Cuando el deseo se convierte en una mandíbula insaciable

A finales del año pasado llegó a México Matate, amor, de la argentina Ariana Harwicz. Esta novela descarnada y auténtica se lee ya en muchos países. Para entender una parte de las motivaciones del personaje central, Irma Gallo habló con su autora desde las rarezas (a veces afortunadas) que la pandemia y la tecnología favorecen. Aquí, el resultado.

Texto de 15/05/20

A finales del año pasado llegó a México Matate, amor, de la argentina Ariana Harwicz. Esta novela descarnada y auténtica se lee ya en muchos países. Para entender una parte de las motivaciones del personaje central, Irma Gallo habló con su autora desde las rarezas (a veces afortunadas) que la pandemia y la tecnología favorecen. Aquí, el resultado.



La protagonista de la novela Matate, amor (Dharma Books, 2019) de Ariana Harwicz (Buenos Aires, 1977) es una outcast: extranjera, atrapada en un matrimonio sin deseo y con un bebé insípido pero, como todos los bebés, también opresor. Todo conspira en su contra, pero ella no está dispuesta a ser la víctima; por el contrario, pelea hasta con los dientes para salir de ese limbo: se hace de un amante; fantasea que el bosque que rodea ese hogar que intenta domesticarla es un espacio fantasmagórico, en donde los sonidos y las movimientos de los animales salvajes se amplifican hasta volverse una pesadilla de duermevela; y lo mejor de todo es que asume las consecuencias.

“Cuántas veces el deseo rozó lo insoportable, la boca de un caimán abierta a más no poder. El río me arrastró y fui rama seca. (…) Quiero un tratamiento agresivo con láser para olvidar su mandíbula, para deshacerme de su frente”, es parte del soliloquio con el que la protagonista de esta novela, traducida a más de doce idiomas, expresa su desesperación, su total abandono, y al mismo tiempo, define su existencia.

Desde Francia, donde vive desde 2007, la escritora argentina responde con audios de Whatsapp a una entrevista que le hice llegar por correo electrónico. Son días extraños, dice, y se disculpa por la tardanza en enviarme sus respuestas. Habla despacio, con ese acento como de cucharas de plata fina tocando cristal. Su voz atraviesa miles de kilómetros desde un pueblo francés, aislado por la cuarentena, hasta una ciudad mexicana en la que gran parte de la población no puede darse el lujo de quedarse en casa.

Irma Gallo (IG): ¿Cuál es el motor de la protagonista de Matate, amor?, ¿qué es lo que la hace seguir ferozmente viva?

Ariana Harwicz (AH): El motor es en parte ese matrimonio con ese deseo frustrado, ese matrimonio fracasado, ese amor fracasado; esa falsificación del amor, esa falsificación del deseo. En definitiva, esa falsificación de la experiencia de la vida. Quizá el matrimonio y el bebé son lo que la empuja al estado salvaje en el que está o a huir finalmente en el bosque, a querer romperlo todo, a entrar en una especie de depresión. El matrimonio y el bebé son puntapiés, son lo que la agobian, pero no son en sí el motor. El motor es su propia vida, el naufragio de su propia vida, la falsedad con que vive su propia vida.

IG: ¿Qué papel juega la naturaleza, ese bosque agreste y misterioso que rodea la casa en la que vive con su esposo e hijo?

AH: La naturaleza ella la observa como salvaje, pero es toda su subjetividad porque también este monólogo, este solipsismo, esta especie de poema largo que es la voz de ella a lo largo de toda la novela, también eso es una mirada distorsionada. Es como una autista, como alguien totalmente corrido de los parámetros del mundo, por lo menos de los parámetros que tienen los demás, de la sociedad; una especie de radical marginalidad. Esa naturaleza ella la ve como selvática, envolvente, peligrosa, y a la vez le atrae. Creo que todas las observaciones sobre la naturaleza, sobre la crueldad de los animales, sobre la bestialidad, sobre las pulsiones, sobre las moscas en los ojos de los caballos, la bilis, los excrementos, los carpinchos apareándose, las orgías de jabalíes que ella imagina, que ella fantasea, creo que todo eso contribuye al bullicio, al ruido. Es una pintura, una pintura de Rousseau. Creo que contribuye a alimentar y a envolverla y a darle más angustia.

IG: Ese capítulo en que el esposo enfrenta al amante y terminan conversando como amigos, casi como cómplices, mientras ella mira desde lejos, ¿pretende ser una crítica, una burla, una ironía, con respecto al patriarcado?

AH: Creo que la alianza que se establece cuando ella los mira discutiendo de lejos, como grandes amigos, como dos hermanos discuten, como dice la novela, sobre la herencia de los padres muertos, recién muertos”, no sé si es una crítica al patriarcado; creo que es una de las lecturas políticas posibles, una de las pistas de lectura posibles, pero no fue escrita con esa intención. No fue escrita pensando en una crítica política, sino desde el orden del drama íntimo, desde el orden de los odios y de las tensiones de odios que se dan dentro de una familia, muy a lo Shakespeare. Pero eso no significa que invalide la lectura global, la lectura política más universal. Creo que es una crítica, sí, a la alianza y a los enemigos que se forman alrededor de un deseo que no es entendido.

IG: Finalmente, ¿qué tanto tu propia experiencia, al ser una latinoamericana, concretamente argentina, viviendo en Francia, se ve reflejada en la vida que lleva este personaje?

AH: La extranjería, en el sentido literal y en el sentido metafórico, espiritual o metafísico, sí. Todos mis personajes fatalmente, porque no me lo planteo, terminan siendo de un modo u otro —de un modo más literal o más realista o más hiperrealista, o de un modo más metafórico— extranjeros, foráneos, inmigrantes. Terminan estando desacomodados del lugar donde viven, terminan siendo como espectadores de su propia vida.

Pero creo que esto tiene que ver con el desdoblamiento. Escribir es desdoblarse y mis personajes están todo el tiempo haciendo ese ejercicio macabro pero a la vez fascinante de vivir y verse vivir, de hablar y escucharse hablar.

Entonces, todos mis personajes tienen esa condición de extranjería que a mí me sale orgánicamente pero creo que también es más interesante, este desacomodo, este estar corrido, este ser minoría, este mirar a los demás, mirarlos en su extrañeza. Extrañar todo. Este procedimiento de extrañarlo todo, el lenguaje. Entonces, para eso siempre sirve que sean de afuera. Y sí, por supuesto que usé mi propia experiencia.

Die, My Love, la traducción al inglés de Matate, amor, estuvo nominada al Man Booker Prize en 2018. Se publicó por primera vez en su idioma original, el español, en 2012 en Argentina. Pero la primera edición mexicana se la debemos a Dharma Books, una editorial independiente que durante esta contingencia está vendiendo sus libros en su tienda de Kichink. Digo, por si no aguantan las ganas de leer esta novela de Ariana Harwicz, también autora de Degenerado (Anagrama, 2019), Precoz (Rata, 2016) y La débil mental (Mardulce, 2015). EP


Harwicz, Ariana. Matate, amor.Dharma Books, 166 pp.  México, 2019.



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