Las fuerzas armadas de Estados Unidos hoy: mínimo compromiso y mínimo riesgo

Es indiscutible que Estados Unidos tuvo la hegemonía militar durante la Guerra Fría. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, su capacidad operacional en tierra, mar y aire sobrepasó por mucho la de cualquier otro país, incluyendo la Unión Soviética. Más aún, su hegemonía quedó forjada tras la Guerra del Golfo, en la que, mediante una […]

Texto de 24/08/16

Es indiscutible que Estados Unidos tuvo la hegemonía militar durante la Guerra Fría. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, su capacidad operacional en tierra, mar y aire sobrepasó por mucho la de cualquier otro país, incluyendo la Unión Soviética. Más aún, su hegemonía quedó forjada tras la Guerra del Golfo, en la que, mediante una […]

Es indiscutible que Estados Unidos tuvo la hegemonía militar durante la Guerra Fría. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, su capacidad operacional en tierra, mar y aire sobrepasó por mucho la de cualquier otro país, incluyendo la Unión Soviética. Más aún, su hegemonía quedó forjada tras la Guerra del Golfo, en la que, mediante una combinación de campañas por mar y tierra, anuló completamente la capacidad militar del Irak de Sadam Husein.

Hoy la realidad es muy diferente. Los tomadores de decisiones en Estados Unidos han determinado que el país no puede mantener el estatus de potencia hegemónica militar mundial. Los desastres militares en Afganistán e Irak, así como las restricciones presupuestarias, son las razones principales para el cambio de su política militar.

Los recortes al presupuesto de las fuerzas armadas estadounidenses en 2014, anunciados por el entonces secretario de Defensa, Chuck Hagel, probablemente representan la mayor amenaza a la hegemonía militar de Estados Unidos. En el año fiscal 2015, el Departamento de Defensa obtuvo un presupuesto menor a 500 mil millones de dólares, lo cual simboliza una reducción en casi 30% con respecto al del 2011. Por otro lado, el gasto militar oficial de China fue de 200 mil millones de dólares en 2015 y ha aumentado a una tasa anual del 4.5%, mientras que el gasto militar ruso se aproxima a los 100 mil millones. Con estas proyecciones, el gasto militar combinado de China y Rusia igualará o sobrepasará al de Estados Unidos dentro de una década. Con esto, la idea de un contrapeso para la hegemonía militar del país norteamericano se ha convertido en una realidad.

Los recortes en el presupuesto afectarán más al Ejército de Estados Unidos, pues se espera que su fuerza de servicio activo actual, que ronda los 520 mil soldados, se reduzca a 420 mil en los próximos años. Esto, en efecto, representará la menor fuerza militar activa que Estados Unidos haya tenido desde principios del siglo XX. Asimismo, la Marina también se verá perjudicada, ya que, a pesar de que la doctrina actual exige que mantenga una flota de 11 grupos de portaaviones, los recortes presupuestales estiman una reducción de entre dos y cinco de ellos, lo que disminuye severamente la capacidad de despliegue de la Marina con respecto al 2015.

Por otro lado, la reducción del gasto militar planteada por el presidente Obama también ha contribuido al problema de la moral de los soldados, pues, según un análisis de la Institución Brookings en 2012, las guerras en Irak y Afganistán han provocado una crisis de confianza dentro del propio Ejército.

En una encuesta de 2013 realizada por el diario The Washington Post, el 50% de los veteranos y soldados en activo piensa que la guerra de Irak no fue digna de lucharse. Además, en un informe de abril de 2015 se muestra que más de la mitad de los soldados en servicio activo se siente pesimista sobre su futuro en el Ejército. Lo más sorprendente es que casi el 40% de los soldados encuestados no confiaba en sus supervisores ni en sus compañeros, y tampoco se sentía respetado ni valorado.

A grandes rasgos, los cambios en el presupuesto han provocado una modificación a las estrategias militares, las cuales han obligado al Ejército a responder a amenazas, imprevistas y previsibles, en forma azarosa y casuística, lo que socava la confianza en el poder y las capacidades de Estados Unidos. Esta nueva estrategia minimalista no se ajusta a una realidad en la que persisten graves amenazas a la seguridad internacional, como el extremismo religioso, las pruebas nucleares de Corea del Norte y el surgimiento militar de China y Rusia. Hay una posibilidad real de que Estados Unidos se quede a la zaga de alguno de sus rivales. Quizás el principal problema sea un análisis estratégico inadecuado: Obama piensa que el mundo está en posguerra, pero no es así, y desafortunadamente muchos de los problemas que hoy existen fueron creados por su propia administración, como la crisis en Irak y Siria.

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