Somos lo que decimos: Dormir a pierna suelta. Citar las funciones biológicas

Columna

Texto de 17/01/17

Columna

Respirar, comer, sudar… son acciones tan naturales —varias de ellas incluso involuntarias— que han nutrido [nótese la figura retórica] nuestra habla diaria. Compartimos con los animales esas funciones vitales, acompañadas de sus secreciones, lo que debería mitigar nuestra soberbia antropocentrista.

Así como hay lugares en los que se respira tranquilidad, abunda gente que no deja ni respirar al prójimo. Una bocanada de aire fresco es un cambio positivo. Pasar como una exhalación equivale al símil religioso: como alma que lleva el diablo.

Comerse/merendarse (a alguien) es superarlo con facilidad; me lo como vivo cuando lo critico duramente.1 Come de la mano el sumiso y ansias el impaciente. Tragar, entre nosotros, es un sinónimo popular, de ahí que llamemos tragón al comelón. Algunos “se tragan” una mentira o el coraje; los parlanchines, mucho pinole, y otros, cuando apechugan, camote o sapos. Ilustramos la facilidad con tres degustaciones: ser pan comidodar (algo) masticado o bien peladito y en la boca. Las malas noticias se digieren y se rumia una venganza. Al Quijote se le indigestaron las novelas de caballerías; a Madame Bovary, los textos del romanticismo. La interjección ¡guácala! implica asco a cosas o ideas. Beber significa tanto ingerir cualquier líquido como únicamente bebidas alcohólicas: “está bebido” el borracho. Beber(se) las palabras de alguien es escucharlo con delectación. No se recomienda decir: “de esta agua no beberé”. Mamar implica lactancia pero admite otros complementos: cultura, valores y, junto con abrevar, connota inspiración.

No sólo dormitan las personas y los animales; por eso puede decirse, surrealistamente, que “se me durmió la pierna”. Agarrar dormido a alguien significa desprevenido. Si se involucran laureles se refiere a conformismo. Sueño con algo al anhelarlo (un sueño dorado); con alguien, al quererlo, aunque a veces el objeto del deseo diga: “ni lo sueñes”. Duermen el de los justos las investigaciones incompletas.

En el caso de los humanos, en México se prefiere la locución dar a luz al verbo parir. Un proyecto primero se gesta y “ve la luz” cuando arranca, por eso hablamos del nacimiento de algo. El parto de los montes implica un desenlace insatisfactorio. ¡La madre que (te/lo/la) parió! es una exclamación muy castiza. Poner a parir chayotes, muy nuestra, significa encomendar una misión complicada.

En el corazón figurativamente radica el amor. Por ello palpita por alguien cuando estamos enamorados. Una corazonada no es un infarto sino un presentimiento. Decir (algo) de corazón quiere decir “con la mejor intención”. Lo traemos en la mano cuando somos sinceros. “Me late” equivale a “me agrada”, por ejemplo una idea.

“Sangre, sudor y lágrimas”, célebre antipromesa de Churchill al pueblo británico, se refiere a tres secreciones que dan lugar a varias expresiones: en ocasiones “sangra la herida”, significando ésta una pena. La sangría era una curación primitiva; más recientemente es la que inserta el editor, una bebida refrescante y aquella que algunos funcionarios practican en la hacienda pública.2 Sudan ciertos tacos y Adán expulsado del paraíso; se suda por calor, estrés o miedo, pero también la gota gorda, tinta o la camiseta. Un paño de lágrimas es un confidente empático. Son de cocodrilo las hipócritas. Se llora a lágrima viva. Chillón es quien llora o se lamenta exageradamente, pero también un color llamativo. La Llorona constituye el espantajo más mexicano. Clama el machismo: “no llores como mujer lo que no supiste defender como hombre”.

Venirse es una forma, muy motriz, de decir eyacular, clímax del mexicano pal(it)o o del polvo hispano. El hecho de que la palabra semen sea pariente del sustantivo semilla y del verbo sembrar plasma la ingenua y agrícola cosmovisión de nuestros antepasados. Seminal significa “precursor(a)”.

Otras secreciones son la saliva (gastarla, hacerse agua la boca), la orina (mear fuera de la bacinica, mearse de risa), las heces (cagarse de miedo,3 cagarla, que algo “me cague” o me produzca diarrea, hacer caca a alguien o que lo manden a uno “a la mierda”),4 el moco (ser un mocoso, llorar a moco tendido) y el vómito (que alguien/algo me resulte vomitivo o vomitar odio). Son comunes las expresiones que involucran una de las secreciones gaseosas (la otra es el eructo):5 no haber pedo, hacerla de pedo, empedarse, agarrar la/una peda6 Cuando estalla un escándalo se dice que “brotó la pus”. Las flemas se expulsan por medio de escupitajos (que no es aconsejable dirigir al cielo); son flemáticos los ingleses impasibles; en nuestro país desflemamos las cebollas. De sebosos (greasers) nos tildan los wasp.

Los antiguos hablaban de otras sustancias, los humores, que el cuerpo secretaba. La bilis todavía “se derrama” al hacer un coraje, la hiel amarga, etcétera. La melancolía era un cólico negro, cándida pero certera definición de la depresión.

Morir, más que una función biológica, marca la terminación de todas ellas. Ya se han visto aquí verbos y locuciones con el mismo significado: palmar, petatearse, estirar la patachupar farossalir con los tenis por delante (o colgarlos), así como la optimista pasar a mejor vida. Paradójicamente, en vida “morimos” muchas veces: de ganas, curiosidad, vergüenza, celos, sed, angustia, miedo, pena, hambre, amor, envidia…

Lo bueno es que a nosotros la muerte nos pela… los dientes. ~

NOTAS

1 Comer con los ojos alude a una pasión.

2 También de sangre hay lágrimas y sudores. Por otro lado, la sangrita acompaña bien al caballito de tequila.

3 En algunas latitudes también es posible cagarse de risa.

4 “¡Mierda!” es una interjección. Cuando los españoles se enojan “se cagan” en diez; los sacrílegos, en la hostia o en Dios. Que te cagas funge como adjetivo y significa “excelente”.

5 Según el diccionario, eructar también significa jactarse vanamente, acepción que por acá desconocemos. Existe una fantasiosa pero seductora hipótesis: los dragones sí habrían existido; se trataría de reptiles que ingerían piedras para purgarse —como hacen los loros— y que al eructar gases producirían flamazos.

6 ¿Qué pedo? está reemplazando a ¿qué onda?, es decir ¿qué tal?

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Profesor de literatura francesa en la Facultad de Filosofía y Letras y de español superior en el CEPE de la UNAM, RICARDO ANCIRA obtuvo un premio en el Concurso Internacional de Cuento Juan Rulfo 2001, que organiza Radio Francia Internacional, por el relato “…y Dios creó los USATM”. Es autor del libro de relatos Agosto tiene la culpa (El tapiz del unicornio, 2015).

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