Hay que empezar a recuperar un pensamiento colectivo: Entrevista con Laura Restrepo

Conversamos con la escritora colombiana Laura Restrepo sobre su más reciente novela Canción de antiguos amantes.

Texto de 04/11/22

Conversamos con la escritora colombiana Laura Restrepo sobre su más reciente novela Canción de antiguos amantes.

Canción de antiguos amantes (Alfaguara, 2022) es la novela más reciente de la escritora Laura Restrepo (Bogotá, 1950). Este libro presenta a Bos Mutas, que es un joven escritor obsesionado con la reina de Saba y que sale a buscarla por el mundo. 

Gina Velázquez (GV): Canción de antiguos amantes surgió a partir de tus viajes con Médicos sin Fronteras por Yemen, Etiopía y la frontera somalí. Ibas como periodista a cubrir lo que estaba sucediendo, ¿de qué forma fue distinto a tus trabajos previos como reportera?, ¿qué aportó a tu perspectiva como escritora y periodista?

Laura Restrepo (LR): Me hace pensar que he estado con Médicos sin fronteras en muchas partes, también como colombiana y mexicana conozco mucho de los lugares críticos de la tierra. De hecho, son los que me interesan. Entonces la diferencia con Yemen fue tal vez presenciar que “aquí ya empezó el fin del mundo”. Esto fue antes de la pandemia. ¿Cómo se escribe el fin del mundo?, ¿qué hace una escritora ante el fin del mundo? ¿Qué hace un reportero, cómo lo asume un escritor y cómo lo transmite? Eso fue lo que me obligó a pensar, aparte de los hechos mismos, qué hay detrás, qué ecos tiene, qué mitos sustentan todo esto. ¿Cómo uno puede referirse a viejos textos que de alguna manera arrojen luces? Por eso me tomó siete años escribir este libro: fue una experiencia más larga.

“¿Cómo se escribe el fin del mundo?, ¿qué hace una escritora ante el fin del mundo? ¿Qué hace un reportero, cómo lo asume un escritor y cómo lo transmite?”

Cuando empezó la pandemia, las piezas comenzaron a entrar en su lugar, porque yo pensé: “Ya no estoy contando de una cosa lejana y ajena; estoy contando lo que le está pasando a todo el mundo”. Lo que pasa, simplemente, es que allá comenzó antes, iba más rápido; pero esto es lo de todos. Entonces fue una segunda revelación. Primero estás contando una cosa rarísima, ¿cómo la cuento? Ah, no, es que estoy contando lo que es. Ya estoy ahí; los lectores están ahí también. Fue interesante pensar cómo cuenta un escritor el fin del mundo y cómo lo cuenta para tratar de buscar en la propia gente las vías para evitarlo. ¿Qué termina aquí y qué empieza también? ¿Qué otra forma de vivir empieza aquí? 

También nos ayuda a olvidarnos de un esquema de lo que es la felicidad. Ahora pienso en algo que me sucedió donde vivo, en España, muy cerca hubo un incendio. Tuvimos el fuego a siete minutos de la casa. Ahí te pones en plata blanca. Lo primero que dijimos fue “apretamos a los perros en el carro”. Luego, tres libros con los que estoy trabajando. Y después, desgraciadamente, la tarjeta de crédito. En ese momento, lo demás no importa. Sí es interesante pensar en cómo vamos a vivir y cómo vamos a cambiar nuestro esquema cuando todo termine por cambiar, y qué es lo que importa y qué no.

GV: En esta novela mezclas diversos hechos reales con ficción, además de distintos géneros, épocas, ritmos… ¿Qué te llevó a combinar todos estos elementos? 

LR: Yo creo en el recurso libre de usar los géneros que necesites. Creo que la novela no debe seguirse ateniendo a señalar qué sí es o no ficción, porque sino se muere la novela: se vuelve lenta, la gente comienza a aburrirse. A mí misma, la mera ficción me cuesta mucho trabajo. Un libro que narra: “esta mañana mi tío salió por cigarrillos…”, yo tengo casi alergia ya. Necesito que esté atado a experiencias fuertes que estamos viviendo, respuestas intuitivas o poéticas; los grandes problemas. Entonces es la ficción, pero es también la realidad, entreverado de tal manera que el lector quede atrapado en las páginas. Hay que encontrar la manera de hacer la amalgama de la forma más atractiva que yo soy capaz. El ensayo, por ejemplo, tú no vas a publicar una novela que tiene una bibliografía y pies de página que parece algo académico, porque yo no soy enciclopedia, si lo sé es porque lo leí; entonces por qué no le voy a decir al lector lo que leí. Si te interesa el tema, puedes buscarlo por acá también. Entonces creo que hay un montón de recursos de los que la novela debe despercudirse. Yo me imagino que en el futuro la novela se va a disparar por caminos muy interesantes y muy insospechados. A mi generación le tocará abrir la puerta, sacudirse el “esto es la novela”. 

De hecho, las novelas decimonónicas eran muchísimo más abiertas de lo que se considera que hoy en día son las novelas. Tú lees La guerra y la paz y entiendes más de las guerras napoleónicas que leyendo tratados. La otra cosa que es interesante es preguntarse: ¿Va a tener el yo la misma importancia? Finalmente, la novela contemporánea ha sido una gran exploración del yo, del individuo como el individuo del Ulises de James Joyce, no la gran épica colectiva, sino qué hace una persona durante su cotidianidad de un día. Yo creo que eso fue fascinante, pero las novelas con esa estructura de la búsqueda del yo hay que replantearlas. 

En esta época de desastre ya no tienen tanta importancia; ya no interesa tanto. Hay que empezar a recuperar un pensamiento colectivo. No tanto quién soy, sino quiénes somos. Ahora sí se está planteando nuevamente la necesidad de respuestas colectivas urgentes. Por ejemplo, la migración que es una gran tragedia humanitaria y es un dolor tremendo para quienes tienen que emprenderla, de todas maneras, es una búsqueda de respuestas colectivas.

GV: Hablando de migración, en Canción de antiguos amantes las mujeres migrantes, las que van caminando por el desierto tienen un papel fundamental. Tú, como mujer migrante, ¿viste algo de ti en ellas? Por ejemplo, en aquellas que al encontrarte en el desierto te daban un papelito escrito con su nombre y un poco de su historia.

LR: Muchas cosas. Lo de los papelitos fue una. Porque lo primero que te planteas tú ante un desastre tan fenomenal de niños que se te mueren alrededor de física hambre, es para qué sirve un libro. De verdad, cuando tú ves que llega un niño desnutrido y le dan no sé qué compota, dice uno por qué no me metí de médica… Pero al mismo tiempo cuando esos papelitos, entregados a cualquiera que ellas escribieron y dicen: “Yo soy fulana, dejé a mi hijo en tal parte, si lo ves dile que lo estoy buscando…”, me hicieron pensar en que si estos papelitos sirven, un libro sirve en la misma medida.

Quería que este libro fuera un eco de estos papelitos que ellas me están dando: un testimonio de la lucha de la gente por sobrevivir en este planeta. Si sirve el papelito, sirve el libro; a alguien le llega. Quizá un libro no sea más que el deseo ese que un náufrago mete en una botella y lanza al mar. A lo mejor hasta ahí llegamos los seres humanos. A la mejor esa es la posibilidad. También está esa idea de la sobrevivencia y las culturas que duran, que la memoria no se olvide, que un monumento… Eso también va a pasar de moda. ¿Qué monumento? Se los va a tragar el desierto o van a terminar bombardeados como está sucediendo en Yemen. Son las primeras ciudades habitadas del planeta, de una belleza además inconcebible y las están borrando; todo lo van a borrar. En el futuro, la memoria va a ser una memoria viva y colectiva, la que la gente va a llevar en su morral.

“En el futuro, la memoria va a ser una memoria viva y colectiva, la que la gente va a llevar en su morral”.

GV: La reina de Saba es central en tu libro. Como has contado en distintas ocasiones, ha sido explorada por distintos personajes Salomón, Tomás de Aquino, Gustave Flaubert y Gérard de Nerval… y prepondera una mirada masculina. Desde tu mirada decidiste explorarla de una forma muy interesante, una especie de yin-yang, como un bello monstruo has dicho. ¿Por qué construirla de esa manera?, ¿de dónde tomaste  los elementos para recrear esa figura mítica de esa forma?

LR: En la tradición occidental, tiene de bueno —y lo aprendí en Gérard de Nerval— que ella se convierte en una obsesión que puede ser reveladora y mortífera. Al mismo tiempo. la visión femenina la pone tan acartonada, en Flaubert inclusive tiene tan apretado el corsé que no puede respirar; su belleza es lo que la hace un personaje memorable. Fue genial encontrar la obsesión, la positiva y la nociva.

Para mí, todo comenzó con una frase que dijo una mujer: “Soy descendiente de la reina de Saba”. Entonces se puso en movimiento ese mito quieto. Empecé a ver a otra reina de Saba: a la enferma que va allí, a la coja que va allá, a la vieja que se sienta porque ya no puede caminar, a la mujer que va cargando con sus niños y al otro lo lleva de la mano. Mujeres que, además, son muy bellas, pero la belleza es lo último; lo que importa es la fuerza, la voluntad, la decisión, la agresividad. También el ser humano lejos de su poblado tiene mucho de animal también, entonces cómo no reconocer esa naturaleza mixta, una fusión con la naturaleza mucho más grande. Entonces cuando tú ves que aparece un grupo de mujeres y al rato están mirando, desaparecen en el desierto, o sea, son desierto, empiezas a concebir las cosas de una manera distinta. 

GV: Para concluir, al ser tú una de las escritoras hispanoamericanas más importantes, ¿cómo has percibido la tendencia reciente de visibilizar y reconocer la literatura escrita por mujeres?
LR: Yo creo que el florecimiento y la multiplicación de mujeres que están escribiendo está muy bien, y están abriéndole caminos a la mitología. Lo que pasa es que las mujeres están escribiendo muy bien: libros brutales, explosivos. Entonces es superinteresante porque se están rompiendo tabús. Es una nueva literatura femenina sobre todo donde todo lo políticamente correcto se destroza: se acabó esto. Es una literatura que dice “a la mierda con lo correcto”, vamos a contar las cosas como son; si son crudas, vamos a contarlas con toda la crudeza que necesita. Me encanta. Tienen un valor literario de primer nivel y con gran proliferación, además. Pienso también en que esto no es nuevo, pienso en las grandes escritoras de la época del boom e incluso cercanas al movimiento, como Cristina Peri Rosi, Alejandra Pizarnick, Clarice Lispector, Elena Garro, Elena Poniatowska. Una cosa es que no hayan tenido el reconocimiento en su momento y otra cosa es que este gran caudal de literatura escrita por mujeres no se haya venido cocinando desde hace rato. EP

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