Somos lo que decimos: Les nueve regles. Gramática militante

Le títule de estx columne es une muestre de le transformacién que sufriría le españole si le poblacién adoptara le lenguaje incluyente, tante en le hable cotidiane comx en le diccionarie de le Real Academie de le Lengüe. Caricaturas aparte, cuando alguien se dirige a sus “amigues” en redes sociales parece ignorar que las lenguas […]

Texto de 08/07/19

Le títule de estx columne es une muestre de le transformacién que sufriría le españole si le poblacién adoptara le lenguaje incluyente, tante en le hable cotidiane comx en le diccionarie de le Real Academie de le Lengüe. Caricaturas aparte, cuando alguien se dirige a sus “amigues” en redes sociales parece ignorar que las lenguas […]

Le títule de estx columne es une muestre de le transformacién que sufriría le españole si le poblacién adoptara le lenguaje incluyente, tante en le hable cotidiane comx en le diccionarie de le Real Academie de le Lengüe.

Caricaturas aparte, cuando alguien se dirige a sus “amigues” en redes sociales parece ignorar que las lenguas romances optaron por las terminaciones masculinas neutras, en vez de unas eventuales femeninas, y no adoptaron la –e como neutra. La razón estriba en que los adjetivos y pronombres neutros (esto, eso, aquello, lo) se parecerían a los sustantivos masculinos por tener una o final. Esta coincidencia gramatical que quizá podría obedecer, convergentemente, a causas antropológicas o sociológicas explica en cierta medida la creciente exigencia de un lenguaje “incluyente”.1 Éste constituye, en apariencia, la segunda etapa de la corrección política que adoptamos del mundo anglosajón.2 Haciendo abstracción de los giros caribeños (“Oye, negro…”) e incluso de nuestro “Son de la Negra”, entre nosotros ha cobrado fuerza el término afroamericanos, sin preocuparnos de que no exista el de euroamericanos, que se justificaría más por ser británicos los primeros inmigrantes en lo que hoy es Estados Unidos. Así, se han ido imponiendo en México palabras neutras en reemplazo de las antiguas, consideradas discriminatorias: invidente (ciego);3 débil visual (miope o tuerto); con capacidades diferentes (inválido, manco, cojo); adulto mayor, de la tercera edad o “en plenitud” (¡?) para viejo, anciano; apiñonado (moreno); llenito, o sea gordo.

Hace años, un presidente impuso el barroquismo de hablar de los “chiquillos y chiquillas”. Todavía salta por aquí y por allá “los mexicanos y las mexicanas”. Celorio, director de la Academia Mexicana de la Lengua, modificó así la máxima “el perro es el mejor amigo del hombre”: “la perra y el perro son la mejor amiga y el mejor amigo de la mujer y del hombre, indistinta pero no siempre respectivamente”.

El cambio de género en ocasiones trae consigo diferencias de significado: un hombre astuto es un zorro; una zorra, en cambio, es una piruja, también perra, frente al masculino perro, que connota firmeza en una negociación.

Al contrastar los nombres del Sol y la Luna con otras lenguas que también cuentan con género, resulta que en alemán y en árabe, el primero es femenino y la segunda masculino: la luz de nuestro satélite no es más que el reflejo pasivo del activo Astro Rey. En esta visión se soslaya que la Tierra, las montañas y las estrellas “las sentimos” como femeninas, mientras que el mar es masculino, excepto para marineros y poetas que le adjudican femineidad. La cueva, la caverna y la gruta se relacionan evidentemente con la placidez del vientre materno. Por el contrario, algunas armas punzocortantes: el puñal, el machete, el cuchillo, simbolizan la agresión, la penetración violenta; sin embargo, la espada, la lanza y la flecha frustrarían este intento de generalización.

La arroba se ha ido abriendo camino en la escritura digital. Se piensa que es una conquista femenina el comenzar un mensaje con la fórmula: “Estimad@s compañer@s”, pero de poco sirve este recurso discursivo al no contribuir, sea por caso, a lograr la paridad salarial entre mujeres y hombres que hacen el mismo trabajo.

Algunos idiomas no asignan género a los objetos. El inglés es el ejemplo más emblemático. A un hispanohablante le puede parecer extraño que exista una lengua en la que libro, casa o coche no sean ni masculinos ni femeninos, sino neutros.

Algunas feminizaciones, como las de roles, son debatibles. En principio, los terminados en –e se aplican para ambos géneros, como estudiante y paciente, pero ya son de uso común presidenta, jefa y clienta. Es posible que el empleo de la terminación en –a de esos sustantivos se deba más a la voluntad de subrayar la jerarquía que a un planteamiento general. Por otra parte, han sido prácticamente desplazados del habla diaria algunos femeninos (poetisa, alcaldesa), y se ha hecho prevalecer el término masculino aplicado a mujeres. Todavía no surge un movimiento de hombres que reivindique palabras como artisto, floristo, pianisto. Vida, agua, tierra, lengua, habla, matemáticas son palabras femeninas, ¿acaso hay muchos sustantivos masculinos más importantes en nuestra existencia? EP

1 Habría argumentos a favor: si hay cien mujeres y un hombre se dice “nosotros”, y no “nosotras”.

2 Un botón de muestra de esta influencia es que el movimiento Me Too haya sido tropicalizado en Yo También.

3 A los “invidentes” españoles no les preocupan las palabras: la próspera organización que ha manejado la lotería es la ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles).

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