Deslealtad con la política exterior

Una serie de cuestionamientos éticos al ahora exrepresentante de México en la Unesco, exacerbados durante las manifestaciones del pasado 8 de marzo por el Día de la Mujer, traen a la memoria este episodio que César Guerrero Arellano vivió luego de que a Andrés Roemer se le instruyó emitir un voto en representación de México.

Texto de 07/07/21

Una serie de cuestionamientos éticos al ahora exrepresentante de México en la Unesco, exacerbados durante las manifestaciones del pasado 8 de marzo por el Día de la Mujer, traen a la memoria este episodio que César Guerrero Arellano vivió luego de que a Andrés Roemer se le instruyó emitir un voto en representación de México.

Prominentes figuras del espectáculo, como Harvey Weinstein o Plácido Domingo, han caído de su pedestal muy recientemente cuando las mujeres que fueron sus víctimas, de manera valiente y abrumadora, hicieron públicos sus abusos y, en algunos casos, procedieron penalmente. En México, lo más parecido a ese proceso de empoderamiento es lo denunciado este año sobre Andrés Roemer. Sin embargo, a diferencia del productor de Hollywood o del tenor español, el caso de Roemer trasciende la industria del entretenimiento. Mi desempeño como servidor público de carrera me hizo coincidir con Roemer, a raíz de su nombramiento y destitución como representante permanente de México ante la UNESCO. En el modus operandi que muchas de sus víctimas han narrado reconozco hoy gestos muy semejantes que se entrelazan con su abuso y deslealtad hacia la función pública. 

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Los Estados nombran embajadores para hacerse representar ante otros países y representantes permanentes para hacerlo ante los organismos internacionales. En ambos casos, dichos funcionarios gozan de privilegios e inmunidades diplomáticas y responden ante las Cancillerías, en donde se determina la política que deberán ejecutar. 

El 1 de marzo de 2016, siendo canciller Claudia Ruiz Massieu, la Secretaría de Relaciones Exteriores anunció al Senado de la República diversos nombramientos diplomáticos. Uno de ellos fue el de Andrés Isaac Roemer Slomianski como representante permanente de México ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). 

Roemer expuso el 14 de abril su programa de trabajo en una sesión pública y conjunta de las comisiones de “Relaciones Exteriores” y de “Relaciones Exteriores — Organismos Internacionales”, que presidían las senadoras Gabriela Cuevas Barrón y Laura Rojas Hernández, respectivamente. Puede reproducirse en el Canal de YouTube del Senado de la República, de la primera hora y 35 minutos en adelante. Una vez transcurrida, el Senado ratificó su nombramiento (Boletín No. 1546 del 14 de abril de 2016).

El nuevo representante permanente de México presentó sus cartas credenciales a la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, el 1 de agosto de 2016, en la sede de la Organización en París, Francia. La 200.a Sesión del Consejo Ejecutivo fue la primera de un órgano de gobierno bajo su responsabilidad. Como jefe de la delegación, Roemer escribió y leyó el discurso de nuestro país ante la Sesión Plenaria (10 de octubre). Fue, por cierto, tan vago que no mereció ninguna referencia o retroalimentación de la directora general en su respuesta (ver pp. 68 a 71) a lo expresado por los Estados miembros. 

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La Constitución de la UNESCO prevé, en su artículo VII, que sus Estados miembros constituyan comisiones nacionales, figura institucional que, en la práctica, es su interlocutor fundamental para cualquier asunto sustantivo y no diplomático (esto último corresponde siempre a las cancillerías mediante sus representantes permanentes). 

Algunos países colocan a su Comisión Nacional en su propia cancillería, otros la asignan a una secretaría de Estado y algunos incluso la establecen como una entidad pública con personalidad jurídica propia. En el caso de México, la Comisión Mexicana de Cooperación con la UNESCO (CONALMEX) ha estado a cargo de la SEP, primero mediante un decreto presidencial (del 29 de abril de 1969) y, tras la abrogación de éste, mediante un acuerdo secretarial (No. 251, del 12 de noviembre de 1998). Pablo Latapí describió con algún detalle la historia y el funcionamiento de esa figura en un artículo sobre México y la UNESCO

Varias circunstancias propician que esto sea así. Una es icónica: Jaime Torres Bodet, dos veces secretario de Educación Pública (1943-1946 y 1958-1964), fue coautor de la Constitución de la UNESCO durante la Conferencia de Londres (noviembre de 1945) y el segundo director general de esa Organización de las Naciones Unidas (1948-1952). Otra razón es sustantiva: hasta la creación de la Secretaría de Cultura en 2015, la SEP tenía a su cargo los dos ámbitos de acción más grandes de la UNESCO: educación y cultura. Una más es financiera: la SEP paga la cuota de membresía de México en la UNESCO que, como 15.o mayor contribuyente, fue de 9.37 millones de dólares en el bienio 2016-2017 (ver la p. 3 del documento 202 EX/31 Parte I). 

“Mediante su ingreso a la UNESCO en 2011, Palestina ha buscado el reconocimiento internacional de su patrimonio cultural en territorios en disputa, algo que pone a Israel a la defensiva.”

Finalmente, dado el limitado personal con el que cuenta la Dirección General para la Organización de las Naciones Unidas de la SRE para atender al conjunto del sistema de Naciones Unidas, es una ventaja que la SEP se ocupe con detalle, a través de su Dirección General de Relaciones Internacionales, de la operación y ejecución técnicas de los múltiples programas de la UNESCO en los que participa México, abrumadoramente concentrados en el sector educativo, científico y cultural. 

Con base en lo anterior, el director general de Relaciones Internacionales de la Secretaría de Educación Pública y el director de Relaciones Multilaterales fungen, respectivamente, como secretario general y secretario general adjunto de la Comisión Mexicana de Cooperación con la UNESCO (CONALMEX). Quienes ocupábamos entonces esos nombramientos fuimos acreditados del 10 al 14 de octubre como miembros de la delegación de México ante dicha Sesión del Consejo Ejecutivo para participar en los asuntos y programas cuya operación directa estaba a nuestro cargo (Ver p. 5 de las siguientes Actas resumidas).  Con una duración de once días hábiles, repartidos en tres semanas distintas (4 al 18 de octubre de 2016), el periodo de nuestra participación permitía cubrir los días con sesiones simultáneas de dos comisiones (ver orden del día y calendario de trabajo) de manera coordinada con la Misión Permanente. 

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Ningún organismo internacional, por técnico y especializado que sea, es ajeno a la política internacional: los organismos multilaterales son foros institucionales que pueden brindarle a cada Estado miembro algún tipo de legitimidad. Los que son técnicos y especializados pueden contribuir a resolver diferendos políticos sobre una base más objetiva y equilibrada o, dada esa misma imparcialidad, a exacerbar la frustración de alguna de las partes. 

Mediante su ingreso a la UNESCO en 2011, Palestina ha buscado el reconocimiento internacional de su patrimonio cultural en territorios en disputa, algo que pone a Israel a la defensiva. Fue el caso del punto 25 de ese Consejo Ejecutivo sobre “Palestina ocupada” (200 EX/25). Más allá de sus aspectos técnicos, su esencia es política y diplomática, sobre la cual no tienen competencia miembros de la delegación mexicana ajenos a Relaciones Exteriores. Por ello, ni mi jefe ni yo atestiguamos lo que describo en los siguientes párrafos de este bloque. Mi síntesis se basa en fuentes públicas

La Cancillería instruyó a Roemer votar a favor de un proyecto de decisión presentado por siete países árabes. En uno de sus párrafos, los Estados miembros de la UNESCO afirmaron la importancia de la ciudad vieja de Jerusalén para las tres religiones monoteístas y subrayaron que ningún elemento de esa decisión afectaría las resoluciones y decisiones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre la condición jurídica de Palestina y Jerusalén. Sin embargo, la decisión se basó en el señalamiento de múltiples acciones de Israel, “la potencia ocupante”, para impedir tanto el acceso a la mezquita de al-Aqsa/al-Haram al-Sharif y sus inmediaciones como en diversas acciones activas y pasivas que perjudicaban la conservación y restauración requeridas ahí, así como en al-Haram al-Ibrahimi/Tumba de los Patriarcas en al-Jalil/Hebrón y en la mezquita de Bilal bin Rabah/Tumba de Raquel en Belén. El 12 de octubre de 2016, la mayoría de Estados miembros, México incluido, aprobó la decisión, que puede leerse en las páginas 35 a 40 del documento 200 EX/Decisiones

Reclamos en redes sociales por el voto mexicano propiciaron que el propio Roemer respondiera haciendo público que él se había ausentado de la sala (otra persona de la Misión Permanente expresó el voto de México en lugar suyo). Poco después difundió una carta en la que el representante permanente de Israel, Carmel Shama Hacohen, le expresaba haberse conmovido por ese gesto y le reiteraba su consejo de no renunciar a su cargo. En otras palabras, por razones personales, Roemer desacató sus instrucciones y evadió su responsabilidad de representar la política exterior mexicana. 

Quienes representábamos a la CONALMEX fuimos informados por colegas de la Misión Permanente que Roemer había viajado a Ciudad de México para ser llamado a cuentas por la Cancillería. Del 13 al 14 de octubre continuamos con nuestra agenda de trabajo en la Comisión de Programa y Relaciones Exteriores (PX), y con nuestras reuniones bilaterales (con el subdirector general de Educación, con el de Relaciones Exteriores e Información Pública y con el director del Secretariado del Equipo Especial para Docentes). 

“Reclamos en redes sociales por el voto mexicano propiciaron que el propio Roemer respondiera haciendo público que él se había ausentado de la sala.”

El 17 de octubre, la Cancillería anunció haber modificado el voto de nuestro país (de “a favor” a “abstención”), así como haberle retirado a Roemer su nombramiento “por no haber informado diligentemente y con acuciosidad del contexto en el que ocurrió el proceso de votación; por informar a representantes de otros gobiernos distintos al de México del sentido de su voto y por hacer públicos documentos y correspondencia oficiales sujetos al sigilo que le obliga la Ley del Servicio Exterior Mexicano” (Comunicado SRE No. 461).

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Tras su destitución como representante permanente, Roemer me buscó por WhatsApp la mañana del domingo 30 de octubre. Quien en días previos había sido un funcionario primordial para mis atribuciones  y con rango muy superior al mío, me invitaba a desayunar en algún restorán cercano a su casa o, “mejor todavía”, en su propia casa para consultarme algunas cuestiones sobre lo sucedido en la UNESCO. Ya no tenía obligación de atender su llamado, pero acepté y, siendo Roemer un personaje tan estrafalario y llamativo (uno de los atuendos que le vi en la UNESCO lo hacía parecer más un imitador de Bono que un diplomático) me pareció prudente que la conversación fuera en su domicilio en lugar de en un sitio público.

Estacioné mi coche en el perímetro de la plaza Río de Janeiro. Una persona de servicio me abrió la puerta y ascendimos por las escaleras que desembocan en la sala. Me invitaron a sentarme y, tras una espera razonable frente a la chimenea encendida, Roemer apareció desde el fondo de la casa, seguido del servicio de café. Me dijo que le inquietaba la investigación que estaba realizando el Órgano Interno de Control (OIC) de Relaciones Exteriores, en específico, la cuestión de no haber informado apropiadamente el ambiente en torno a la votación y, como recordaba que yo había participado en la teleconferencia que el 27 de septiembre diversos funcionarios sostuvimos con él desde la sede de la cancillería para preparar la participación de México en el Consejo Ejecutivo, me pedía confirmar al OIC de la SRE que él sí había abordado el tema del voto sobre Jerusalén, en caso de que éste me solicitara algún testimonio al respecto. 

Según mis notas, cuya copia digital aún conservo, sí se mencionó ese tema, pero no se abordó: al abrir la conversación fue una funcionaria de la propia Cancillería quien señaló su relevancia y lo calificó como un tema “delicado”. Sin embargo, en el resto de mis apuntes registré que Roemer se explayó sobre toda clase de temas técnicos durante el resto de la junta. Le respondí a Roemer que al OIC de la SRE podía confirmarle mi presencia en esa junta y la mención del tema. Quizá él esperaba que fuera más efusivo y que le diera detalles de qué más podía decir en su descargo, pero no lo hice. En lugar de ello, le di mi opinión no solicitada sobre el tema de fondo: que no debió desacatar una instrucción de la Cancillería y que, si el voto instruido por el Estado mexicano entraba en predicamento con sus legítimas convicciones personales siendo judío, lo correcto era haber renunciado antes de seguir obligado a ejecutarlas. 

Tras recordarle con franqueza todo aquello que contravenía lo que había hecho y defendido activamente por diversos medios, adoptó primero una actitud de mea culpa. Se autoflagelaba verbalmente, mientras sacudía la cabeza mirando al suelo, como si todo hubiera sido una torpeza suya dada su inexperiencia. Luego me dijo que se había convencido de que el servicio público no era lo suyo y que, aun cuando no lo inhabilitaran, ya no buscaría ejercer un próximo cargo. 

Rumbo al coche tuve una sensación extraña. Por una parte, antes de cerrar la conversación había buscado dos libros suyos para obsequiármelos (ambos editados en Estados Unidos, uno en coautoría y el otro una antología con un pequeño texto suyo). Mientras me conducía a las escaleras, también me había recomendado que me comunicara con su asistente para que me hicieran un descuento para asistir a la Ciudad de las Ideas en noviembre. Pero por otra, tras franquear la puerta y volverme para decir adiós, lo vi empujándola con la vista en el celular, sin despedirse. Más allá del tiempo que le dediqué y que mi jefe le había negado, según me dijo cuando le hice mi reporte al día siguiente (lo había buscado primero a él), lo más probable es que ese final contrastante se debiera a que Roemer no había obtenido la coartada atenuante que esperaba de mí. 

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Además de perder su nombramiento, ¿se sancionó administrativamente a Roemer? El 8 de marzo de 2017 los integrantes del Comité de Transparencia de Relaciones Exteriores se declararon incompetentes para atender una consulta ciudadana sobre ese particular. El solicitante debía dirigirse a la Secretaría de la Función Pública para obtener el “archivo documental de la investigación” contra Roemer por violaciones a la Ley del Servicio Exterior (artículos 41, 42 y 43) y “saber con precisión en qué etapa se encuentra”. 

Tampoco he logrado identificar si Relaciones Exteriores atendió el punto de acuerdo del Senado de la República del 15 de noviembre de 2016 respecto de compartir “el estado que guarda la investigación ante el Órgano Interno de Control y los resultados de la misma”. Independientemente de si hubo o no sanción, hoy parece impensable que Andrés Roemer regrese algún día a la diplomacia mexicana, a la que ingresó en 2013 como cónsul en San Francisco, siendo canciller José Antonio Meade. 

“Además de perder su nombramiento, ¿se sancionó administrativamente a Roemer?”

Sin embargo, once semanas como representante permanente de México ante la UNESCO bastaron para que Roemer convirtiera su delicada encomienda diplomática en instrumento para su beneficio personal: la más conocida es la calle bautizada en 2019 con su nombre en la ciudad de Ramat Gan, parte del área metropolitana de Tel Aviv, sede del mayor rascacielos de Israel y de la cual el exembajador de Israel ante la UNESCO, Carmel Shama Hacohen, aún es alcalde. Su ayuntamiento ya inició los trámites para revertir esa denominación. En su nota al respecto, el medio Enlace Judío enumeraba otras condecoraciones previas de parte de instituciones judías en Nueva York y Los Ángeles, así como la distinción que le hizo el ahora ex primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, al recibirlo en París

Previo a sus escándalos como agresor sexual, Roemer también obtuvo fuentes de legitimidad de la UNESCO mientras le fue posible: en septiembre de 2017 fue nombrado Embajador de Buena Voluntad, función mediante la cual la Organización se apoya en personalidades para impulsar sus ideales, en este caso su programa de Ciencias Sociales (MOST, Management of Social Transformations). El logo compuesto del MOST-UNESCO fue usado como membrete de su programa televisivo más reciente. La UNESCO confirmó que Roemer había devuelto su nombramiento honorario este año. 

Aún hoy, las fotografías con las que algunos medios han ilustrado notas sobre quienes lo denuncian (o lo apoyan) son aquellas en las que es arropado por los símbolos institucionales de su paso por la UNESCO: ya sea en el podio de la Organización, flanqueado por la bandera mexicana y la de Naciones Unidas, o bien cuando presentó sus cartas credenciales a la directora general. 

Tengo un respeto muy grande por la UNESCO y por la historia que une a México con esa Organización. Más allá de la incomodidad que me producen esas fotos en el contexto actual, la cuestión es que ese es justo el tipo de instrumentos que personas como Roemer buscan afanosamente: un prestigio institucional y mediático que les permita fingir probidad. 

Tras ratificar su nombramiento y el de otros diplomáticos en 2016, la Presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores Organismos Internacionales expresó su confianza “en que todos ellos sabrán conducirse bajo la exigencia de ser representantes no sólo del Poder Ejecutivo, sino del Estado, las instituciones, la sociedad mexicana y que serán aliados en la consolidación de (…) una relación entre el Senado y la Cancillería basada en (…) la colaboración y la rendición de cuentas” (las cursivas son mías).

Desafortunadamente, el desempeño de Roemer como representante permanente de México ante la UNESCO fue contrario a esa confianza y minó la rendición de cuentas que cabría esperarse de él ante los poderes del Estado. Además de la sanción que a cada infracción administrativa y delito corresponda, lo más importante a largo plazo es que socialmente seamos conscientes de la forma sutil, pero metódica y eficaz, con la que personajes como él se apropian y tergiversan mucho de lo bueno que tenemos. 

Si Andrés Roemer previó que su cargo diplomático como representante de nuestro país ante una ilustre organización internacional inscribiría su nombre en los anales más destacados de nuestra diplomacia, si asumió que dicho cargo representaría un hito personal con el cual seguir apantallando incautos y abusando de personas en desventaja, me gustaría que esta adición personal a la memoria de su cese fulminante invite a reflexionar en esto: si su origen obedeció a su torpeza de inexperto y a su congruencia a toda prueba, o si más bien fue producto de su deslealtad alevosa, ominosa por premeditada, en éste y en los otros casos que se le señalan. EP

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