Un concierto multidisciplinario

Reseña de Cuerpos Pintados. Rituales Salvajes (Océano, 2019) de Federico Reyes Heroles y Patricio Robles Gil.

Texto de 04/02/21

Reseña de Cuerpos Pintados. Rituales Salvajes (Océano, 2019) de Federico Reyes Heroles y Patricio Robles Gil.

Cuando uno escucha a Patricio Robles Gil en una conversación casual, lo primero que se pregunta es “¿a qué se dedicará esta persona?” Puede hablar de geografía y política para explicar el riesgo de extinción de una especie particular, pasando por particularidades de clima, biología, antropología y los esfuerzos de organizaciones no gubernamentales. Un conocimiento integral del tema que lo motiva, la conservación, le permite moverse entre disciplinas con gran facilidad.

No es raro, entonces, que haya sido responsable de traer a México el World Wilderness Congress. Este gran logro requirió años de conceptualización, curaduría artística, financiamiento, logística, relaciones públicas, coordinación y finalmente producción. Al final, en el evento que se llevó a cabo en el 2009 en Mérida, se habían publicado tres libros, ocho exposiciones de fotografía, cuatro timbres conmemorativos, además de obra audiovisual y por supuesto el ejercicio artístico Cuerpos Pintados. Todo sin perder de vista el objetivo central de llamar la atención sobre la tragedia que vivimos, la extinción masiva del mundo natural y silvestre.

La complejidad es algo que me maravilla, y por eso es tan atractivo adentrarme en mundos artísticos que contienen a más mundos, literatura, plástica, antropología. Ese es el caso del ejercicio de Cuerpos Pintados que se llevó a cabo durante el mencionado congreso. Consistió en un proceso integral que incluyó juntar a artistas con modelos, permitir que la pintura transforme a estos modelos en expresiones artísticas con vida propia, y luego en fotografiar instantes y detalles de la obra culminada. Un ejercicio multidisciplinario que, casi una década después, describe Federico Reyes Heroles con lo que se nota son ideas que llevan años de maceración.

En el libro que surge a partir de esta experiencia, Cuerpos Pintados. Rituales Salvajes, de Patricio Robles Gil y Federico Reyes Heroles, se integran aun más disciplinas, pero todas en concertación y con el mismo fin, de modo que lo que se logra no es divergente sino sinfónico. Por un lado, el ritmo de los bajos y las percusiones parece estar representado por la solidez de los principios de las organizaciones que participan en el Congreso. Los tres conceptos regidores, Siente, Piensa y Actúa, han sido cabalmente atendidos por un análisis profundo de la problemática alrededor de la conservación, así como el registro sólido de la experiencia y sus motivaciones en el texto de Reyes Heroles, y por supuesto en la comunicación al público en general por medio de la plástica. Para seguir con la analogía de una orquesta, las obras y exposiciones y fotografías de animales en extinción son como las cuerdas de violines pues tienen la labor de conmovernos. A su vez, los modelos desnudos y pintados, moviéndose con gracia en la Hacienda Tekik de Regil son como los vientos, tal vez el oboe o incluso el clarinete, que nos llevan de la mano.

El libro en sí es un ejemplar pequeño, con fotografías de gran calidad y que muestran el detalle del trabajo de los pintores, así como la significancia de las poses adoptadas por los modelos. Llaman la atención las fotos de modelos pintados como aves u otros animales posando detrás de rejas, o coexistiendo con los frescos de Carlos Millet que cubren las paredes de la Hacienda Tekik.

El texto de Reyes Heroles acompaña a la obra de manera tan orgánica que es inseparable de ella. Reflexiona sobre la piel, la antropología y psicología de las prácticas de pintar sobre ella, y nos lleva a considerar lo colectivo. Es decir, expande las asociaciones que podamos tener a primera vista. Citando autores y ejercicios artísticos, Reyes Heroles logra desaparecer de texto aunque no por ello se pierde en el cúmulo de información histórica y estética, sino que nos reconduce siempre hacia el mismo tema.

Con la sencillez de quien realmente ha comprendido un tema, el escritor nos lleva por la apreciación y maravilla del evento en sí, pero también informa sobre el arte del body painting y lo distingue de intentos o imitaciones comerciales. “El body painting es totalmente lo contrario del voyerismo”, asegura, haciendo eco del comentario de Carol Beckwith: “los africanos que pintan su cuerpo se reinventan a sí mismos diariamente sin los tabúes y los límites que asociamos con la desnudez”. Los retos de este arte, son: “saber usar el volumen, no disfrazarlo; aprovechar la flexibilidad del cuerpo, no negarla; generar un proceso de confianza y respeto entre modelo, artista y fotógrafo; darle a la fotografía la dimensión que debe tener para salir del carácter efímero; conjuntar visiones y hacer participar a los modelos; y cuidar el proceso.”

El efecto de este libro es el anticipado por otro de los integrantes del proyecto original. Vance G. Martin, en el prólogo, nos recuerda que “los seres humanos han perdido su relación con la naturaleza”, y uno de los efectos de este ejercicio es disminuir la distancia entre el problema y nosotros. Nos acerca tanto al goce como a la tragedia. Esta reflexión rescata algo que es fácil olvidar: la capacidad del arte para cambiarlo todo. Si bien las decisiones de conservación natural pasan por consideraciones de dinero, ciencia y política pública, lo que pone en movimiento a estos elementos es nuestra actitud. Y la actitud, dice acertadamente Vance G. Martin, puede afectarse por medio de la cultura.

Patricio Robles Gil lleva 40 años trabajando a favor de la conservación. En esas cuatro décadas, me dice con frustración, se ha perdido el 50% de las especies. Pero en ese mismo tiempo, Robles Gil ha seguido siempre adelante, como las cabras que tanto le gusta fotografiar. Para la producción del World Wilderness Congress del 2009, en particular, tuvo que superar dificultades que rebasaban el mundo del arte, pues el sector financiero global estaba tabaleándose por una crisis hipotecaria. Una década después tenemos el libro Cuerpos Pintados. Rituales Salvajes, en el que, como bien dice Reyes Heroles, “Robles Gil propone un rumbo ético al encuentro estético”. EP

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