No ser normal

Fernando Clavijo reseña Travesía interminable, el nuevo libro de Antonio Argüelles, el primer mexicano en nadar los Siete Mares, un hombre que ha cruzado a nado canales a temperaturas que pocos pueden aguantar.

Texto de 29/12/20

Fernando Clavijo reseña Travesía interminable, el nuevo libro de Antonio Argüelles, el primer mexicano en nadar los Siete Mares, un hombre que ha cruzado a nado canales a temperaturas que pocos pueden aguantar.

Uno de los libros más famosos y vendidos en temas deportivos es Nacidos para correr, de Christopher McDougall, en donde el escritor argumenta que correr es un paso evolutivo del ser humano. Es decir, que estamos hechos para correr. Parte del éxito de este libro es la popularidad del deporte mismo: unos 60 millones de personas lo practican en los Estados Unidos. Correr es, además de natural, accesible; solo se necesitan unos tenis. De hecho, el ejemplo usado por McDougal —los tarahumaras— ni siquiera usa tenis, sino huaraches.

Nadar es una cosa completamente distinta. La natación como la conocemos tiene poco más de cien años, y el crawl no se descubrió hasta alrededor del 1880, cuando un inglés observó el estilo en nativos de las Islas Salomón, Oceanía. No solo no es algo que venga en nuestros genes, sino que para nadar hay que vivir cerca de un cuerpo de agua o tener acceso a una alberca. El número de practicantes en los Estados Unidos es de casi 28 millones, pero tal vez sea más interesante notar que en el mundo se estiman 4 mil millones de personas que no saben nadar. Así que, al menos en términos estadísticos, es casi lo contrario de natural. Libros de natación hay pocos, y nadadores de larga distancia, menos.

Así que cuando me enteré de que había un nuevo libro sobre natación, y además escrito por un mexicano, me llamó la atención por decir lo menos. Travesía interminable (Editorial Reverté 2019) es la historia de un hombre que ha cruzado distancias mayores a lo que alcanza la vista, a temperaturas que hacen estremecer a la mayoría de la gente y que causarían hipotermia (y muy probablemente la muerte) en cuestión de minutos.

A sus 58 años, Antonio Argüelles se convirtió en una de las pocas personas en completar la serie de nados que juntos se llaman Los siete mares. Estos son, el Canal de la Mancha (33.5 km), el Estrecho de Gibraltar (14.4 km), el Estrecho de Tsugaru (19.5 km), el Canal de Kaiwi (45 km), el Estrecho de Cook (23 km) y el Canal del Norte (35 km). Aunque sí nombra y agradece con razón a su entrenadora Nora Toledano, una de las más grandes nadadoras mexicanas, el aficionado a la natación no encontrará aquí entrenamientos ni dietas. Más que técnico o temático, este es un libro estructurado como una serie de metas deportivas intercaladas con logros personales y profesionales.

Cuando uno lo platica siempre hay alguien que exclama: está loco. Pues sí, de cierta manera, normal no es. Ni física ni mentalmente, pues antes del cómo surge el porqué: ¿para qué quiere alguien nadar tanto? Preguntarse eso es abrir una caja de Pandora: ¿para qué quiere Madonna bailar en frente de miles de personas? ¿De qué le sirven a un coleccionista cien o diez mil estampillas? Es complejo, pero algo para otra ocasión porque, en verdad, no importa. Así como Madonna creó y el coleccionista disfrutó cada estampilla nueva, Antonio Argüelles vivió cada uno de estos nados y con ello nos dio algo a todos. Como dice mi amiga Steffie Gómez (también nadadora del Canal de la Mancha, de la isla de Manhattan y del reto Por Ellas en La Paz): “Con esto le demuestro a mis hijos y a la gente en general que una puede hacer cualquier cosa que se proponga”.

La fortaleza física de Antonio Argüelles le ha permitido, a los 60 años, cruzar ida y vuelta el Canal de Catalina, es decir 65 km en poco más de 24 horas —continuas, sin agarrarse de nada— a una temperatura de 16 grados. Como él mismo relata, cada tramo de esa travesía fue un coctel de dolor, frío y miedo. Sobreponerse constantemente es la verdadera fortaleza de este y todos los nadadores de larga distancia. Para llegar a nadar ese trayecto en particular, el entrenamiento es de meses o años. Pero para planteárselo siquiera como parte de una ruta de mayor alcance —como es obtener la Triple Corona (vuelta a Manhattan, Canal de la Mancha y Catalina) o los Siete Mares— la preparación física es de toda la vida.

Esa constancia está relacionada con la fortaleza mental, pero no es la fortaleza mental, sino su fuente. “Quienes estamos llenos de ambición no podemos quitar el pie del acelerador”, dice hacia el final del libro, casi como si hablara de una enfermedad. Lo entiendo porque yo también llevo 30 años levantándome antes del amanecer para agotarme en la alberca; también sé lo que es el desasosiego. Como confiesa en varias ocasiones, su vida ha sido regida por la próxima meta. Este escozor, esa intranquilidad convierte a este libro en algo más que un recuento de anécdotas. Desde su juventud emprendedora y éxito académico en Stanford, hasta fracasos e incluso roces con la bulimia y el alcoholismo, Argüelles se muestra como una persona en crecimiento continuo.

Entre los muchos retos a los que se sobrepone está su lucha por vencer el frío del Mar del Norte, tal vez el pasaje narrativamente más hermoso de este libro. Para enfrentar temperaturas menores a 15 grados (los nados son sin wetsuit) preparó su físico con baños helados, lo que obliga al cuerpo a crear capas de grasa en un esfuerzo por proteger los órganos vitales. Lo hizo durante años. Sin embargo, la victoria vino cuando dejó de luchar contra el frío. “El problema no es el agua fría”, le dice su maestro, “sino el miedo que le tienes. El agua fría existe, siempre estará ahí. No podemos cambiar eso, pero sí podemos cambiar la forma en que te relacionas con ella y te afecta, así que eso es lo que vamos a hacer.” Adoptó la meditación y aprendió a visualizar un calor interno, en un ejercicio sorprendentemente reflexivo para alguien que parece nunca estarse quieto. El fluir va mucho más allá de la fuerza física, algo que me recuerda las palabras de una amiga y entrenadora brillante de natación, Laura López, a quien he escuchado decir a varios nadadores: “No te pelees con el agua”. Para aquellos que no son deportistas, la historia de un nadador extremo puede parecer un sinsentido, pero recordemos que la perseverancia y la adaptación no son cualidades físicas, sino mentales.

La tenacidad de Argüelles rebasa la esfera deportiva. Logra insertarse en diversos puestos del gobierno durante el experimento tecnocrático que empieza con Salinas de Gortari —algo que relata con gran candidez— en una parte del libro que al principio me pareció fuera de lugar. Tanto que pensé en obviarla. Sin embargo, que Ernesto Zedillo firme el prólogo deja claro que no está ahí por accidente. Entretejer su vida con la narrativa nacional es tal vez una muestra más de arrojo e inquietud comunicativa. En episodios como su paso por el Conalep, Argüelles nos retrata el paso de un equilibrista de la cultura del esfuerzo sobre una cuerda floja de amiguismos y política.

Debe decirse que además de la trayectoria profesional, la vida de Argüelles deja un legado que trasciende lo filosófico. Ha recibido premios y ha sido galardonado en las pruebas más destacadas de la natación de aguas abiertas a nivel mundial, afianzando el lugar de México en esta disciplina. Trajo a México el programa Nado por mi Corazón, que fomenta la actividad física, y creó el ABC Motriz, una capacitación para maestros. Además, su fundación Brazada Abrazada atiende a más de mil niños en Sonora, y es presidente honorario y cofundador de la Federación Mexicana del Triatlón.

El interés por un sujeto es una de las mieles del que reseña y entrevista, así que, dado que Argüelles vive en México, me dispuse a conocerlo. Nos vimos primero en mi casa y una semana después fuimos a comer. En ambas ocasiones acudió en pants y con chanclas de nadador, como si siempre estuviera entre nados. En esas pláticas, y en mensajes de Whatsapp que intercambiamos siempre antes de las 6:00 am (el horario de los nadadores), pude comprobar que el motor de Argüelles es algo que tal vez él mismo no comprende, pero que siempre ha sabido enfocar de manera positiva. Tanto como la natación de aguas abiertas, su pasión concuerda con la de Steffie: transmitir a las generaciones futuras que todo es posible con esfuerzo. Me parece que la intención de Argüelles fue relatar una vida exitosa a través de sus metas, exhibiéndolas cual medallas, como una especie de regalo a México. En vez de ello, nos regaló algo más preciado, un método de vida. La diferencia es importante, porque si la meta nos grita que hay que llegar, el método murmura sigue, sigue.

Hace unos días, saliendo de la alberca al lado de mi compañera de carril, Arleene González (primera mexicana en obtener la Triple Corona), le comenté que me impresionaba la capacidad de adaptación del ser humano, pensando no solo en Argüelles sino en todos los nadadores en el contexto de la pandemia. Me contestó que aunque reconoce la tranquilidad que otorga la rutina, cree en el beneficio de cambios disruptivos en nuestras vidas, y me recomendó leer La Paloma, de Patrick Süskind. Lo hice y vi cómo un evento pequeño en la consciencia puede provocar una avalancha de transformaciones en la vida, lo que me hizo ver que aunque Argüelles acredite su superación permanente a lo desafiante de sus circunstancias, hay algo en él —en su personalidad— que genera estos cambios. Argüelles trae adentro a la paloma de Süskind.

Más allá de Antonio Argüelles y de cualquier récord o deporte en particular, en este libro hay una fuerza de vida que es como mínimo contagiosa, en momentos hasta inspiradora. Detrás de cada brazada y cada página se advierte una voluntad positiva y creadora, algo que nuestro país necesita con urgencia. A él parece venirle de algún lugar profundo y en ocasiones, sí, inexplicable. Ambicioso, inconforme, tal vez, como dicen los que nunca han sido tentados por el deporte de fondo, un poquito loco. Su secreto, nos dice hacia el final, consiste en “encontrar alegría y esperanza y permanecer abierto a oportunidades inesperadas a medida que pasa la vida”. Por eso su travesía no termina, porque es alguien que no cree que el destino esté escrito. EP

RECIBE NUESTRO NEWSLETTER

Relacionadas

DOPSA, S.A. DE C.V
T.  56 58 23 26 / 55 54 66 08 /
56 59 83 60

Morelos 23,
Del Carmen,
Coyoacán,
04100,
Ciudad de México