Ad libitum: Ella adornaba su cabello con flores. Una lengua salió del espejo.

En mi opinión, Carriera, con pinceladas prontas en sus miniaturas, dirigió el camino hacia un mundo secreto: el íntimo femenino, un erotismo de ellas para ellas, expresado con retratos de mujeres reales

Texto de 21/02/20

En mi opinión, Carriera, con pinceladas prontas en sus miniaturas, dirigió el camino hacia un mundo secreto: el íntimo femenino, un erotismo de ellas para ellas, expresado con retratos de mujeres reales

¿Azul celeste o azul cobalto? Me gusta creer que la capa caída por la mitad de la espalda, habitual a la moda dieciochesca, además de azul es satinada, igual que los listones rosa coral que adornan el vestuario claro. No evito fijar mi vista: un corsé. Pechos emulando camelias en capullo asfixiadas por el borde de la estructura rígida. Surge lo imprevisto, un deseo: lamer lo terso.

Las maestras del rococó no pintaron escenas calificadas como características de dicho estilo. No he visto cuadros de la vida cortesana amorosa ni pícaras ni juguetonas con tintes sensuales, por lo menos no de la misma forma en que lo hicieron los pintores conocidos. Ni Adélaïde Labille-Guiard ni Marie-Louise-Élisabeth Vigée-Lebrun, tampoco una de las más famosas en vida, Rosalba Carriera, representaron en el lienzo muchachas sin ropa interior, recostadas con piernas abiertas con un perrito feliz entre los muslos, fingiendo no ser vistas, como si esperaran inocentemente la profanación de quien las mira con deseo. Ninguna realizó una obra parecida a la de Jean-Honoré Fragonard (aquella joven en el columpio, mientras el amante observa entre la abertura del vestido al ritmo de ser mecida por el marido). Cierto, tampoco alguna de ellas aparece entre los exponentes más importantes. Problemas del sexismo en la historia.

Las artistas del rococó retrataron igualmente miembros de la aristocracia y la alta burguesía, dejaron registro de momentos familiares, de los vínculos madre e hija; utilizaron acuarela, gouache, pastel (dicen que Rosalba Carriera fue quien puso de moda esta técnica en París). Sí, pintaron la sensualidad, mas de una manera distinta.

En mi opinión, Carriera, con pinceladas prontas en sus miniaturas, dirigió el camino hacia un mundo secreto: el íntimo femenino, un erotismo de ellas para ellas, expresado con retratos de mujeres reales (son apellidos aristocráticos los que aparecen en los títulos, Françoise-Marie de Bourbon, duquesa de Orléans y esposa del regente de Francia; hija menor de Luis XIV y de Madame de Montespan, como Anphitrite (1701-1723)). Ellas disfrazadas de diosas en el lienzo, girando tomadas de la mano de otras, mostrando la piel del torso, en ocasiones un pecho descubierto, quizá para manifestarse libres. Como deidades podían hacerlo, aparecer desnudas bajo el halo de un erotismo sagrado, como Minerva, Flora o Primavera, por lo tanto, una alguien real jugando a ser ninfa. Mostrar un solo busto como señal de lo divino. Uno, casi accidental, con recato. Diferencia entre las pintoras del rococó y los pintores del rococó. ¿Podemos adjetivar el recato como acto de libertad? Puede ser, sobre todo frente a imágenes de mujeres-objeto que no las representaban.

En una superficie cuasi milimétrica parece no faltar el aire. El rostro de la joven protagónica se asoma al espejo. No pertenece a nadie en particular. Es la figura de una mujer con la posibilidad de sentarse en solitario frente a un tocador propio durante el tiempo que decida. Espacio donde se llevan a cabo rituales nuestros: reconocer la transformación desde dentro hacia fuera gracias a las emociones manifiestas en el semblante; delante del reflejo resaltamos rasgos con tinturas diversas, nos ataviamos no para llamar la atención, sino para pensarnos de diferentes formas, besamos las bocas propias dejando en la lámina marca de bilé rojo burdel sin acordarnos siquiera que esa categoría existe. Entonces no nos parecemos a ninguna. El maquillaje también logra eso: ser únicas. Ella sin nombre, en comunión consigo misma, empolvó mejillas y peluca, después, con las manos bailando colocó flores ensortijadas en los cabellos platinados. ¿Dónde pondrá la que todavía sostiene? Pétalos rosados parecen ser sus favoritos. Obra pequeña, contención de potencia luminosa, la acuarela sobre marfil tiene ese efecto destellante (técnica del lejano oriente que Carriera introdujo en el estilo pictórico).  

Imagine, de pronto: una lengua salió del espejo. EP

Rosalba Carriera. (c.1710.) Mujer poniendo flores en su cabello [acuarela sobre marfíl]. Museo de arte de Cleveland / Colección Edward B. Greene.

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