Capitalismo y nada más

Reseña crítica sobre el más reciente libro del ex jefe de investigadores del Banco Mundial, Branko Milanovic, Capitalism Alone que recién se publica en español.

Texto de 23/09/20

Reseña crítica sobre el más reciente libro del ex jefe de investigadores del Banco Mundial, Branko Milanovic, Capitalism Alone que recién se publica en español.

Se puede decir que un orden mundial ha triunfado cuando la mayoría de los Estados cambian sus estructuras para dar cabida a las nuevas reglas; por ejemplo, el neoliberalismo. A la par, se van desarrollando sistemas rivales, y de tanto en tanto alguno desafía al dominante. Así, se pasó del esclavismo al feudalismo y de ahí al capitalismo extendido por el Imperio neerlandés y consolidado por el Imperio británico. El capitalismo dejó en el camino, al menos, a dos poderosos rivales (fascismo y comunismo), entre otras cosas, gracias a su capacidad de resiliencia. Sin embargo, todo sistema hegemónico tiende al cisma o como dirían en los anuncios del cine: “Ahora la lucha es contra sí mismo” y este es el centro del nuevo libro del economista Branko Milanovic, Capitalism, alone que recién se edita en español como Capitalismo, nada más. El futuro del sistema que domina el mundo.

Tras la caída del bloque comunista, el capitalismo neoliberal emergió con toda su fuerza al tiempo que sucedía una de las mayores anomalías históricas de la humanidad: la del mundo unipolar. Esto es, la existencia de una sola propuesta político económica, encabezada por una única potencia hegemónica. Sin embargo, el sistema económico triunfante no tuvo el carácter monolítico que, en 1990, Francis Fukuyama predijo en “¿El fin de la Historia?” En 1994, dos teóricos de corrientes opuestas, el post gramsciano Giovanni Arrighi y el neoliberal Joseph Nye publican sendos libros donde señalan que el sistema hegemónico estadounidense había sufrido una bifurcación entre el poder militar y el poder financiero, misma que existe hasta la fecha: Estados Unidos sigue teniendo el ejército más poderoso en la historia de la humanidad, pero el poder económico se trasladó a Asia.

Si bien el capitalismo demostró ser más exitoso que sus competidores para crear un consenso mundial y que los individuos reproduzcan y refuercen los valores en los cuales se sustentan como sistema social, no escapó al cisma. De momento se dividió en dos vertientes, que Branko Milanovic estudia en Capitalismo, nada más. Por un lado, está el capitalismo liberal meritocrático (EEUU y Europa) y, por otro lado, la vertiente denominada capitalismo autoritario/político (China y Rusia). Hoy día, ambas versiones del capitalismo se disputan el mundo, con una creciente desbandada del primero hacia el segundo, por parte de aquellas personas que resultaron damnificadas por el neoliberalismo. 

Las utopías perdidas

Capitalismo, nada más parte del principio de que, hoy día, el comunismo como forma de gobierno formal dejó de existir, con un par de excepciones marginales que carecen de influencia en el concierto mundial. Así, Milanovic establece que el capitalismo de Estado (político) plantea una re-configuración del orden mundial, al señalar que este sistema es el nuevo rival emergente que devuelve al mundo de la unipolaridad (EEUU como único modelo) a un sistema bipolar (EEUU vs China). En este proceso, quien fuera jefe de investigadores del Banco Mundial, abona en el camino al debate sobre el auge de los populismos, entendidos como movimientos reaccionarios de derecha. 

Partiendo de que ambas variantes del capitalismo coinciden en el modo de producción, el foco de Capitalismo, nada más se centra, en una primera instancia, en la distribución del ingreso, la conformación de las élites y la desigualdad tanto del capital como del salario. En un segundo término, el análisis apunta a la descripción de la tipología de ambas formas de capitalismo y el rol que juega cada una dentro del orden mundial. 

Milanovic define el capitalismo meritocrático liberal (que se expandió en Occidente, no siempre de manera pacífica) como aquel que por principio se basa en la democracia, el mérito y la igualdad de oportunidades, para lograr la movilidad social. Una serie de promesas incumplidas, que si bien siguen funcionando como aliciente, han sido utilizadas por las élites para auto perpetuarse a través de mecanismos como la homogamia, la concentración del ingreso y del capital, el control de la política, el desmantelamiento del estado de bienestar, etc. Como consecuencia se produjo una profunda polarización entre dicha élite y el resto de la sociedad, incluyendo a la clase media. Lo cual, de no corregirse, representa un riesgo para la viabilidad en el mediano y largo plazo de dicho modelo.

La segunda vertiente, el capitalismo autoritario o estatal, es el que está detrás del auge asiático, principalmente del caso Chino. Los resultados de este modelo lo están volviendo atractivo para Occidente, minando el reclamo de que el capitalismo tiene que ser democrático. Dicha idea ha llevado al crecimiento de movimientos populistas (de derecha) y plutocráticos que resultan, como señala Milanovic, atractivos para las élites políticas al dotarlas de gran autonomía, mientras que a la gente común les ofrece la tierra prometida de un gran crecimiento económico.

“Hoy día, ambas versiones del capitalismo se disputan el mundo, con una creciente desbandada del primero hacia el segundo, por parte de aquellas personas que resultaron damnificadas por el neoliberalismo.”

Para definir el capitalismo autoritario o estatal, Milanovic actualiza el término de capitalismo político de Max Weber: “El uso del poder político para lograr ganancias económicas”. Esto nos habla de un papel preponderante del Estado sobre la actividad económica sin controlarla del todo. Por ejemplo, en el caso chino, paradigma de este modelo, el capital y los mercados se encuentran 80 % en manos de privados y el 20 % restante en manos estatales. 

Otra característica de este modelo es que alienta la existencia de una élite económica, pero sin permitir que ejerza poder sobre las decisiones estatales. El capitalismo estatal es, de acuerdo a Milanovic, la evolución del comunismo, el cual define, no como el estado superior de la humanidad después del capitalismo, como sostenía Marx en el nivel teórico, sino a partir de la experiencia histórica, como un sistema económico político que permitió la descolonización, nacionalización e industrialización de sociedades feudales para dar paso al capitalismo.

El capitalismo político retoma el centralismo en la toma de decisiones de los gobiernos comunistas y su sistema de partido único, algo que ha permitido el crecimiento acelerado de las naciones que lo practican (asiáticas y africanas) entre las que se incluye a Vietnam y Singapur. La parte negativa, para Milanovic, es que ese sistema requiere un laxo estado de derecho para ejercer la discrecionalidad, lo que aumenta la corrupción, con dos únicas salidas, la democratización y el imperio de la ley o una más conservadora, que es la aplicada por Xin Jinping: una cruzada contra la corrupción al estilo de Mao. La pregunta es si este sistema podrá extenderse por el mundo y convertirse en una alternativa para otros países de pasado no comunista.

Avaricia, corrupción y desigualdad

En la actualidad, de los mayores efectos negativos del capitalismo (en sus dos vertientes) son la corrupción y la desigualdad; ambas han construido una relación simbiótica que se apoya en la discriminación para justificarse: “el pobre es pobre porque quiere” y “a mí nadie me ha dado nada”, mitos fundacionales y discursivos que pretenden ocultar el hecho de que no solo se hereda capital y prestigio sino también se heredan la pobreza y la marginación. De acuerdo con un estudio de la OCDE para salir de la pobreza en Colombia se necesitarían 11 generaciones y en México 10.

Dentro de las políticas públicas que los Estados generaron para combatir la extrema acumulación del capital, se crearon mayores impuestos para la renta, así que las clases altas se pusieron a trabajar o de menos se pusieron a sí mismos en las nóminas con grandes sueldos para pagar menos impuestos. Así, quienes detentan la mayor cantidad de riqueza y renta derivada de ella, también ostentan los salarios más altos. Esto elimina las oportunidades reales de que otras personas logren el ascenso social, aumenta las brechas de desigualdad y, en consecuencia, el descontento social.

Todo lo anterior lleva a Milanovic a abordar los roles de la movilidad del capital y el trabajo como ejes centrales de la globalización. El primero está altamente aceptado por las sociedades mientras que el segundo genera grandes reticencias a pesar de que colabora en el desarrollo de las cadenas globales de desarrollo. También sugiere analizar la migración como la manifestación más visible de la desigualdad económica entre estados, producto de los sistemas coloniales del pasado y del proceso de globalización neoliberal, al punto de generar una renta por ciudadanía y amenazar el estado de bienestar, contra el que señala hay una injustificada aversión mundial, sobre todo en cuanto a transferencias a la población vulnerada se refiere.

Por otro lado, en los últimos 30 años aumentó la corrupción mundial como consecuencia de la ideología capitalista, que a su vez es la superestructura de la globalización. Y es que, como explica el autor: el capitalismo ve “el hacer dinero”, no solo como el principal objetivo, sino quizá como el único; así, el éxito económico se sobrepone a cualquier otro principio y crea una sociedad fundamentalmente amoral que buscará las formas de desviar activos, lavarlos y esconderlos sin romper la ley o aprovechando los canales legales; por ejemplo, empresas e incluso universidades, ONG y Think Thanks

Este fenómeno, asegura, se ve auto alimentado por un efecto de presunción; consumir para demostrar riqueza sucede tanto entre individuos como entre naciones y es que la sociedad de mercado nos ha vuelto interdependientes. No podemos satisfacer nuestros intereses sin satisfacer las necesidades de otras personas. En estas sociedades, la jerarquía está basada en el éxito económico a tal punto que si alguien desde un grupo marginado logra el ascenso económico se le perdonará su origen o, como dirían en EEUU, será blanqueado (dicho sea, con toda la carga racista y colonial que implica); así, el dinero lava todos los “pecados” previos. Con ello se estimulan el egoísmo y la avaricia, lo que nos lleva a uno de los lados más perniciosos del capital.

““El pobre es pobre porque quiere” y “a mí nadie me ha dado nada”, mitos fundacionales y discursivos que pretenden ocultar el hecho de que no solo se hereda capital y prestigio sino también se heredan la pobreza y la marginación.”

La corrupción ha dejado de ser una anomalía, y por lo tanto debe estudiarse como la renta de un factor de producción: el poder político, el cual existe en ambas formas de capitalismo y resulta un bien escaso. Y es que como asegurara el teórico chino más famoso en la actualidad, Wang Hui, parafraseando a Wallerstain: “Si alguno piensa que sin el apoyo estatal o desde una posición opositora al Estado, puede convertirse en capitalista (dueño del capital), esa es una presunción absurda”. 

El éxito final del capitalismo, afirma Milanovic, es haber transformado la naturaleza humana para convertirnos en calculadoras de “placer y dolor”, “ganancia y pérdida”, con el ánimo de maximizar los primeros y minimizar los segundos. El problema central es si el capitalismo meritocrático y liberal podrá transitar hacia una etapa más “avanzada” donde (1) la concentración de los ingresos del capital y la concentración de la propiedad de la riqueza sea menor, (2) la desigualdad del ingreso se reduzca y (3) la movilidad del ingreso intergeneracional aumente.

Este libro realiza una impecable descripción de un fenómeno complejo; sin embargo, se percibe como una gran deficiencia las casi nulas referencias a América Latina, en la cual también impactan los cambios en la tipología dentro de las formas de gobierno propuestas por Milanovic y que se ha visto afectada por la reconfiguración del orden mundial. Por ejemplo, a partir de las categorías planteadas, se podría concluir que el llamado socialismo del Siglo XXI no fue otra cosa que un intento de capitalismo de Estado con discurso de izquierda, el cual al parecer tiene una continuidad más autoritaria con el avance de la derecha populista, así como con el crecimiento político de los movimientos evangélicos.

En términos prescriptivos, Milanovic toma partido por el capitalismo liberal y hace hincapié sobre los peligros del capitalismo de Estado, sobre su centralidad y la pérdida de libertades. Pero no lo hace como un cheque en blanco sino como una advertencia de la necesidad de corregir las deficiencias de dicho sistema so riesgo de perder la batalla. EP

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Milanovic, Branko es doctor en Economía por la Universidad de Belgrado, jefe de investigadores del Banco Mundial y profesor visitante en el Graduate Center of the City University of New York (CUNY). Ha publicado una media docena de libros.

Bibliografía:

Branko M. Capitalismo, nada más. El futuro del sistema que domina el mundo. Taurus. 2020

Fukuyama, F. “The End of History?” The National Interest, no. 16, 1989.OCDE, Estudios Económicos de la OCDE, Colombia. Octubre 2019.

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