Observatorio Internacional | En el mundo, 1991 es la antesala del 2022

En esta entrega mensual, Susana Chacón, del grupo México en el Mundo, hace un recorrido comparativo por los sucesos internacionales de 1991 y los acontecimientos actuales.

Texto de 27/04/22

En esta entrega mensual, Susana Chacón, del grupo México en el Mundo, hace un recorrido comparativo por los sucesos internacionales de 1991 y los acontecimientos actuales.

Como sabemos este mes de abril es el aniversario 31 de nuestra revista Este País. Hace un año, al cumplir tres décadas de existencia, me di a la tarea de recuperar y comentar los textos de México en el Mundo publicados en 1991. Hoy los invito a hacer un comparativo de los sucesos internacionales de ese año hace 31 años frente a este turbulento comienzo de 2022.

1991 es el año en que se encuentran muchas de las causas de lo que vivimos hoy. Las dos principales superpotencias, Estados Unidos y la entonces (URSS), vivían circunstancias muy distintas de las actuales. Podríamos decir que su presencia internacional era básicamente la opuesta. Es el año en el que el presidente estadounidense George H. W. Bush invade Irak, dado que este último no se salía de Kuwait. Da comienzo a la Guerra del Golfo Pérsico, o la Guerra en contra de Irak o la famosa Operación Tormenta del Desierto. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial no se había visto una amenaza global de semejante magnitud. Esta guerra dura oficialmente del 16 de enero al 3 de marzo, aunque las consecuencias se mantuvieron durante muchos años posteriores. En ese momento, Irak acepta retirarse de Kuwait así como las sanciones impuestas por Naciones Unidas.

“En el escenario europeo, 1991 es clave: las principales repúblicas socialistas se independizan de la extinta URSS. Ucrania justamente se independiza de Rusia en agosto”.

En el escenario europeo, 1991 es clave: las principales repúblicas socialistas se independizan de la extinta URSS. Ucrania justamente se independiza de Rusia en agosto. Mijail Gorvachov renuncia como presidente de la Unión Soviética en diciembre y se declara su disolución formal. Boris Yeltsin es el primer presidente de la Federación Rusa. Se termina también el Pacto de Varsovia y el Consejo de Ayuda Mutua Económica, ambas instituciones fueron los pilares en el funcionamiento económico y en temas de seguridad de la URSS. 

Lo anterior obliga a comenzar la reconstrucción de Europa con todas las repúblicas de Europa del Este, incluida Checoslovaquia que se integra al Consejo de Europa. Las instituciones europeas de Occidente comienzan a abrir, estratégicamente, sus puertas a las repúblicas orientales.

A partir de ese momento el papel hegemónico de Rusia cambia radicalmente. Su gran poderío se reduce al poder militar, pero deja de ser la hegemonía que fue y comienza a tener una situación económica muy precaria. Como parte del proceso de recomposición europeo, las nuevas repúblicas exsoviéticas buscan acercamientos formales a Occidente. Comienza un importante proceso de negociación de los nuevos países interesados en integrarse a la todavía Comunidad Económica Europea. 

Por su parte, es también el año en que la OTAN busca reforzar su presencia en la región oriental con el fin de reducir futuras amenazas rusas. 1991 marca la caída formal de la hegemonía rusa que comenzó en 1917 con la Revolución soviética y que paso a paso, año con año, desde 1991, vio debilitado su poderío geopolítico, reducidas sus fronteras y cada vez más cerca la presencia y presión de Occidente sobre sus decisiones. 

En este contexto internacional, en México se vive una situación muy distinta. En 1989, el presidente Carlos Salinas de Gortari busca diversificar las relaciones con el mundo. Sin embargo, se da cuenta —en la reunión del Arco, en julio de ese año en París— de que Europa estará muy preocupada con Europa Oriental en los años noventa. De ahí que su opción sea buscar una alianza con América del Norte, para obtener el desarrollo económico del país a partir de una relación trilateral. El mundo se está cerrando en regiones como nunca antes. Europa, Asia y América del Norte son las principales. En 1991 su gobierno, junto con el de Canadá y EUA, comienzan el proceso de negociación de lo que se firmará un año después, en 1992, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Para lograrlo se continúa con el proceso de liberalización de la economía y de apertura hacia el comercio con Norteamérica iniciado en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado. México busca integrarse al mundo formalmente con una pertenencia a América del Norte. Su papel en el mundo cambia desde ese momento. Se convertirá, para muchos países, en la puerta de entrada al mercado más grande del mundo: Estados Unidos de América. 

Vale la pena mencionar que en el contexto latinoamericano, en 1991 uno de los eventos más importantes es la captura del principal narcotraficante colombiano, Pablo Escobar. Esto cambiará también el mapa del narcotráfico y el impacto del crimen organizado en el mundo pero para efectos nuestros, en las Américas. El cierre de los puntos de acceso de las drogas a territorio estadounidense, particularmente por Florida, harán de México el paso natural de narcóticos desde América del Sur. A partir de ese momento se incrementa en la agenda mexicana y bilateral, el tema del narcotráfico con Washington. Es, desde entonces, un tema constante y cada vez más preocupante de la relación bilateral. 

En 1991, el único gran hegemón y ganador con la nueva reorganización global es Estados Unidos que busca instaurar su modelo democrático en todo el mundo. Rusia pierde las repúblicas socialistas y por ende su hegemonía y área de influencia. Europa comienza un importante reordenamiento en la construcción de nuevas democracias y China está todavía lejos de ser una gran potencia. América del Norte se encamina a  una nueva dinámica trilateral.

“31 años más tarde, ¿qué es lo que estamos viviendo? Desde lo local hasta lo global un escenario no sólo interesante, sino preocupante”.

31 años más tarde, ¿qué es lo que estamos viviendo? Desde lo local hasta lo global un escenario no sólo interesante, sino preocupante. 2022 es el año en que Rusia invade Ucrania y busca regresarla como apéndice de su territorio. Así como en 1991 perdió el control de sus antiguas exrepúblicas, ha buscado, desde 1994, recuperarlas. La invasión a Irak fue el momento más álgido después de la Segunda Guerra. Ahora, en 2022, la invasión rusa es todavía más peligrosa: se cuenta con la amenaza nuclear. 

En Ucrania, Rusia hizo un muy mal cálculo. Pensaba que la controlaría en muy poco tiempo, pero no contó con el liderazgo de Estados Unidos y de Joe Biden en favorecer una fuerte unificación de Europa en contra de Rusia; tampoco consideró el alcance de la OTAN. El gran disgusto de Vladimir Putin en estos últimos 31 años ha sido justamente la expansión de esta última. 

Cada vez que una exrepública socialista, ahora democracias, se integraba a la OTAN, Rusia veía más lejos el regresar a ser un imperio. En 2022, busca de nuevo retomarlo. Hasta ahora no lo ha logrado, pero la guerra no ha terminado: comenzó el pasado 24 de febrero y no sabemos todavía cuándo ni cómo acabará. Los países más desarrollados de Occidente han sancionado económicamente a Rusia, cerrándole las puertas al mundo occidental no sólo en lo económico, sino también en lo cultural, en el deporte y en los diferentes aspectos en los que los rusos participaban internacionalmente. 

A diferencia de 1991, China es hoy un gran jugador. En principio apoya a Rusia, pero no quiere tener un conflicto con Occidente. No le interesa afectar su presencia en el mundo ni su gran crecimiento económico de los últimos años, de ahí que hasta ahora ha sido muy cautelosa en sus apoyos y acercamientos a los diferentes actores y no sólo a Rusia.

2022 es un año en el que se plantea una nueva ruptura internacional que requerirá de nuevos equilibrios, acuerdos y alianzas. Todavía no queda muy claro hacia dónde vamos. Con la invasión a Ucrania, las democracias más poderosas están totalmente en contra de Rusia, pero los países con regímenes populistas, incluido México, los países llamados del sur han evitado ser abiertamente opositores. El escenario global se irá definiendo en los próximos meses y años. 

“En 1991, México fue un actor importante en la nueva regionalización del mundo. En 2022 debería de aprovechar la oportunidad también de ser un actor de peso en la naciente reconstrucción global”.

México no debe ser ambivalente. Por un lado, en Naciones Unidas vota con Occidente a favor de Ucrania y, por el otro, el presidente no ha querido sancionar a los rusos. En 2022, la pertenencia mexicana a Norteamérica no será únicamente comercial. El TLCAN pasó a ser T-MEC y esto nos obliga a cumplir con compromisos internacionales particularmente con EUA y Canadá, pero también con las otras regiones y países con quienes hemos firmado acuerdos durante estos 31 años. En 1991, México fue un actor importante en la nueva regionalización del mundo. En 2022 debería de aprovechar la oportunidad también de ser un actor de peso en la naciente reconstrucción global. 

1991 fue un año de guerras, rupturas y reordenamientos internacionales. 2022 lo es también. ¡Enhorabuena a nuestra revista Este País por estos magníficos primeros 31 años! EP

Este País se fundó en 1991 con el propósito de analizar la realidad política, económica, social y cultural de México, desde un punto de vista plural e independiente. Entonces el país se abría a la democracia y a la libertad en los medios.

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