
Aníbal Santiago expone la contradicción entre la celebración rumbo al Mundial 2026 y la realidad de violencia que atraviesa México.
Aníbal Santiago expone la contradicción entre la celebración rumbo al Mundial 2026 y la realidad de violencia que atraviesa México.
Texto de Aníbal Santiago 25/11/25

Aníbal Santiago expone la contradicción entre la celebración rumbo al Mundial 2026 y la realidad de violencia que atraviesa México.
La noticia flotó inadvertida igual que vuela una pelusa en una recámara vacía: “Suman 456 bolsas con restos humanos hallados cerca del estadio Akron, sede del Mundial 2026”, informó el jueves Aristegui Noticias. Nada: ese pavor contenido en tres cifras (456) no ocupó titulares, no se discutió en redes ni, desde luego, fue mencionado por el gobierno, cuya mandataria, en pleno Palacio Nacional, prefirió arrojar balones de regalo a la prensa.
Por esos misterios del inconsciente, cuando vi a Claudia Sheinbaum con una sonrisa estirada hasta las orejas como yo jamás, desde que la conozco, le observé (¿sonrisa del Guasón?) con montones de balones delante suyo para regalar y lanzar, hice una asociación y la imaginé aventando no 456 balones, sino 456 bolsas negras con restos humanos. Cada balón representaba una bolsa con personas, como tú o yo, solo que descuartizados como pollos. “Anden, échense unas dominaditas”.
Decenas de miles de aficionados, entre ellos una multitud de extranjeros, caminarán por los alrededores del estadio de Chivas para ver un partido mundialista: sus pies estarán pisando la última morada, la tierra yerma donde personas, mujeres y hombres, fueron arrojadas como desperdicios. Su vida no valió nada. Quizá las suelas de los fanáticos aplasten costras de sangre que brotaron de las bolsas.
¿Qué tanto simboliza que 456 bolsas con cuerpos despedazados fuesen abandonadas cerca de un espacio que debería ser solo un volcán de alegría? Que en México la alegría no logra ser plena. Que para todos esos que controlan México con drogas, crueldad y armas la vida se cotiza en menos que la basura. Que la autoridad es un fantasma incapaz de poner límites a los malos que, echando cuerpos al lado del estadio del equipo más popular, se burlan de ellos. En su cara: “Ahí tienes tu pinche Copa Mundial de sangre, músculos y huesos humanos trozados”. Que el show deportivo internacional oculta al México real, el de cadáveres infinitos. Que los valores elementales, como la protección de la vida, son inaudibles porque nos aturde el carnaval de un evento deportivo que, falsamente, representa paz y unión.
La próxima Copa Mundial se parecerá mucho a un cuento de Edgar Allan Poe que el país entero debería leer: “La máscara de la Muerte Roja”. La aristocracia que venera al príncipe Próspero celebra suntuosamente en un palacio en instantes en que la peste devasta al exterior, al pueblo. A medianoche, la Muerte Roja se cuela enmascarada a la fiesta y, uno a uno, los miembros de la élite caen muertos. Lujo, disimulo y muerte en la fiesta del terror, y fuera de ella.
México es la máscara de la Muerte Roja y para demostrarlo —no con palabrería sino con estadísticas—, echemos una miradita al Global Organized Crime Index 2025 divulgado el viernes 21 de noviembre. De 195 países que suma la Tierra, somos el número uno en crimen organizado. No ganaremos la Copa del Mundo pero en masacres no nos gana ni Afganistán. ¡Que viva la hecatombe, que ruede el balón!
Ya lo dijo la presidenta la semana pasada: “La gente está feliz”. ¿Y qué se hace cuando se desparrama felicidad? Se festeja.
En días en que México llega a siete años de gobierno de MORENA rompiendo las marcas históricas de homicidios y desapariciones, Sheinbaum anuncia un megafestejo en el Zócalo porque somos un país de alegría colosal.
“Hay mucho que celebrar. Récord en inversión extranjera directa, celebración. Supercomputadora más grande en América Latina, celebración. Todos los adultos mayores tienen pensión universal, celebración. Todos los jóvenes de secundaria tienen beca, celebración. Todos los de preparatoria tienen beca, celebración. El aumento de 125 % del salario mínimo es algo que celebrar“.
Y siguió enumerando regocijos. Pero se le olvidó un dato: 220 mil asesinados en lo que va de la 4T y 456 bolsas negras. EP