atiborraban para seguir entre los grandes y no caer a una asfixiante categoría inferior de la que quizá ya nunca saldrían.  
  4. La falta de castigo causa que los equipos cuyas directivas defienden a sangre y fuego el no ascenso y no descenso —los grupos Salinas, Orlegi y Caliente— tengan año tras año a sus clubes, Puebla, Atlas, Xolos, Santos y Mazatlán, en el vergonzoso fondo de la tabla de Primera División.

“Inventaron el no descenso para blindar sus inversiones. Prefirieron navegar en la mediocridad con salvavidas”, escribió hace días el periodista deportivo Ignacio Suárez.

¿Por qué antes resultaba impensable anular el ascenso y descenso? El presidente de Primera División tenía cierta independencia de los clubes. Hoy, esa figura, Mikel Arriola, es servicial con los clubes, cuyo interés se impone así: “Mikel, si valoras tu cargo, nada de ascenso y descenso. ¿Entendido?”. Sin embargo, ante la presión mediática, Mikel creó una válvula de escape: la “Certificación”. Si los clubes de Expansión cumplen la Certificación podría evaluarse su ascenso, dijo. Todo fue una trampa. Aquí los requisitos de la Certificación: Infraestructura, Control Económico, Estructura Institucional, Fondo de Mejoras, Consultor Externo, Plan de Negocios.

Varios equipos de la Liga Expansión han luchado por lograr esa perversión inalcanzable que nada tiene que ver con la cancha, pero la respuesta de Mikel es cínica, por poco es así: lo cumpliste casi todo pero también era obligatorio que tu estadio tuviera iluminación de tantos watts; tu club debía inaugurar oficinas en China; necesitabas una nutrióloga egresada de Oxford e instalar un jacuzzi con burbujas exfoliantes. Lástima, Margarito. No serás de Primera.

El único interés es eternizar su negocio, aunque día tras día sus clubes sean los peores y merezcan descender. El futbol no es poseer una tienda de relojes, autos o baños. El futbol es propiedad colectiva.

“Magnates del balón, comprendan: los dueños mayoritarios del futbol no son ustedes. Es la gente.”

Días atrás, Emilio Escalante, presidente del Atlante (multi campeón sin ascenso de la Liga Expansión), harto del atropello declaró: “Ya estoy pateando la puerta porque queremos de una u otra forma entrar por la puerta, por la ventana, por el techo, ya veremos por dónde, pero vamos por Primera División”. Si quieres entrar por el techo, algo tienes que romper. Sus palabras suenan a revolución.

El poder en México, en cualquiera de sus formas, incluyendo el futbol, no puede ser tan indecente e impune. Magnates del balón, comprendan: los dueños mayoritarios del futbol no son ustedes. Es la gente. EP

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