
Una genealogía de las derechas radicales en México, donde la religión y la política se entrelazan entre conspiraciones, disputas internas y nuevas formas de inserción en la vida pública.
Una genealogía de las derechas radicales en México, donde la religión y la política se entrelazan entre conspiraciones, disputas internas y nuevas formas de inserción en la vida pública.
Texto de Fernando M. González 14/07/25

Una genealogía de las derechas radicales en México, donde la religión y la política se entrelazan entre conspiraciones, disputas internas y nuevas formas de inserción en la vida pública.
En la larga marcha de las asociaciones católicas formadas durante el siglo XX y lo que va del XXI, es necesario tener en cuenta los cambios en sus contextos, objetivos y las pugnas tanto intra como interasociativas. De lo contrario, podríamos suponer continuidades que un análisis riguroso no sostendría. Algunas de estas asociaciones son calificadas como secretas —lo que termina por mutilar parte de su especificidad— por quienes no pertenecen a ellas, aunque no necesariamente se perciben así en su propio campo. De hecho, miembros del alto clero las conocían e incluso las promovían, como fue el caso de la denominada Unión de Católicos Mexicanos, o simplemente la U, y los llamados Conejos.
La U fue fundada y promovida por el director del seminario de Morelia, Luis María Martínez, y por el laico Adalberto Abascal, 1 en 1915, y fue la principal organización que sostuvo la guerra Cristera. 2
Los Conejos, asociación que nació en 1934, aproximadamente, en la Ciudad de México, fue integrada por alumnos de las escuelas maristas y lasallistas y recibió el aval del ya para entonces arzobispo de México y fundador de la U, Luis María Martínez. 3
Por su parte, las Brigadas Santa Juana de Arco, que dependían de la U, fueron un grupo de mujeres que avituallaban a los cristeros, debido a que habían sido fundadas por un miembro de esta organización. En este caso, la U se desdobló al crear a las brigadas.
Como se aprecia, reducir estas asociaciones a ser denominadas solo como secretas no abarca su especificidad, de ahí que en el propio campo católico se les denominaba agrupaciones reservadas o discretas. El rigor o las condenas de los papas contra la masonería como grupo secreto se atenuaban en el caso de las agrupaciones católicas internas porque dependía quién supiera de ellas y si de alguna manera se podían controlar y servir para llevar a cabo acciones de la política eclesial que, en el límite de la violencia, sirvieran a algunas cúpulas eclesiásticas. En algunos casos, estos grupos eran vistos como un “mal menor”, pero necesario.
Hubo otros, como las Legiones, fundadas en 1931 por un exmiembro de la U y la Liga, 4 que promovían la acción directa y terminaron siendo neutralizadas gracias a la labor de dos jesuitas; parte de sus huestes se pasaron a lo que sería después la Base, organización secreta-discreta del sinarquismo.
El caso de la agrupación estudiantil nacida en Guadalajara al calor de la educación socialista, en 1934 —la Asociación Fraternaria de Estudiantes de Jalisco (AFEJ)—, es particularmente revelador. Esta organización impulsó la escisión de la Universidad de Guadalajara 5 y fue responsable de la creación de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG). A sus dirigentes muy pronto se les conoció como los tecos. 6 Su caso resulta aleccionador, pues contó con el aval a trasmano de miembros de la Compañía de Jesús y del arzobispo José Garibi Rivera durante más de veinte años.
Sin embargo, en mayo de 1958, la situación cambió con la fundación del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) —establecido el 31 de julio de 1957—, universidad dirigida por la Compañía de Jesús. Los directivos de la UAG que pertenecían a la sociedad secreta-reservada consideraron que el ITESO atentaba contra su universidad, tanto en lo económico como en lo ideológico. En consecuencia, decidieron atacar salvajemente las instalaciones de esa incipiente universidad, acción que provocó una condena cercana a la excomunión por parte del arzobispo Garibi y la ruptura de relaciones con la Compañía de Jesús. 7
En mi opinión, su caso es aleccionador porque causó un conflicto directo con la máxima autoridad eclesiástica de Guadalajara y la orden jesuita. La Compañía de Jesús estaba acostumbrada a jugar en diversas canchas con diferentes lógicas, sea en sociedades abiertas o secretas-discretas.
A la par, en Puebla se fundó la denominada Orquesta Yunque, en 1953, gracias en buena medida a los auspicios del jesuita tapatío Manuel Figueroa Luna. 8 El Yunque estuvo compuesto en un principio por alumnos del Benavente (lasallistas) y del Instituto Oriente (jesuitas).
Dos años después, en 1955, miembros del Yunque fundaron también en la capital poblana un grupo con doble piso: el Frente Universitario Anticomunista (FUA), es decir, se trataba de una asociación pública y a la vez secreta-discreta. En los años sesenta iniciaron la expansión en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y crearon el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO) con las mismas características de doble fondo del FUA. Tanto los tecos como los yunques formaron asociaciones públicas con fines determinados que tenían objetivos específicos y podían servir de filtro para nuevos militantes.
Hasta aquí he hecho una síntesis parcial de algunas organizaciones denominadas secretas-discretas que marcaron la primera mitad del siglo XX en México. 9 A continuación, dedicaré la segunda parte de este texto a dar unas pinceladas de las últimas décadas del siglo XX y parte del presente en el caso de las organizaciones citadas y algunas de sus trayectorias.
En los sesenta, el campo católico se reconfiguró sustancialmente gracias a corrientes que venían armándose de tiempo atrás y que el Concilio Vaticano II terminó de consolidar. Entre las nuevas perspectivas del catolicismo en México podríamos hablar de las novedades ocurridas en la diócesis de Cuernavaca durante el mando de a quien con los años se le denominó el “obispo Rojo”. Me refiero a las posiciones que fue tomando el obispo Sergio Méndez Arceo, 10 así como a las propuestas que se hicieron desde el Centro Intercultural de Documentación (CIDOC), fundado a inicios de la década por el sacerdote Iván Illich, lugar de confluencia y pasaje de las corrientes más progresistas de América Latina. Sin duda, las posiciones de Illich se constituyeron en una fuente contrainstitucional y de autocrítica hacia la institución católica. 11
Otro caso fue el del convento benedictino de Santa María de la Resurrección, dirigido por el monje belga Gregorio Lemercier, quien revolucionó la arquitectura religiosa y la liturgia 12 con misas en castellano y un altar orientado hacia los fieles, entre otras medidas. Además, abrió el convento a una tecnología laica considerada entonces atea y pansexualista: el psicoanálisis en su versión grupal, lo que provocó un fuerte revuelo en Roma. Tras sufrir una alucinación a causa del cáncer en un ojo, Lemercier fue capaz de no confundirla con una aparición, y propuso que dicha tecnología laica sirviera para purificar la fe y la vocación de los candidatos al monacato. Partía del hecho de que esta no era solo un llamado de Dios, sino también una construcción social.
Por otra parte, además de esta trinidad sacerdotal innovadora, destaca la experiencia feminista impulsada por Betsie Hollants y su asociación civil denominada Comunicación, Intercambio y Desarrollo Humano en América Latina, cuya finalidad es promover los derechos humanos de las mujeres. 13
En el extremo opuesto sobresalen los ya mencionados yunques y tecos, quienes, a partir de un contencioso ocurrido en 1965 —cuando los tecos consideraron que el papa Paulo VI era un judío askenazí—, conminaron a sus “primos hermanos” a unirse a ellos y declarar la sede vacante. 14 Los yunques —a pesar de sus reservas frente a varios cambios conciliares— decidieron que no era el caso, y ahí comenzó una pugna que, en la década siguiente, tuvo consecuencias mortales: los tecos asesinaron al líder de los yunques, Ramón Plata Moreno, 15 así como al jefe de estos en Guadalajara, Jorge Kalfopulos, junto con su hijo.
Si los tecos comenzaron, a inicios de los años sesenta, a acercarse al Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Jalisco, los yunques originarios, una vez que dejaron la universidad, se incorporaron a organizaciones empresariales como la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (Concanaco). Fundaron una universidad en Puebla a inicios de los años setenta, la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), y, en la segunda mitad de esa década, comenzaron a infiltrar al Partido Acción Nacional (PAN). Ya en los años ochenta buscaron insertarse más formalmente en ese partido, participando de manera paralela en la campaña de Manuel Clouthier. Gracias al entonces presidente del PAN, Carlos Castillo Peraza, fueron muy bien recibidos en el Consejo Directivo durante la década de los noventa.
Es importante señalar las diversas etapas del proceso del Yunque hacia la política, que van de la infiltración a la inserción, y luego a la integración dentro del gobierno, lo cual cambió inevitablemente su manera de proceder, sobre todo cuando perdieron buena parte del poder político como Yunque-panistas con el advenimiento del supuesto “nuevo PRI”. Además, habría que considerar su expansión internacional y sus alianzas con el partido español Vox, temas que rebasan con creces los límites de este sintético texto.
Por último, haré una consideración hipotética: hasta los periodos presidenciales de Vicente Fox y Felipe Calderón, las derechas radicales no habían abandonado una posición identitaria que, en principio, podía localizarse fácilmente en los temas que sostenían. Cuando quedaron viudos del anticomunismo tras la caída del Muro de Berlín, continuaron enfocándose en asuntos de moral sexual. Sin embargo, con el advenimiento de personajes como Eduardo Verástegui, las cosas comenzaron a cambiar sin terminar de reconfigurarse. Cabe recordar que Patricio Slim fundó el Movimiento de Participación Solidaria y luego el Partido Solidaridad, que no logró el registro. Por otro lado, en marzo de 2005, Hugo Eric Flores creó la Agrupación Política Nacional Encuentro Social, y más tarde constituyó el Partido Encuentro Social (PES), que obtuvo su registro en 2014 y consiguió ocho diputaciones en las elecciones intermedias. Luego —“sorprendentemente”—, en 2018 se unió a Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), 16 una vez que fracasó el intento de nombrar a Eduardo Verástegui como candidato, aunque perdió el registro. Esta situación no fue obstáculo para que el citado Hugo Eric Flores obtuviera un nuevo registro, ahora para el Partido Encuentro Solidario, en septiembre de 2020, el cual volvió a perder en septiembre de 2021.
El caso de Eduardo Verástegui y su organización ¡Viva México! representa una nueva reconfiguración —aún no plenamente lograda— del campo de las ultraderechas mexicanas: por un lado, opina igual que los yunques en cuestiones de moral sexual, eutanasia, aborto, etc.; por el otro, manifiesta su apoyo a Donald Trump y al movimiento Alternative Right, que abarca desde populistas de derecha hasta supremacistas blancos y ultranacionalistas. Así pues, esta es otra manera de insertarse en la política mexicana.
No me puedo extender más. Espero haber ofrecido en este escrito una mirada parcial de las culturas de derecha y ultraderecha, en las que la religión y la política se conjuntan. EP