
Durante las últimas semanas el discurso y la narrativa oficiales en torno al fenómeno migratorio del que siempre hemos sido parte, como país y como sociedad, han dado un giro de 180 grados para adoptar un peligroso enfoque de criminalización y poner en grave riesgo a cientos de miles de migrantes que transitan anualmente por México, además de contravenir nuestra tradición histórico diplomática en materia de defensa de los derechos humanos y la propia Constitución.