Chixo’ó o el baile de los espíritus

Esta columna es la segunda parte de Nangi ko kjoabijnandiì (Tierra y libertad), en la que el periodista Heriberto Paredes se interna, a través de la historia oral, en el legado de Ricardo Flores Magón en la comunidad mazateca de Eloxochitlán de Flores Magón.

Texto de 28/05/20

Esta columna es la segunda parte de Nangi ko kjoabijnandiì (Tierra y libertad), en la que el periodista Heriberto Paredes se interna, a través de la historia oral, en el legado de Ricardo Flores Magón en la comunidad mazateca de Eloxochitlán de Flores Magón.

“Ricardo Flores Magón ya nunca regresó a su pueblo”, continúa Carrizo Trueno mientras toma  una taza de café. Se ha hecho tarde y el frío comienza a entrar a través de los muros de adobe de su estudio. “Pero estoy escribiendo una novela en donde lo regreso, donde convocó a la gente, donde sí estuvo aquí”.

Carrizo Trueno es el nombre de batalla de Sergio Nieto y esta es la segunda parte de una charla en la que él se transforma en un símbolo de la cosmovisión de su comunidad.

“Según lo que yo escribo y lo que yo sé de la historia oral, cuando nace Ricardo, él es un nahual, existió su espíritu como un nahual”.

Escucho varias veces la grabación de esta charla. La voz de Carrizo Trueno se repite en mi computadora: “Aquí existen los nahuales, ese don al que ya no le hacemos mucho caso. Según lo que se cuenta de forma oral, Ricardo fue un tlacuache, porque cuando nació había muchos truenos, mucha lluvia, muchos fenómenos naturales. Y eso fue extraño, según la idea mazateca”.

Carrizo me cuenta que los nahuales son seres que  pueden transformarse en animales. Según dicta la tradición en las comunidades de la sierra, hay nahuales buenos y nahuales malos, pero también hay intermedios. El nahual, no es algo que se nos imponga, tiene que salir de nuestro ser y se convierte en un animal que se alimenta, baila y brinca. Para muchas personas, Ricardo Flores Magón era un nahual, tenía ciertos dones, entre ellos, cierta fortaleza extra.

“Él no murió tan fácil —apunta Trueno mirándome fijamente a través de la grabación—, lo castigaban en la cárcel, pero aguantaba todo eso. Era un personaje muy particular, sin embargo, el imperio logró matarlo”.

Aquí existen los nahuales, ese don al que ya no le hacemos mucho caso. Según lo que se cuenta de forma oral, Ricardo fue un tlacuache, porque cuando nació había muchos truenos, mucha lluvia, muchos fenómenos naturales. Y eso fue extraño, según la idea mazateca”.

Heriberto Paredes (HP): ¿Me podría contar el significado de los huehuentones?

Carrizo Trueno (CT): Son parte de la cosmovisión mazateca. Se realizan cuando ya hay cosas para comer que dio la milpa. Todo está basado en la cosecha. En septiembre y octubre es cuando ya hay mazorcas, frutas, las gallinas están gordas, hay huevos, hay guajolotes… La gente está bien porque tiene comida. Entonces se hace la fiesta de Todos los Santos.

Empieza el 27 de octubre. La gente se prepara su comida para ocho días, los días principales son  1 y 2 de noviembre: se supone que los muertos que ya no están vienen a convivir con los humanos que estamos acá. Los huehentones salen a bailar con sus máscaras en cada casa y se ponen altares, comida, aguardiente, café, de todo.

Yo he participado en estas danzas y se hacen toda la noche, vas de una casa a otra y todas las casas se visitan. La gente cree que vienen los espíritus a convivir a estas fiestas.

Se dice que hay una neblina que viene de oriente en los tiempos de lluvia. Dicen los viejos que es el espíritu de los que ya murieron pero vienen a ver si el lugar es apto para su llegada.

Cuando el huehuenton mayor dirige a la banda de los que bailan ve esa nube, empieza a tocar un tambor grande. Yo lo he tocado en la mañana, al mediodía y en la tarde, así se hacía antes.

Al pensar en la muerte del precursor de huelgas, organizaciones mutuales, periódicos críticos y la revuelta contra la dictadura de Porfirio Díaz, pensamos también en la muerte y en cómo se vive en la tradición nguixó.  Estas ideas nos llevaron al relato de las danzas más relevantes en las comunidades. A partir de ahí será la palabra de Tlacuache Hambriento (otro de los rostros de don Sergio) quien encadene el pensamiento y lo traduzca.

Yo he participado en estas danzas y se hacen toda la noche, vas de una casa a otra y todas las casas se visitan. La gente cree que vienen los espíritus a convivir a estas fiestas.

Tlacuache Hambriento (TH): Se tocaban como si fuera el latido del corazón.

Allá en el inframundo, donde están los espíritus, suena el tambor y se sabe que son los vivos los que están preparando la fiesta. Los espíritus escuchan este latido y se preparan para venir. Los que están en el inframundo tienen miles de años ahí y se dice que hay grupos buenos y malos, uno de ellos muy malo: hacían guerras, mataban y robaban, y los dioses estaban hartos.

“Vamos a exterminar a esta gente, no sabemos por qué están haciendo estas cosas, no sabemos porqué los cultivamos” dijeron los dioses. Entonces los controlaron con una epidemia y sólo quedaron libres los buenos de espíritu.

Esto pasó hace muchos años y había un guardián en la puerta del inframundo. Cada vez que los espíritus malos querían salir, no podían, pero una vez a alguien se le ocurrió disfrazarse de animal para poder salir.

El guardián de la puerta creyó que eran animales y no le dio importancia, así llegaron a la Tierra, disfrazados, un 27 de octubre.

Empezaron a cantar como cantamos nosotros, eran los espíritus malos pero también los buenos estaban bailando y todos se mezclaron, se hizo uno solo, por eso se estableció esta fecha.

Eso es lo que cuenta la gente grande por acá.

Huhuenton es náhuatl y quiere decir ‘viejos que bailan’, pero nosotros los conocemos como chixo’ó, ‘los que nacen del ombligo de la tierra’. Es una fiesta de honra a los muertos, es muy significativa para nosotros.

Quien baile tiene que cumplir siete años seguidos bailando y hay que recorrer lugares. Cuando yo estuve recorrimos muchas montañas, de noche y de día. Hemos estado bajo la lluvia, como guerrilleros, pero en realidad es un camino hacia ser guerrero, se aprenden muchas cosas, primero la historia y luego a convivir con la naturaleza.

Cuando uno se pone la máscara pasa a otra dimensión. La máscara tiene esa magia, cuando bailas te sientes en otro mundo. Nuestras canciones hablan de eso, de espíritus que vienen a ver sus flores, su lugar, pero después se van y la gente empieza a llorar porque se acuerda de sus antepasados.

Hay algunos que visten de mujer para esta fiesta y ellos sí tienen que bailar los siete años obligatoriamente, si no, es como burlarse de las mujeres, así dicen los mayores. 

El guardián de la puerta creyó que eran animales y no le dio importancia, así llegaron a la Tierra, disfrazados, un 27 de octubre.

Un buen huehuenton debe saber hacer las máscaras. Aunque le salga fea pero tiene que hacer su indumentaria. Yo hago máscaras porque a veces me las piden los chavos, pero también doy talleres. Hago un ritual para cortar la madera con la que las hago, pido que esa madera sea noble para trabajarla.

Puede ser cualquier diseño, si la gente me pide animales, se los hago, o de viejos. Hay de nahuales o de brujos. He hecho también de la dualidad de la muerte y la vida.

La neblina entra por las ventanas, es imposible distinguir algo a más de  cinco metros. El café se ha terminado y las charlas con los huehuentones continuarán en otra ocasión. EP

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