Ana Hernández: un hilo histórico binnizá

Las raíces creativas de la artista Ana Hernández se hunden en la memoria profunda del pueblo zapoteco y su expresión en nuestro siglo se revela en textiles y placas de estarcido. A través de hilos, cerámica y madera evoca el arte de la incesante actualización de una cultura que se niega al olvido.

Galería de and  17/06/22

En cada pieza de Ana Hernández acontece una historia, ella crea desde la larga memoria del pueblo y la familia binnizá (zapoteca) a la que pertenece. Ceñir el arte a sus raíces no es un sesgo, por el contrario, es un punto de partida desde donde entabla diálogos con el mundo, es también la constante revelación de una cultura que se niega a perderse en el olvido de una sociedad y de un siglo cada vez más efímero. 

Olvido se llama la investigación que Ana realizó sobre las cadenillas antiguas que caracterizan los textiles de las mujeres del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. De ahí surgió “Doo Yachi” (hilo dorado) su primera exposición en la galería Quetzalli en el año 2018. 

Son hilos rojos, dorados y amarillos incrustados en lienzos negros, trazan figuras geométricas que forman en su conjunto pliegos de cadenillas en los huipiles. Fue a la luz del siglo XIX, en plena industrialización, cuando llego la máquina de coser al Istmo, cuya técnica mecanizó el punto de cadena a través de la máquina que se activaba pisando un pedal, de tal manera que cada punto requería de una hábil coordinación entre las manos, la vista y el pie.

Como en una suerte de antropofagia, la máquina de la industrialización fue retomada por las mujeres istmeñas como una herramienta para seguir reproduciendo su memoria y su visión, pues son las cadenillas fuentes vivas de aquellas grecas zapotecas petrificadas en vestigios arqueológicos. 

En cada lienzo de cadenilla que Ana pone de manifiesto acontece el arte que le enseñaron las mujeres de su pueblo: el de mantener viva la historia para nunca olvidar. 

Ana Hernández sigue el hilo fino de su linaje femenino y como sus ancestras también hace suya una técnica antigua: el estarcido. Pone a contraluz el archivo fotográfico de su familia y los recuerdos de su infancia emergen de la oscuridad:  

“En los días de fiesta la Tierra abría la boca y mi madre como muchas otras mujeres de Tehuantepec, metía la mano para sacar pulseras, aretes y cadenas de oro. Como la abuela a mi madre, mi madre a sus hijos nos colgaba orfebrería y para asegurar que la prenda no se cayera trenzaba el oro con el hilo… Al terminar el tiempo de la fiesta las alhajas de oro volvían a los fauces de la Tierra” 

El hilo y el oro son los elementos que atraviesan las obras de la joven artista, cuya mirada lúcida nos revela una relación ontológica entre las zapotecas con el oro. El oro como un elemento prestado de la naturaleza que siempre debe volver a las entrañas de la Tierra. Así enterraron a sus antepasados. Las alhajas son las memorias de generaciones que se han negado a ser saqueadas, “somos el oro que no se llevaron” escribe el poeta Víctor Cata, en un siglo XXI en el que las empresas mineras acechan los territorios y las casas de empeño se adueñan de la orfebrería. 

Bixhia se llamó el conjunto de 75 piezas que Ana Hernández expuso en la Ciudad de Oaxaca, durante los meses de octubre de 2020 a enero de 2021. Entre esculturas, dibujos y textiles evocó “la danza del pez” que se nombra “Son Benda Bixhia” en zapoteco. La obra, dice Víctor Cata: “vuelve palpable y tangible la palabra, los mitos de la creación tienen textura, trama, urdimbre, estructura, huelen a hilo recién teñido, saben a mar. En cada puntada se asoma el destello de una cultura, es la palabra que se hace línea, dibujo, representación del recuerdo”. 

Recurrir y representar un mito, una historia, una raíz, un origen no agota su expresión en una sola categoría; —¿Arte indígena?— se pregunta con sospecha Ana Hernández cuando se clasifica a su obra. Pues esa tajante definición, cuyo origen remite a una relación de dominación colonial, puede resultar problemática, ambivalente y desde luego corre el riesgo de soslayar la compleja diversidad de los pueblos. La artista argumenta que toda persona, cultura o pueblo tiene un origen y una raíz de donde parte para hablar y expresarse.

Para Ana el arte es un lenguaje y es universal, su punto de partida y su proceso de creación es un hilo histórico de la urdimbre comunalista binnizá. Sus obras han sido producidas junto a una generación formada en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, fundado por el memorable maestro Francisco Toledo.

Ana Hernández ha participado en diversas exposiciones colectivas, algunas de ellas: Artes de los pueblos de México Disrupciones indígenas en el Palacio de Bellas Artes, Subasta Arte Vivo en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, Huecos del Agua en el Museo Universitario del Chopo, Yoo Guiba’ en el Espacio Unión en la Ciudad de México, y Constelaciones en el Centro de Artes San Agustín en la Ciudad de Oaxaca. 

Las piezas de Ana Hernández han recorrido más de cuatro países y próximamente se espera su nueva propuesta artística para la muestra For the record que se inaugurará este verano en Highpoint Center for Printmaking en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos.EP 

Manzana de oro
Xhigagueta Yaachi
Ombligo hombre, ombligo mujer
Ana Hernández. "Son Benda Bixhia"
Bixhia
Tehuantepec y Juchitán
Gudxíu yuula
Benda Bidxi
La pesca
Racimo de peces
Atarraya / Benda
Retrato de Ana Hernández

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