Las ambigüedades estratégicas de México

En este texto, Raúl Benitez analiza la posición de México frente a un sistema internacional cada vez más complejo y convulso.

Texto de 19/09/22

En este texto, Raúl Benitez analiza la posición de México frente a un sistema internacional cada vez más complejo y convulso.

En términos de seguridad internacional, México vive una gran ambigüedad respecto de cómo posicionarse —o no— en un sistema internacional que ha mostrado grandes cambios. Se han abierto conflictos que desafían a todos los países del globo, como la invasión de Rusia a Ucrania iniciada el 24 de febrero de 2022. Este acontecimiento llevó a una condena global generalizada en el seno de la ONU, por haber sido una clara intervención militar, pero posteriormente, América Latina y México, se han abstenido de acompañar a Estados Unidos, Canadá y Europa en el embargo financiero y comercial a Rusia.1

“A partir de esta cubeta de agua fría, Estados Unidos entendió el mensaje de México. Las relaciones entre los dos países son bilaterales, en comercio e inversiones Canadá también es socio estratégico, y nada más.”

En la “Declaración sobre Ucrania”, sometida en el Consejo Permanente de la OEA, celebrado el 25 de febrero de 2022, Brasil, Bolivia, Argentina, Nicaragua y El Salvador se abstuvieron de condenar abiertamente a Rusia, abriendo las cartas para el crecimiento de una postura de distancia frente al llamado “Bloque Occidental” proucraniano.2 México al inicio respaldó la postura impulsada por Estados Unidos y Canadá, pero posteriormente se fue alejando de sus socios comerciales. La distancia estratégica con nuestro vecino que a su vez es la potencia líder del planeta, se abrió aún más cuando su gobierno intentó convocar a los líderes del continente a la llamada Cumbre de Las Américas, celebrada en Los Ángeles entre el 6 y el 10 de junio de 2022. El presidente Joe Biden se llevó la desagradable sorpresa de que en su espacio geopolítico más cercano los líderes se deslindaban de sus posiciones y rechazaba su convocatoria, y uno de los disidentes fue el propio presidente Andrés Manuel López Obrador. A partir de esta cubeta de agua fría, Estados Unidos entendió el mensaje de México. Las relaciones entre los dos países son bilaterales, en comercio e inversiones Canadá también es socio estratégico, y nada más. 

Estados Unidos observa con nostalgia como es desplazado en el continente principalmente por China, se debilita su liderazgo, y se refleja la división interna hiper polarizada entre los demócratas-liberales encabezados por el presidente Joe Biden, y los totalitarios y nativistas liderados por el expresidente Donald Trump y sus seguidores, que pueden alcanzar las mayorías legislativas el próximo 8 de noviembre. ¿Qué hará México cuando el sentimiento nativista se extienda y afecte las relaciones con el gobierno federal de ese país? ¿Cómo negociará con líderes ultraconservadores antimexicanos como el gobernador de Texas Greg Abbott?

El sueño de ser el líder de América Latina ha estado presente en México desde hace décadas, pero nunca se ha logrado. Difícilmente se puede encabezar a países tan diferentes en tamaño y pretensiones de liderazgo, como son Brasil, Argentina, Venezuela, Colombia, Chile e incluso Cuba, pero se está abriendo un raro consenso anti-Estados Unidos, que es imposible de neutralizar por el propio Estados Unidos o su presidente. Se habla de ideologías de izquierda que identifican a los líderes, pero esta corriente no logra su consolidación en América Latina, pues ninguno de los países que pretenden ser los punteros, principalmente Brasil —por ejemplo durante los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso y Lula—, y Venezuela con Hugo Chávez, empleando la fórmula de regalar petróleo para obtener apoyos. México es más chico estratégicamente cuando se convoca a grandes esfuerzos, como fue la misión de paz de Haití en 2004, donde los países de América del Sur (Chile, Argentina, Brasil y Uruguay) tenían pasos consolidados en esfuerzos multinacionales convocados por la ONU.  Eso teniendo en cuenta que un “puente aéreo” entre México y Puerto Príncipe no hubiera sido difícil de establecer logísticamente, pues esa ciudad está casi a la misma distancia que Tijuana. La Ciudad de México está a 2,817 km de Puerto Príncipe, y a 2,774 km de Tijuana. Sólo teniendo en cuenta las distancias, que cuentan mucho en operaciones de paz para el sostenimiento de las tropas, la capital haitiana está a 5,786 km de Santiago de Chile, 6,092 de Buenos Aires o a 4,603 de Brasilia.

“Sin embargo, México hace sobrevivir su economía, como dice el presidente, gracias al comercio bilateral y al gran envío de remesas de los migrantes, que asciende a 50 mil millones de dólares anuales”.

América Latina, a pesar de ser la región del mundo menos afectada por la invasión rusa a Ucrania, se sumó a la neutralidad activa de China, y la India. Rusia y China han desarrollado vínculos con la mayoría de los países de América del Sur, que compiten —e incluso desplazan— a Estados Unidos. Este país ya no es el hegemón en el continente, solo una más de las potencias.3 Sin embargo, México hace sobrevivir su economía, como dice el presidente, gracias al comercio bilateral y al gran envío de remesas de los migrantes, que asciende a 50 mil millones de dólares anuales. En 2021, México fue el segundo socio comercial de Estados Unidos con un comercio de 661 mil millones de dólares. Canadá fue el primero, con 664,161 millones de dólares, y China el tercer lugar, con 657,432 millones de dólares.

En otras palabras, el vínculo económico trinacional del TMEC es estratégico. No importa la diplomacia o posiciones disidentes entres los tres países de América del Norte en otros ámbitos. Para los dos países socios de México en América del Norte, el nacionalismo discursivo del presidente López Obrador puede coexistir sin problema: lo importante son las garantías de inversión, comercio y reglas claras.4 Lo demás es secundario, y pertenece a la vida de cada país y su relación con los vecinos. Incluso, los conflictos se pueden manejar y negociar de forma cotidiana. Son parte consustancial de las relaciones. La agenda es amplia, incluye, encabezando la lista, los dos talones de Aquiles fuera de control entre México y Estados Unidos: migración y narcotráfico.5 Se le suman diferencias de opinión -que en ocasiones se expresan en conflictos- los temas de políticas energéticas, ambientales, las debilidades del sistema de justicia mexicano, y las expresiones de que el gobierno de México no tiene capacidad de controlar parte importante del territorio por el avance de los grupos criminales. 

El jefe del Comando Norte de Estados Unidos, el general Glen VanHerck, señaló el 17 de marzo de 2021 que “las organizaciones mexicanas del crimen organizado transnacional tienen presencia en entre el 30 y 35 por ciento del territorio mexicano, en áreas que son con frecuencia ingobernables”.6 Este fenómeno fuera de control por el gobierno de México, señaló el general, causa muchos de los problemas que está enfrentando Estados Unidos. Y el gobierno de México, en respuesta, atribuye a la libertad de posesión y venta de todo tipo de armas en Estados Unidos como la principal causa de la violencia en México. La sumatoria de reclamos entre las partes se ha vuelto cotidiana y no altera la necesidad de la relación bilateral de convivencia interdependiente.  

Sin embargo, a manera de conclusión, Estados Unidos sigue siendo la potencia líder del planeta, es donde viven más 30 millones de mexicanos (entre los ya nacionalizados, los mexicanos con residencia legal, y los que no tienen documentos en regla), y México es la economía 14. Si esta interdependencia desigual persiste, pues la economía de Estados Unidos es 25 veces más grande que la mexicana, México parece ser, porque así lo han decido sus líderes, un actor estratégico achicado. 

“Sus sistemas autoritarios, y su pragmatismo en la forma como se expanden militarmente por el mundo, como Rusia, y como la replican sus aliados en América Latina, no han llevado ni siquiera a una tímida reflexión sobre las amenazas a la estabilidad global”.

La crisis de Ucrania en 2022 y las graves alteraciones al equilibrio global entre los países del mundo que ésta ha provocado, no afecta, por el momento, la vecindad en América del Norte. La crisis de energía en Europa, de alimentos en África, o la inflación que se vive en todos los países del mundo, no altera al Estado mexicano. Se vive una cómoda línea de flotación para ser un país “independiente” de las superpotencias en política exterior, sin importarnos que a veces nos acercamos a potencias que están muy lejos de practicar la democracia y los valores occidentales y liberales. Sus sistemas autoritarios, y su pragmatismo en la forma como se expanden militarmente por el mundo, como Rusia, y como la replican sus aliados en América Latina, no han llevado ni siquiera a una tímida reflexión sobre las amenazas a la estabilidad global. El nacionalismo aislacionista nos obnubila estratégicamente desde hace años y nada parece modificarlo. EP

  1. José Antonio Sanahuja, Pablo Stefanoni y Francisco Verdes-Montenegro, “América Latina frente al 24-F ucraniano: entre la tradición diplomática y las tensiones políticas”, Fundación Carolina, Madrid, Documento de Trabajo No. 62. []
  2. @OEA_oficial “Declaración “La situación en Ucrania” Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos”. []
  3. Jorge Heine y Andres Serbin “China y Rusia: ¿nuevo eje autoritario o antigua entente cordial?”, Foreign Affairs Latinoamérica, Vol. 22: Núm. 3. []
  4. Clare Seelke, “Mexico: Background and U.S. Relations”, Congressional Research Service, Documento  R42917, Washington, March 21, 2022. []
  5. June Beittel, “Mexico: Organized Crime and Drug Trafficking Organizations”, Congressional Research Service, Documento  R41576, Washington,  June 7, 2022 []
  6. El Financiero, México, 18 de marzo de 2021. []
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