SOMOS LO QUE DECIMOS: “Le ponemos Jorge al niño”. Nominar personas

Hace un par de años esta columna se ocupó de los apellidos, los cuales nos son impuestos por la genealogía.1 Interesan ahora los nombres elegidos por los padres a lo largo de nueve meses. Se los llama de pila aludiendo a la bautismal, no a la energética, como es obvio. Se trata de una decisión trascendental, ya que para bien o para […]

Texto de 24/08/16

Hace un par de años esta columna se ocupó de los apellidos, los cuales nos son impuestos por la genealogía.1 Interesan ahora los nombres elegidos por los padres a lo largo de nueve meses. Se los llama de pila aludiendo a la bautismal, no a la energética, como es obvio. Se trata de una decisión trascendental, ya que para bien o para […]



Hace un par de años esta columna se ocupó de los apellidos, los cuales nos son impuestos por la genealogía.1 Interesan ahora los nombres elegidos por los padres a lo largo de nueve meses. Se los llama de pila aludiendo a la bautismal, no a la energética, como es obvio. Se trata de una decisión trascendental, ya que para bien o para mal cargamos con ellos toda la vida. Es el único elemento de nuestro currículum que no podemos ocultar, mucho menos eliminar, lo cual no han tomado en cuenta los progenitores, en especial los de tiempos pasados que hacían coincidir “el santo” del almanaque —generalmente inusitado— con el cumpleaños, de ahí que cantemos: “… hoy por ser día de tu santo…”.

A causa de la religiosidad son numerosos los nombres de origen judeocristiano, sea del Antiguo Testamento (Eva, Moisés, Abraham, Judith, Noé, David), sea del Nuevo (Jesús, María, José, Magdalena, Santiago, Belén) o bien de imágenes relacionadas: Ángel(a)(es), Inmaculada, Concepción,2 Sant(os)(a), Milagros, Salvador, Rosario, Purificación, Mariana, Alma. Por otro lado, Guadalupe,3 Fátima, Almudena y Lourdes recuerdan apariciones de la madre de Cristo, al igual que las vírgenes de Dolores, Montserrat, Pilar o del Carmen.

La universal metáfora conceptual las mujeres son flores da lugar a Rosa, Gladiola, Lila, Margarita, Azucena, Dalia, Hortensia, Violeta; algunas de ellas coinciden con colores, lo que las reagrupa con, por ejemplo, Blanca y Celeste. Hay dos genéricos: Flor y Flora; también hombres con nombre de flor (Narciso, Jacinto). Un tropo vecino considera a las damas como joyas: Gema, Rubí, Esmeralda, Perla.

Los personajes históricos y literarios son otra fuente de inspiración: Víctor Hugo (en francés son nombre y apellido), Miguel Ángel, Octavio, (J)(X)imena y Ruy, Romeo y Julieta, Penélope y Ulises. Los hay menos antiguos, y que originalmente eran patronímicos, como Wáshington, Rúsvelt y Jéfferson —comunes sobre todo en Centro y Sudamérica—, y otros con carga ideológica (Lenin, Gandhi). En el último siglo se han adoptado los de culturas prehispánicas: Xóchitl, Cuauhtémoc, Citlal(l)i, Yuriria. De otras lenguas nos han llegado Arantxa, Naomi, Otto, Wálter, Íngrid, Jordi, Natasha, Jónathan, Michèle, Diódoro, Jéniffer, Omar…

Por instrucciones de Yahvé, correspondió a Adán nominar a todos los animales del Jardín del Edén. Los descendientes del pecador —quienes por su culpa no conocimos el paraíso— tenemos que contentarnos con dar nombre a nuestros hijos, como estamos viendo, o a los seres queridos (“Gorda”, “Flaco”, “Chaparrita”) y no tanto (El Gorgojo, La Marrana). Los delincuentes suelen ser más conocidos por sus sobrenombres y apodos. Algunos futbolistas también. La de los prestanombres es una pujante industria nacional.

En el caso de reyes y papas los apelativos van acompañados de números romanos para distinguirlos del común de los mortales: Benedicto XVI, Carlos V, Luis XV. Algunos han llegado al extremo de bautizar territorios: Felipe II en Filipinas; las islas Mauricio, por el príncipe holandés Maurice de Nassau. Ni hablar de Américo Vespucio, quien, con recato, solo se agenció un continente.

Hay nombres fácilmente “desplegables”, como María (…Luisa, Teresa, Elena) o José (…Luis, Antonio). En este terreno son “innovadoras” las telenovelas mexicanas, con personajes llamados Felipe Alejandro o Claudia Elizabeth. Existen asimismo femeninos forzados: Rodriga, Jesusa, Artura;4 y algunos masculinos (Úrsulo, Anastasio, Josefino). Otros “suenan naturales” en ambos géneros: Marcelo(a), Fernando(a), Luis(a).

El Registro Civil del estado mexicano de Sonora prohibió recientemente sesenta y un nombres, entre ellos Masiosare, Escroto, Cacerolo y Robocop. No olvidaron incluir en la lista a los míticos Usnavy y Anivdelarev.5

El tiempo y el espacio dan también lugar a nombres. Entre los primeros están Domingo, Abril, Aur(a)(ora), Julio,6 Alba; entre los segundos, Argentina, Kenia, Israel, América, Florencia. Otros aluden a cualidades físicas (Linda) o a abstracciones: Libertad, Paz, Const(ancia)(anza), Victoria, Esperanza; a animales (Paloma, León, Alondra); leyes (Norma, Amparo); agua (Mar, Rocío, Estela); astros (Lucero, Venus), o minerales (Ágata), mientras que los hay multívocos: Juliana y Diana. Al igual que ellos, ciertos nombres tienen aspecto de sustantivos (Remedios, Marco[s]), aunque también parecerían verbos conjugados Lidia, Lucía, Lucha; gerundios (Armando, Rolando) e incluso interjecciones: Socorro. Los hay que son sustantivos o adjetivos modificados: Virginia, Benito, Rosaura (rosa + aura), Felicia(no), Crisanto, Primitivo, Nazario, Natalia.

Al fin comunidad afectuosa la nuestra, gustamos de los hipocorísticos: Pepe, Lulú, Güicho, Queta, Toño, Lola, Paco, Chayo, Lalo, Paty.7 Tienen origen germánico los terminados en –ardo (Gerardo, Eduardo) y en –berto (Alberto, Roberto).

Los heterónimos son identidades literarias ficticias, como Stendhal y Álvaro de Campos, seudónimos de Henri Beyle y de Fernando Pessoa, respectivamente. Gracias al concepto de nombre artístico, cualquier Lupita deviene Yessennia, así como Elmer Figueroa se transformó en Chayanne. De particular importancia son los nombres de cantantes y actores: ya empiezan a abundar en nuestros días los párvulos llamados Justin, Angelina, Britney, Emma y Brad. Vienen de la cultura popular Vilma y Pedro, Betty y Pablo.

Dice una pinta en la defensa trasera del camión materialista: Si no vuelvo, lo bautizas. ~

1 Parece injusto empezar una vida siendo conocido como Cabeza de Vaca, Rascón, Berruga o Ladrón de Guevara.

2 Nuestra Conchita.

3 Que es unisex.

4 Manuela es más bien un albur.

5 Es conocido el chascarrillo del pobre Antonio Caca, quien cumplió todos los engorrosos requisitos burocráticos para cambiarse el nombre. El juez, compasivo, le hizo la pregunta esencial: “¿Cómo quiere usted llamarse, señor Antonio Caca?”. “Juan”, respondió, radiante, el interesado.

6 En realidad fue el poderío el que hizo que el mes se llamara como Julio César, al igual que agosto por Augusto.

7 Esta i griega final proviene del inglés y está muy extendida: Lucy, Andy, Mary. El mismo origen tienen las consonantes th (Martha, Bertha).



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