Ante una crisis económica, quedará siempre el problema de cómo manejar los escasos recursos disponibles. Instituciones como el CIDE enfrentan algo de lo peor de los recortes anunciados. Los autores proponen argumentos sólidos contra cortar indiscriminadamente en rubros como la educación superior.
Ante una crisis económica, quedará siempre el problema de cómo manejar los escasos recursos disponibles. Instituciones como el CIDE enfrentan algo de lo peor de los recortes anunciados. Los autores proponen argumentos sólidos contra cortar indiscriminadamente en rubros como la educación superior.
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Lo que comenzó como una crisis sanitaria que parecía localizada, a finales del 2019, en China, se ha convertido en los primeros meses de este año en una crisis de salud y económica mundial. Además de lidiar con la saturación de los sistemas de salud y la implementación de medidas sanitarias y de distanciamiento social, prácticamente todos los países están enfrentando el crecimiento alarmante del desempleo y el incremento de la pobreza en amplios sectores de la población. Esto exacerba el reto de garantizar un ingreso que permita la subsistencia a quienes son más vulnerables. Aún si logramos superar la fase de confinamiento en un tiempo breve y reactivar nuestra economía a niveles similares a los previos, como las proyecciones más optimistas sugieren, los efectos de la pandemia serán severos.
Aún con ello, México y el mundo tendrán que tomar decisiones difíciles que en muchos casos implicarán recortes en la administración pública y reasignación del gasto. Si bien este recorte se dará en toda la Administración Pública Federal, no en todos los casos tendrá el mismo impacto para las instituciones, para quienes laboran en ellas y para el país. Por eso, vale la pena repensar si es estratégico implementar recortesindiscriminados. Más aún cuando afectarán a instituciones de educación pública y centros de investigación.
Esto es grave y preocupante. En primer lugar, porque el CIDE es un centro de movilidad social que ha cambiado la realidad de miles de personas. Si bien sus generaciones son relativamente pequeñas, permiten un acompañamiento cercano al estudiantado que es crucial en su modelo de formación. A quienes escribimos este texto nos consta, tanto en persona como a partir de la historia de decenas de compañeras y compañeros, que el CIDE ha significado un absoluto diferencial en nuestro desarrollo. La gran mayoría de las y los estudiantes del CIDE provienen de regiones distintas al centro del país y, no pocos, de estratos populares. En un país donde cerca del 50% de la población vive en pobreza o pobreza extrema, la existencia de instituciones como el CIDE, que cuentan con un robusto sistema de apoyos y becas para sus estudiantes, combate la desigualdad y promueve la democratización del conocimiento; no sólo es benéfica para los individuos que acceden a estas oportunidades, sino para el país en su conjunto.
Por eso, vale la pena repensar si es estratégico implementar recortesindiscriminados. Más aún cuando afectarán a instituciones de educación pública y centros de investigación.
Por lo tanto, la aproximación a los recortes debe ser diferenciada. La educación no puede estar sujeta a la misma lógica de machetazo con la que se ha pretendido reducir el gasto público, puesto que no es un lujo, sino un derecho. Es, además, la base de una recuperación económica inteligente y sostenible en el tiempo. En los Centros Públicos de Investigación, como mínimo se debería garantizar un nivel de operación que no implique poner en riesgo su misión educativa o recortar personal, particularmente el contratado por esquemas de outsourcing, que es de por sí el más vulnerable. En lo que va de este sexenio, el Presidente ha abogado por ampliar el acceso a la educación superior a los sectores históricamente excluidos, no sólo echando para atrás los intentos de recortes a las universidades, sino también promoviendo la creación de instituciones de educación superior. En la línea de estos aciertos, también deberían repensarse los recortes a los Centros Públicos de Investigación, analizando caso por caso, y no aplicando una fórmula general.
No obstante, sabemos que 2020 y probablemente 2021, no dejarán de ser excepcionales, por lo que igual de indispensables son las iniciativas desde la comunidad cideíta y aliadxs para nutrir el fondo de becas a quienes actualmente estudian ahí: En este enlace pueden donar para brindarle una beca a un estudiante. Y en este otro, firmar una carta redactada por ex-alumnos del CIDE y de amplia convocatoria que se dirige al gobierno federal.
Para quienes pasamos por sus aulas, contribuir a esta causa, donando, ampliando el mensaje o influyendo en espacios clave, sobre todo aquellas personas que están dentro de la administración federal, es lo mínimo que podemos hacer para devolver un poco de lo que el CIDE ha dado a nuestras vidas. EP
1 Si bien se ha hecho un esfuerzo importante porque grandes contribuyentes paguen sus deudas a hacienda, resultará importante que se consiga el pago de Ricardo Salinas Pliego, de quien se ha mencionado podría ser el deudor más grande con 14 mil mdp.
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