La mirada de Cuéllar: Manuel Álvarez Bravo

“Poco conversábamos de fotografía y, aunque me decía que le llevara algo de mi trabajo, la admiración que sentía por él me llenaba de un gran pudor y nunca le mostré nada. Era un hombre afable, generoso.”

Galería de Rogelio Cuéllar  26/06/20

Conocí la fotografía de don Manuel en los años setenta y puedo decir que fui discípulo suyo sin que él lo supiera. Mi trabajo de retrato de creadores, de desnudo femenino y de paisaje está indudablemente marcado por su influencia. Durante las esporádicas veces que lo visité en su casa-estudio a partir de la década de los ochenta, me hablaba de música y de una de sus grandes pasiones: el grabado. Poco conversábamos de fotografía y, aunque me decía que le llevara algo de mi trabajo, la admiración que sentía por él me llenaba de un gran pudor y nunca le mostré nada. Era un hombre afable, generoso. La última vez que lo vi fue en Bellas Artes durante el festejo por su cumpleaños. EP

Manuel Álvarez Bravo (Ciudad de México, 1902-2002) Uno de los más notables fotógrafos de México y de toda América Latina, Álvarez Bravo contribuyó de manera importante al desarrollo de la fotografía moderna. Compró su primera cámara en 1924. El fotógrafo Edward Weston fue determinante para afirmar su vocación. En 1930 incursionó en el cine con la película ¡Que viva México!, de Sergei Eisenstein, y participó en rodajes de John Ford y Luis Buñuel. Él mismo fue, además, realizador de varios cortometrajes y de una película. En 1935 expuso junto con Henri Cartier-Bresson en el Palacio de Bellas Artes. Su pasión lo llevó a reunir una gran colección internacional de fotografías y grabados de diversos autores.

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