Somos lo que decimos: Contante y sonante. Moneda y habla

Con dinero compramos y pagamos. A diario se presta, se invierte, se debe, y se cobra; las cosas cuestan. Estos verbos pueden emplearse también en contextos no mercantiles: prestar atención, comprar broncas ajenas, invertir tiempo, pagar por malas acciones, cobrar fuerza, deber un favor, costar trabajo. Así, alguien “me la(s) va a pagar”, o sea que “le haré pagar caro” (algún perjuicio) […]

Texto de 23/05/16

Con dinero compramos y pagamos. A diario se presta, se invierte, se debe, y se cobra; las cosas cuestan. Estos verbos pueden emplearse también en contextos no mercantiles: prestar atención, comprar broncas ajenas, invertir tiempo, pagar por malas acciones, cobrar fuerza, deber un favor, costar trabajo. Así, alguien “me la(s) va a pagar”, o sea que “le haré pagar caro” (algún perjuicio) […]



Con dinero compramos y pagamos. A diario se presta, se invierte, se debe, y se cobra; las cosas cuestan. Estos verbos pueden emplearse también en contextos no mercantiles: prestar atencióncomprar broncas ajenasinvertir tiempopagar por malas acciones, cobrar fuerzadeber un favor, costar trabajo. Así, alguien “me la(s) va a pagar”, o sea que “le haré pagar caro” (algún perjuicio) porque “me la(s) debe” y “se lo/la voy a cobrar”. Estar en deuda (con alguien) es agradecerle su apoyo.

El comercio es casi tan antiguo como la humanidad. Recordemos que sus antecedentes fueron el autoconsumo y el trueque. Marx consideró que entre estos estadios los objetos pasaron de tener un valor de uso y de intercambio a uno de mercado. Nada más natural, entonces, que en todas las lenguas se empleen expresiones pecuniarias para referirse a situaciones o asuntos inmateriales. El verbo ahorrar, por ejemplo, lo utilizamos para múltiples cosas no monetarias, como problemas, agua, explicaciones, luz, detalles, tiempo, disculpas, etcétera.

De mercado1 provienen palabras como mercader y el añejo verbo mercar, usado todavía en el México rural. Se dice que nuestro término “marchante” proviene del francés marchand (vendedor); en todo caso lo utilizamos indistintamente para nombrar también al comprador. De nuestros vecinos del norte calcamos varias locuciones, entre ellas no comprar una idea o una explicación, vender un concepto saber venderse.2 Por lo mismo preferimos el verbo rentar en lugar del hispánico alquilar y stock en vez de existencias. Modelos, deportistas y actores pueden estar muy/bien cotizados.

Además del internacional, el ambulante…, existe el comercio carnal, que desafortunadamente no involucra al ganado sino a las personas, en forma de prostitución o de trata. Hay determinados momentos en nuestra existencia cuando se hace necesario hacer un balance/corte de caja, es decir, una evaluación objetivaLas facturas que se cobran o se pasan son compromisos incumplidos o resultado de acciones negativas. En las letras de cambio lo que más importa, paradójicamente, son los números.

“Hoy no fío, mañana sí” es una ingeniosa promesa de estanquillo; hay quienes “viven de fiado” o “al día”, lo que significa que si hoy no hay trabajo la familia no come. En contraste, “la dieta” es el salario de los legisladores mexicanos (hablar de sueldo ha de parecerles impertinente), pero solo los novatos la usan en los restoranes de postín que frecuentan:3 para pagar ahí se inventaron los gastos de representación y los viáticos. Dinero llama a dinero.

Decía con precisión Moreno de Alba que una mercancía puede ser costosa pero no cara.4 Es posible empeñar un anillo o el televisor, pero también la palabra; esto último es lo que sale más caro. Al dar un enganche, el interesado queda, literalmente, enganchado por meses o años. Se compran/venden conciencias, gente, protección… y es que hay personas que “se prestan”. A veces “no gana uno para vergüenzas”.

De resonancias comerciales también son las expresiones ¡trato hecho!, ¡me vale!, análisis costobeneficio, ¿en efectivo o en especie? y ser oro molido. Son una renta, por ejemplo, las colegiaturas y el acceso a las “autopistas urbanas”… Dar un cheque en blanco es confiar plenamente en alguien.

“Vale su peso en oro” se dice de alguien valioso. “Con dinero baila el perro” reitera el poderío de la riqueza. “El guardadito” es una suma de la que los cónyuges no tienen noticia. Otras expresiones son: “el prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila” y “el dinero es redondo para que ruede”, justificación del parrandero, cuyo brindis, cuando anda despechado, es: “por ellas, aunque mal paguen”.

Cobrador y pagador son roles recíprocos y complementarios. En todas sus transacciones el usurero sale ganando. Hay que tomar en cuenta que lo mismo se puede tener un déficit de glóbulos rojos que de atención, metáforas provenientes de la economía. Algo puede costar un ojo de la cara (“costó uno y la mitad del otro”, corrige el grosero aludiendo a otras regiones de la anatomía masculina).

Jornal, semana(da), quincena, mesada, representan la jerarquía ascendente en los trabajos, basada en la responsabilidad familiar que el sistema calcula en los asalariados. La tanda es la casa de bolsa de los desfavorecidos, que además compran en abonos. Los pudientes lo hacen al cash cash/al contado. Las cuentas se saldan.

“Borrón y cuenta nueva” hace pensar en deudas asentadas en pizarras de posadas o tabernas de antaño.5 “El que la hace la paga”, aunque a veces “paguen justos por pecadores”. No tener ni un centavo/ni un quinto son expresiones muy antiguas.

Lanapachocha, fierrosferia en México; pasta/plata en Centro y Sudamérica, pelas/perras o duros en España. Los bolívares representan un insólito y anacrónico culto a la personalidad. En los billetes mexicanos actuales se rinde homenaje a tres personajes del siglo xix (Juárez —curiosamente en el de menor valor—, Hidalgo y Morelos) y a una poeta del xvii. Resulta peculiar que los dos personajes que simbolizan el siglo xx, en papel moneda de alta denominación, sean ambos pintores y pareja: Kahlo y Rivera. Desde hace muchas décadas, no obstante, los mexicanos estamos pendientes del billete verde, cuya cotización nos preocupa más que nuestros niveles de colesterol. Las monedas están presentes hasta en nuestros ritos religiosos: frente al altar, el novio deposita arras en las manos de la desposada. Treinta denarios valió la traición de Judas.

Marco A. Almazán ideó la impecable tergiversación de un viejo lema maderista que los burócratas priistas se envían entre sí en la correspondencia: “sufragio en efectivo, no devolución”.

En el póker “se paga por ver”. En los clubes de estriptís también.  ~

1 Para el llamado neoliberalismo, el mercado, como concepto, es todopoderoso e infalible.

2 Por su lado, los oportunistas “se venden al mejor postor” o bien “dan sablazos”.

3 Donde, con sus pensiones, a los jubilados apenas les alcanzaría para un plato de lentejas.

4 No existen, pues, los sinónimos plenos.

5 ¡Cárguelo a mi cuenta!, o sea en el plástico y en sus limbos electrónicos, es lo de hoy.



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