Somos lo que decimos: “Yo tengo tentación de un beso”. Coplas imperecederas

Para Bob Dylan (a ver si acepta) El controvertido otorgamiento del Nobel de Literatura a un exponente de la llamada lírica popular no hizo sino reconocer una evidencia: prácticamente ningún poeta en el sentido tradicional ha logrado que su obra sea recitada por millones de personas, lo cual ocurre a menudo con la poesía musicalizada. Desde […]

Texto de 17/02/17

Para Bob Dylan (a ver si acepta) El controvertido otorgamiento del Nobel de Literatura a un exponente de la llamada lírica popular no hizo sino reconocer una evidencia: prácticamente ningún poeta en el sentido tradicional ha logrado que su obra sea recitada por millones de personas, lo cual ocurre a menudo con la poesía musicalizada. Desde […]



Para Bob Dylan (a ver si acepta)

El controvertido otorgamiento del Nobel de Literatura a un exponente de la llamada lírica popular no hizo sino reconocer una evidencia: prácticamente ningún poeta en el sentido tradicional ha logrado que su obra sea recitada por millones de personas, lo cual ocurre a menudo con la poesía musicalizada.

Desde tiempos inmemoriales la melodía confiere un atractivo adicional a las palabras. Es el caso de la ópera y de poemas cantados, sean de Machado, Manrique o el Arcipreste de Hita. En el presente apunte se aventura, yuxtaponiendo versos, una posible taxonomía de las canciones del mundo hispánico. Ellas han venido acompañando los diversos estados de ánimo, en especial los amorosos, de los mexicanos. Esos textos, oscilantes entre eros y tánatos, forman parte de nuestro bagaje cultural.

“Flor silvestre y campesina, / flor sencilla y natural, / no te creen una flor fina / por vivir junto al nopal”.1 Este cuarteto permite introducir dos temas recurrentes: el bucolismo y las metamorfosis femeninas. Entre estas transmutaciones destaca la divinización. Cuatro ejemplos bastan: “Hermoso huipil llevabas, / Llorona, / que la Virgen te creí”. “Mujer, mujer divina / […] eres la razón de mi existir, mujer”. “Eres la gema que Dios / convirtiera en mujer…”. “Adorarte para mí fue religión”. Otras metamorfosis vegetales (“Me he de comer esa tuna / aunque me espine la mano”) aluden a la posesión sexual como ingesta. Otras más convocan la animalidad: “Paloma negra, ¿dónde, dónde andarás?”.

El bucolismo confiere características edénicas al campo y, entre otras relaciones, las amorosas que en él se entablan, lo que cierta cinematografía ha remachado: “Dos arbolitos que parecen gemelos… / y con sus mismas ramas se hacen caricias / como si fueran novios que se quisieran”. “Grabé en la penca de un maguey tu nombre / unido al mío, entrelazados…”. “Voy por la vereda tropical, / la noche plena de quietud / con su perfume de humedad”. “Grítenme, piedras del campo”. “Soy hermano de la espuma / de las garzas, de las rosas… y del sol”. “Que me entierren en la sierra / al pie de los magueyales”.

En sentido contrario a lo bucólico, la desolación (“cuatro milpas tan sólo han quedado / del ranchito que era mío”) y la violencia también caracterizan al México rural: “Traigo pistola al cinto / y con ella doy consejos”. “El día que a mí me maten / que sea de cinco balazos”.2 “Andrés, dame mi pistola, / ¿no ves que ésa es mi defensa?”. “Y si vuelvo a nacer / yo los vuelvo a matar”. Las armas son extensiones emocionales del hombre.

No es fácil deslindar dos estados anímicos, el complejo de inferioridad y los delirios de grandeza. El primero, en forma de autoninguneo, refuerza la idealización de la mujer (“Yo p’arriba volteo muy poco, tú pa’bajo no sabes mirar”. “Yo sin ti no soy nada”. “Sin ti es inútil vivir”). A los segundos los ilustra bien “El rey”: “Hago siempre lo que quiero / y mi palabra es la ley”. También: “¡Ay, amor, ya no me quieras tanto!” o bien “Tus besos se llegaron a recrear / aquí en mi boca”. No hay término medio.

La exaltación del alcoholismo suele ir de la mano con el sufrimiento amatorio del varón: “Aquí estoy entre botellas, / apagando con el vino mi dolor”. “Por Dios, qué borracho vengo”. “Era el último brindis / de un bohemio / por una reina”. “Fue borracho, parrandero y jugador”. En ese México las adicciones se vuelven virtudes.

La traición no es leitmotiv exclusivo de los tangos: “Quince años tenía Martina / cuando su amor me entregó; / a los dieciséis cumplidos / una traición me jugó”. “Yo vendo unos ojos negros / […] los vendo por traicioneros / porque me han pagado mal”. “Mozo, sírvame en la copa rota / […] quiero sangrar gota a gota / el veneno de su amor”. “Voy a mojarme los labios / con agua bendita / para lavar los besos / que una vez me diera / tu boca maldita”. Este despecho se engalla ante el menosprecio del ser querido (“La chancla que yo tiro / no la vuelvo a levantar”. “Te vas porque yo quiero que te vayas, / a la hora que yo quiera te detengo”. “En la boca llevarás sabor a mí”. “Diciembre me gustó pa’que te vayas”. “Y ese tonto que te quiere / y que se enamoró de ti…”) La Malinche reencarna a diario.

Hay asimismo ensoñaciones: “Tengo un pájaro azul / dentro del alma, / un pájaro que canta / y que solloza”. “Yo nací el día que te conocí”. “Ojalá que llueva café”. “Desde que te fuiste no he tenido luz de luna”. “El llanto mío tiene lágrimas negras / como mi vida”. “[…] Triste, cual hoja al viento”. “Por un amor / he llorado gotitas de sangre / del corazón”. Pura miel.

Algunas intérpretes pretenden reivindicar su género por medio de un seudofeminismo (“Hace tiempo que no siento nada / al hacerlo contigo”. “Rata de dos patas […] / maldita sanguijuela, / maldita cucaracha […]”). Público sobra: una de cada cuatro casas mexicanas tiene jefa de familia (madres solteras o divorciadas).

No es infrecuente que las parejas “tengan” una canción que ha sellado su unión. Determinada melodía genera recuerdos, sensaciones; igual pasa con los sabores y aromas. Se asegura que existen las canciones afrodisiacas.3 En ocasiones las imágenes eróticas colindan con la pornografía: “Acaríciame con manos locas, / enloquéceme / […] y empápame de tu ternura, amor, / contágiame de esa locura / que hay en tu vientre”. “Me muero […] por dormirme en tu boca”. “El frío de mi cuerpo pregunta por ti”. “Quisiera ser un pez / para tocar mi nariz en tu pecera”. “De reversa, mami, de reversa”. “No te metas con mi cu cu”. Las tres últimas citas ejemplifican que el sexo a veces nos da risa. El humorismo (“De aquel chorro de voz / sólo me quedó un chisguete”) está presente también en muchas regiones, como la jarocha y la huasteca: “A los que son valentones / cuando ven la cosa en serio / les pasa algo en sus calzones”.

Patrioterismo y bravata se complementan: “Pues soy charro mexicano, / y a ver quién lo toma a mal”. El emisor “aclara”, paradójicamente, que canta “con el corazón”.4 Como se sabe, “cantando se alegran los corazones”.  ~

NOTAS

1 Frente a “Cultivo una rosa blanca / en junio como en enero / para el amigo sincero / que me da su mano franca”, del bardo Martí, las rimas del mariachi Záizar están lejos de desmerecer.

2 Se descarta la muerte natural.

3 Vulgo: cachondas.

4 Rima, venturosamente, con canción, razón, ilusión, pasión…

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Profesor de literatura francesa en la Facultad de Filosofía y Letras y de español superior en el CEPE de la UNAM, RICARDO ANCIRA obtuvo un premio en el Concurso Internacional de Cuento Juan Rulfo 2001, que organiza Radio Francia Internacional, por el relato “…y Dios creó los USATM”. Es autor del libro de relatos Agosto tiene la culpa (El tapiz del unicornio, 2015).



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