Becarios de la Fundación para las Letras Mexicanas: Familiaridades. Juego escénico para departamentos (fragmento)

Fragmento de una obra de teatro.

Texto de 13/01/19

Fragmento de una obra de teatro.

**[[Nota al margen]]:

El punto de arranque para la construcción de este juego escénico fue el cuento “El pelo del perro”, de Lydia Davis.

El 201

Sala del departamento 201. Todo es tan limpio y familiar que dan ganas de vivir allí. La hija tiene quince años y viste uniforme escolar. Lee un libro. El hijo tiene ocho años y bolea sus zapatos. La mamá deambula por la sala, y si algo parece estar en desorden, lo acomoda.

MAMÁ: ¿Qué hora es?

Silencio.

MAMÁ: Espero que no tarde mucho… (Al hijo) Necesitan más brillo… los zapatos limpios hablan bien de ti.

Hijo bolea con más intensidad sus zapatos.

MAMÁ: (A la hija) ¿Cómo va la escuela?

Hija va a contestar pero es interrumpida.

MAMÁ: ¿Tienen las cosas listas? No quiero perder tiempo buscando… ¿Les conté que me encontré en el súper al vecino del 302? Qué sujeto tan más nefasto. ¿Por qué no lo han echado del edificio?

HIJA: No aparece en la lista de morosos.

MAMÁ: ¿De dónde saca dinero? Apesta… el tercer piso apesta a pollo por su culpa… Compró siete bolsas de croquetas…

HIJA: Le prestas mucha atención.

MAMÁ: ¿Qué insinúas?

HIJA: Nada… sólo que… no sé. ¿Qué tiene de malo comprar croquetas?

MAMÁ: ¿Para qué quiere tantas? Ya no tiene perro… en fin. El departamento de mascotas del súper estaba vacío… Lloré, no pude evitarlo… me dio vergüenza cuando Martín…

HIJA: ¿Martín?

MAMÁ: El novio del viejo del 502 me regaló un kleenex… No estoy de acuerdo con la relación de ellos… él es tan joven y el otro…

HIJA: ¡Ya, mamá! Por favor, quiero leer.

MAMÁ: Lo siento, estoy nerviosa…

Suena el timbre. Todos se sobresaltan.

MAMÁ: ¿Quién?

EMPLEADO: Vengo de Perros Dreams.

Los tres se miran y sonríen. Mamá abre la puerta y se encuentra con el empleado, que viste un traje negro típico de un oficinista.

EMPLEADO: Buenas tardes. ¿Familia Dogantes?

MAMÁ: Do-ran-tes. Es Dorantes.

EMPLEADO: Lo siento.

MAMÁ: Pase, por favor… ¡No, espere! ¿Puede limpiarse bien los zapatos?

EMPLEADO: Listo.

MAMÁ: Pase…

EMPLEADO: ¿Puedo sentarme?

MAMÁ: Claro… ¡No, no, no, allí no!… Era el lugar favorito de Pelusa.

EMPLEADO: ¿Todo el sillón era de Pelusa?

MAMÁ: Sí.

EMPLEADO: Bueno. Antes de comenzar, quería saber si tiene alguna duda…

MAMÁ: Leí el contrato y habla de que es necesario contarle cosas básicas de…

EMPLEADO: Así es.

MAMÁ: ¿Qué tipo de cosas básicas? Lo pregunto porque a mí nada me parece básico; todo es importante, ¿entiende?

EMPLEADO: Sí, claro… Para nosotros, todos los detalles también lo son, mientras más información tengamos podremos hacer una imitación más confiable, creíble. Pero por ser el primer día sólo necesito cosas básicas… comportamientos generales. Cuál era su lugar favorito en la casa, por ejemplo, o cada cuándo comía, si le gustaba más lo dulce o lo salado… o a quién quería más…

MAMÁ, HIJO e HIJA: A mí.

EMPLEADO: Bueno, siempre existe un favorito…

Todos se miran.

HIJA: A mí me quería más.

HIJO: Mentira… A mí por ser el más chico…

MAMÁ: Compartíamos mucho tiempo juntos y es evidente que él se sentía muy apegado a mí.

HIJA: Lo hostigabas mucho.

MAMÁ: ¿Qué dices? Nunca lo traté mal, salvo cuando necesitaba llamarle la atención, pero siempre fue con mucho amor.

EMPLEADO: (Incómodo) Seguro que todos fueron el favorito de… ¿Cuál era su nombre?

HIJO: Pelusa.

EMPLEADO: ¿Un poodle?

MAMÁ: San bernardo.

HIJO: Pero le pusimos Pelusa porque de pequeño parecía una pelusa…

EMPLEADO: ¡Vaya! Un nombre muy… creativo para un san bernardo, debió ser muy lindo para él llamarse Pelusa.

MAMÁ: Ya lo creo…

Silencio.

EMPLEADO: Si quieren podemos comenzar y sobre la marcha vamos viendo, ¿les parece?

MAMÁ: Me encanta. (A la hija) Ve por las cosas.

Hija sale de escena.

MAMÁ: Era muy juguetón. Muy pero muy inteligente y educado… sobre todo educado.

HIJO: Y calientito…

MAMÁ: De un olfato envidiable… a kilómetros podía distinguirnos…

Hija regresa con una caja llena de cosas para perro. Saca de ahí un disco compacto de música.

HIJA: Era su disco favorito…

EMPLEADO: ¿Disco? Nunca imaginé que un perro pudiera tener un disco favorito.

HIJA: No era cualquier perro.

EMPLEADO: Claro… disculpe, no quería ofender…

MAMÁ: Ya… él sabía consolarnos. Tan hermoso y grandote… fue como un padre para ellos.

EMPLEADO: ¿Padre? Okay… ¿Necesito saber algo más?

MAMÁ: No, bueno, un segundo…

Busca en la caja un suéter y se lo da al empleado.

MAMÁ: Era su suéter preferido.

EMPLEADO: Se nota, todavía conserva pelos. ¿Dónde puedo cambiarme?

MAMÁ: En su cuarto…

EMPLEADO: ¿Tenía un cuarto?

HIJA: Era de la familia, ¿por qué no tendría un cuarto?

EMPLEADO: Claro… Voy a cambiarme.

MAMÁ: Espere, en el contrato dice que en caso de no cumplir las expectativas se puede quedar por siempre con nosotros…

EMPLEADO: (Nervioso) Sí, así es. Pero esperemos no llegar a eso.

MAMÁ: Por supuesto… Empecemos.

Empleado va a cambiarse. Hija pone el disco en el estéreo. Se escucha la Tannhäuser de Richard Wagner. Hijo saca una pelota para perro y un peluche que deja en el suelo. Mamá pone una rebanada de pastel de zanahoria en un tazón para perro. Todo el espacio tiene tintes de una bella postal familiar.

MAMÁ: Cuando quiera.

Empleado sale del cuarto con el suéter de Pelusa puesto. Camina a cuatro patas.

MAMÁ, HIJO e HIJA: ¡Pelusa!

PELUSA: Guaf-guaf.

MAMÁ: (Interrumpiendo el trabajo del empleado) Disculpe, pero el ladrido debería ser un poco más suave, menos tosco… más inglés y menos gringo… ¿Entiende? Es algo así: “Guuuaf- guuuaf”.

EMPLEADO: Perdone. ¿De nuevo?

Mamá le señala el cuarto. Empleado se dirige ahí y se escucha su ladrido.

HIJA: Ven acá, Pelusa.

Pelusa sale corriendo del cuarto con la lengua de fuera, salivando, y le lame la cara a la hija.

HIJA: Mi perro tan bonito. ¿Quién te quiere como yo?

PELUSA: Guuuaf.

HIJO: Pelusa, mira.

Hijo le muestra el peluche. Pelusa se emociona y lo toma entre sus dientes, sacudiéndolo con violencia. Hijo se espanta.

HIJO: ¡Mamá! Pelusa se porta muy raro.

MAMÁ: (Al empleado) Mi perro nunca fue violento… jamás mordió el peluche. Lo abrazaba y le daba besitos.

EMPLEADO: (Dejando de morder el peluche) Mil disculpas… Los perros generalmente muerden los peluches.

MAMÁ: Mi Pelusa jamás. Lo eduqué bien.

Empleado vuelve a actuar como Pelusa. Toma el peluche, lo abraza y lo lame con ternura.

MAMÁ: Mucho mejor. Ten Pelusa, un poco de pastel de zanahoria.

PELUSA: Guuuaf-guuaf… Soyf alérfgifcof.

Los otros tres lo miran extrañados.

MAMÁ: No escuché bien…

Empleado se muestra incómodo.

PELUSA: Nafgdaf… Pasfgtel, chi, chi, puefo profar.

Empleado muerde el pastel y todos aplauden.

HIJA: Deberíamos ir a la playa con Pelusa.

HIJO: Sí, a Pelusa le encanta la arena.

MAMÁ: Pediré días libres en el trabajo… ¿Quieres ir a la playa, Pelusa?

PELUSA: Guuu, plagfyag, guuuaf.

Todos ríen.

MAMÁ: ¿Nos tomamos una foto?

EMPLEADO: Señora… las fotografías tienen un costo.

MAMÁ: ¿Un costo? Qué tontería.

EMPLEADO: Es para proteger nuestra imagen… y ganar un extra.

MAMÁ: ¿Extra?

EMPLEADO: Es nuestra propina. Todas las familias nos piden foto y…

MAMÁ: No, no. Usted es Pelusa…

EMPLEADO: Señora, yo…

MAMÁ: No me estoy sintiendo satisfecha con su trabajo… voy a llamar a la agencia…

EMPLEADO: (Preocupado) No, no, no… le puedo hacer un descuento… mil pesos…

MAMÁ: ¡¿Qué?! Es un robo.

EMPLEADO: Debo mantener mi casa…

MAMÁ: Mi Pelusa jamás me pediría semejante cantidad.

EMPLEADO: No soy un perro…

MAMÁ: No, no tiene la categoría de mi Pelusa.

HIJA: Mamá, está bien, no es necesaria la foto…

MAMÁ: ¿No? Claro que sí. Quiero una foto con mi perro… Le pagaré lo que sea, quiero mi foto. (Busca en su bolso unos billetes y se los avienta al empleado, quien los recoge del piso) ¿Ahora sí?

PELUSA: Guuuaf.

Todos se acomodan para la foto, abrazando a Pelusa. EP

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