
Aníbal Santiago escribe sobre los nuevos cabecillas del Cartel de Jalisco Nueva Generación tras la muerte de “El Mencho”, y sobre la necesidad de repensar la estrategia contra el crimen organizado.
Aníbal Santiago escribe sobre los nuevos cabecillas del Cartel de Jalisco Nueva Generación tras la muerte de “El Mencho”, y sobre la necesidad de repensar la estrategia contra el crimen organizado.
Texto de Aníbal Santiago 23/03/26

Aníbal Santiago escribe sobre los nuevos cabecillas del Cartel de Jalisco Nueva Generación tras la muerte de “El Mencho”, y sobre la necesidad de repensar la estrategia contra el crimen organizado.
La noticia se veía venir. Maldita, siniestra. El Cártel de Jalisco Nueva Generación ya lloró a su muerto, ya lo enterró. Y como cualquier deudo, tras el deceso de “El Mencho” se habrá dicho a sí mismo esas frases hechas que empujan a seguir: “Está en un lugar mejor. Dios sabe por qué hace las cosas. La vida sigue. Hay que ser fuertes”.
Y si hay que ser fuertes, no hay más alternativa que reorganizarse, es decir, nombrar sucesores. La noticia es que Juan Valencia “El Tres” y Hugo Mendoza “El Sapo” son los herederos del trono. El primero se ocupará de la operación; el segundo, de las finanzas. Si México estaba contento porque hace semanas había un capo menos, ahora puede estar triste porque muerto el rey, viva el rey. Y, para colmo, el rey no es uno, sino dos.
Las capturas de los criminales deberían dejar al gobierno una enseñanza que se remonta a un mito de la antigua Grecia. En la región de Lerna existía un monstruo de muchas cabezas, la Hidra. Habitante de los pantanos, poseía un putrefacto aliento venenoso que contaminaba aire y agua, y así asesinaba. No necesitaba agarrar a trancazos al enemigo ni descuartizarlo para quitarle la vida. Sin necesidad de contacto directo, desolaba la tierra y destruía a los hombres. Lo lógico, en teoría, es que para acabar con su espantosa fuerza alguien la aniquilara. Entonces surgía un serio problema: si algún valiente le cortaba una de sus cabezas, de la herida le salían dos nuevas. Ante el daño, la Hidra resurgía más poderosa.
El héroe Heracles advirtió que la criatura potenciaba su poder al ser decapitada. Tuvo una idea: se unió a su valiente sobrino, Yolao, y creó una estrategia: mientras le Heracles cortaba las cabezas a la Hidra, Yolao cauterizaba los cuellos con un leño incandescente. Sellada la herida, se volvía un muñón infértil. Uno cortaba, otro cauterizaba. Coordinación e ingenio.
¿Para qué agarrar un capo de la droga si unos días después del ataque, y dada la impecable organización empresarial de los cárteles, asume un sucesor? Si seguimos así, esto será el cuento de nunca acabar y eso significa miles de vidas perdidas. A la Hidra le va a nacer una cabeza, y otra y otra.
Los narradores griegos, los aedos, hace cerca de tres mil años ya relataban este mito para, a fuerza de repetición, convencer al pueblo y la autoridad de que al mal no lo fulminas si no fulminas la raíz. Si no cauterizas sus cuellos, a la Hidra le brotan otras cabezas infernales.
Es cierto que los cuellos del narco no son ni de cerca tan evidentes como los de la Hidra, pero la ventaja es que el gobierno mexicano no es sólo un par de individuos solitarios, Heracles y Yolao, sino una estructura poderosa con dinero, armas y equipo protector, inteligencia, respaldo de su vecino del norte (nos guste o no) y, se supone, adiestramiento. Son muchos y fuertes.
He aquí los cuellos de la delincuencia organizada:
Seguramente la hidra del narco tiene más cuellos, pero esos siete son incontrovertibles.
Matar al rey y esperar el arribo de un nuevo rey para otra vez matarlo y luego matar a quien lo sucede, y del mismo modo hasta el infinito, no parece una medida muy avispada. Quizá es hora de afilar la espada para cortar cabezas, y a la vez ir cauterizando esos siete cuellos. Complejo pero indispensable.
De otro modo la Hidra se morirá de la risa: por una cabeza perdida le brotarán dos nuevas (esta vez apodadas “El Tres” y “El Sapo”) y seguirá soltando el aliento putrefacto y venenoso que devasta al país. EP