Versión de Karen Villeda
Querido Marzo, ¡entra!
¡Estoy feliz!
Te estaba esperando.
Quítate el sombrero.
Has caminado muchísimo, ¿verdad?
Llegaste sin aliento.
¿Cómo estás, querido Marzo? ¿Y los demás?
¿Cómo dejaste a la Naturaleza?
Ven, Marzo… Subamos las escaleras.
Tengo tanto que contarte.
Los pájaros y yo recibimos tu carta.
Los arces no sabían que venías. Cuando se enteraron,
hubieras visto lo colorados que se pusieron.
Pero Marzo, discúlpame,
no encontré un púrpura adecuado
para todas las colinas que me encargaste colorear.
Te llevaste ese color contigo.
¿Quién está tocando? Es ese Abril,
¡traba la puerta!
Basta de su persecución.
Tuvo todo un año para visitarme
y aparece justo ahora que estoy ocupada.
Pero estas son trivialidades
ahora que tú estás aquí, conmigo.
La culpa es tan preciada como el elogio
y el elogio es tan simple como la culpa.
El poema original puede leerse aquí.
El análisis independiente necesita apoyo independiente.
Desde hace más de 30 años, en Este País ofrecemos contenido libre y riguroso.
Ayúdanos a sostenerlo.