“Me entiendo a solas con El Quijote”. Entrevista con Margit Frenk

Margit Frenk no es solamente la máxima conocedora de la antigua lírica española de tipo popular. La filóloga y académica mexicana, que el año pasado cumplió noventa años, es también una de las mayores autoridades internacionales en un tema tan competido y apasionante como El Quijote. En los últimos meses dio a conocer un pequeño volumen que reúne un puñado de sus mejores ensayos sobre la obra maestra de la lengua, bajo el título de Don Quijote ¿muere cuerdo? y otras cuestiones cervantinas (Fondo de Cultura Económica, colección Cenzontle, México, 2015). La siguiente entrevista fue grabada en su casa el 20 de noviembre de 2015 y fue transmitida al aire el 4 de enero pasado en una estación del Instituto Mexicano de la Radio. Por la trascendencia de lo que afirma en ella, me ha parecido que vale la pena recogerla por escrito. Gracias a Enrique Gil por la transcripción y a mis queridos amigos editores de Este País por abrirle un espacio en su revista. FF

Texto de 23/04/16

Margit Frenk no es solamente la máxima conocedora de la antigua lírica española de tipo popular. La filóloga y académica mexicana, que el año pasado cumplió noventa años, es también una de las mayores autoridades internacionales en un tema tan competido y apasionante como El Quijote. En los últimos meses dio a conocer un pequeño volumen que reúne un puñado de sus mejores ensayos sobre la obra maestra de la lengua, bajo el título de Don Quijote ¿muere cuerdo? y otras cuestiones cervantinas (Fondo de Cultura Económica, colección Cenzontle, México, 2015). La siguiente entrevista fue grabada en su casa el 20 de noviembre de 2015 y fue transmitida al aire el 4 de enero pasado en una estación del Instituto Mexicano de la Radio. Por la trascendencia de lo que afirma en ella, me ha parecido que vale la pena recogerla por escrito. Gracias a Enrique Gil por la transcripción y a mis queridos amigos editores de Este País por abrirle un espacio en su revista. FF



A cuatro siglos de la publicación del Quijote, ¿queda todavía mucho por investigar?

¡Queda todo por investigar! Hay centenares de libros, de artículos y ensayos de toda clase y hay un autor español que dijo: “ya es poco lo que se puede decir sobre el Quijote”. Pero a mí me indigna eso porque es muchísimo lo que se puede decir y lo que se puede encontrar… Es una obra realmente infinita, interminable: uno puede leerla y volverla a leer y encontrar más cosas. Aparte de que es deliciosa… Esto es algo realmente muy curioso: que uno puede leerla una y otra vez y cada vez es sorpresa tras sorpresa, como si no la hubiera uno leído. Y, bueno, es un libro fascinante y si uno ya se mete a leer atentamente encuentra muchas cosas.

¿Qué cosas se discuten actualmente en el mundo de los cervantistas?

Temo tener que decir que no lo sé [risas]. Yo veo muy mal desde hace muchos años y cada vez es peor. Entonces ya leo poco sobre El Quijote. Doy un curso en la Facultad de Filosofía y Letras todo el tiempo, dos semestres, el primero con la primera parte y el segundo con la segunda, y mi preparación es básicamente la lectura del texto y lo que hacemos en clase es eso: hablar sobre el texto y sobre las cosas que pasan, y no me refiero solo a los acontecimientos, a lo que se relata, sino a cómo se relata, a qué cosas tan extraordinarias ocurren en ese texto. La verdad, me cuesta mucho trabajo leer libros, artículos… Lo puedo hacer pero con una lupa electrónica, lo que resulta muy laborioso. Y puede sonar muy poco modesto pero la verdad es que me entiendo a solas con el texto del Quijote.

¿Por qué es tan importante aclarar quién narra El Quijote? Usted dedica el primer largo ensayo de su nuevo libro a desbrozar quién habla aquí y quién habla allá. ¿Para qué establecer quién lleva, por decirlo así, la voz cantante de la novela?

Bueno, es sumamente importante. Entre otras cosas, uno de los muchos aspectos que todavía no están bien explorados es lo que llamo la voz narrativa o el narrador. Muchos hablan de “los narradores” con una gran vaguedad, y sí, hay personajes que relatan cosas —son personajes narradores— pero lo que a mí me interesa es esa entidad, esa voz que dice: “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” y que aparece a lo largo del libro. A veces se aparece más, a veces casi se desaparece, pero ahí está… Es el narrador, es un solo narrador al que se ha llamado el supra-narrador o el narrador externo y, ya muy técnicamente, el narrador extradiegético o heterodiegético.

¿Cómo definiría usted a ese narrador?

Es increíblemente variable, caprichoso diría yo. A veces toma una actitud, a veces otra. Es contradictorio, inestable y sumamente interesante. Y es un aspecto que yo considero fundamental del Quijote, que está muy poco estudiado; quizá la explicación es que la gente, el lector, tiende a pensar que esta voz que dice “En un lugar de la Mancha…” y que cuenta tantas cosas, describe o se burla, es la voz de Cervantes mismo, y esto es un error. Ningún escritor está presente en su libro directamente; tampoco es realmente un portavoz de Cervantes, casi puedo decir que es como un personaje más, que en ningún momento llega a ser un personaje pero que está ahí, flotando sobre el relato, sobre lo que cuenta y sobre las voces de los personajes, y a veces casi se mete en el relato pero al mismo tiempo siempre está fuera de él.

Llama la atención una característica de ese narrador a la que usted dedica otro de los ensayos, que tiene que ver con determinadas cosas que decide callar, cosas de las que prefiere no hablar. ¿Por qué de pronto calla el narrador y qué tipo de cosas son las que decide dejar en el silencio?

Bueno, pues es un tema que me ha apasionado recientemente y creo que todavía hay muchísimo que ver ahí. Yo lo estudié en los últimos capítulos de la primera parte, donde es realmente notable la cantidad de cosas que parecen ocurrir pero que no se mencionan para nada, y no aparecen. Yo realmente ahí no pienso en el narrador sino en Cervantes, y por eso ese trabajo se llama “Cosas que calla Cervantes”.

Una de las cosas que señala usted en su libro es que Alonso Quijano no es precisamente el nombre del personaje y, sin embargo, nos hemos quedado con la idea de que así es, de que efectivamente Don Quijote se llamaba Alonso Quijano. ¿Por qué pasa eso?

Por la innecesaria preocupación de los críticos en saber cómo se llamaba originalmente Don Quijote. Don Quijote, muy al comienzo, decide lo que va a ser su futuro; es un hombre que se hace a sí mismo y decide que se va a llamar Don Quijote. Don Quijote es Don Quijote, pero hay un empeño en saber cómo se llamaba el sosegado hidalgo que en un momento dado enloquece por la lectura de los libros de caballería y quiere ser caballero andante. Esa necesidad es comprensible, pero yo la veo un poco inútil; entonces, en la búsqueda de un nombre, toman el que Don Quijote se pone a sí mismo en su lecho de muerte. Al final de la obra dice estar cuerdo —yo la verdad pongo en duda que esté realmente cuerdo—, y dice que ya no es Don Quijote de la Mancha, que ahora es “Alonso Quijano, al que por sus costumbres llamaron El Bueno”. Es un invento de última hora, del último capítulo de esta obra que, en total, tiene 126 capítulos… En el último de esos capítulos es donde Don Quijote, ya en su lecho de muerte, decide de pronto darse otro nombre. Se ha bautizado varias veces: primero se ha puesto Don Quijote de la Mancha, luego el Caballero de la Triste Figura, luego el Caballero de los Leones, luego el Pastor Quijotis [risas] y, finalmente, en su lecho de muerte decide que se llama Alonso Quijano, y este nombre se ha creído que es su nombre original… Pero ¿por qué no escribió Cervantes: “Soy nuevamente, soy otra vez Alonso Quijano”? ¿Por qué cuando dice: “Soy ahora (o agora, como dice el texto) Alonso Quijano El Bueno” añade el narrador que el cura, el barbero y Sansón Carrasco, que lo están escuchando, “creyeron que le había tomado una nueva locura”? ¿Por qué? Si ese fuera su nombre original, al contrario, hubieran dicho “hombre, ¡qué bien! Ya se acordó de cómo se llamaba originalmente”.

Entonces, al revés de lo que se ha venido diciendo, más bien parecería que el Quijote sigue loco, como demuestra lo que dicen los personajes, y a pesar de que él diga otra cosa.

Yo creo que sí, yo creo que hay bastantes indicios de que está más loco que nunca [risas]. Bueno, la verdad es que toda la obra es muy ambigua y, como digo, Cervantes no sería Cervantes si no llevara la ambigüedad hasta el final de su obra. Hay indicios de que el Quijote está cuerdo y indicios de que está loco… Hay esta fluctuación, lo que deja al lector que tome una decisión. Y todos han decidido que muere cuerdo. ¿Por qué en su lecho de muerte le cree la gente lo que dice? Nunca le hemos creído cuando dice que las princesas se enamoran de él, que él ha vencido gigantes y vestiglos y que ha hecho mil cosas que no ha hecho.

¿Por qué hay algunas cosas que se dice que están en la novela, que incluso forman parte del habla de muchos de nosotros, y que en realidad no aparecen en ella? ¿Por qué ocurre este fenómeno?

Pues me gustaría devolverle la pregunta. Es absurdo [risas]. ¿Por qué? Porque tanta gente no lee bien y entonces proyecta ideas sobre la obra que no están en ella.

En otro libro suyo [Entre la voz y el silencio: La lectura en tiempos de Cervantes, fce, México, 2014] ha explorado usted cómo han sido las costumbres lectoras a lo largo de los siglos para demostrar que la lectura silenciosa, tal como la acostumbramos en nuestra cultura, es un fenómeno muy reciente, que la lectura ha sido históricamente un fenómeno en voz alta.

Predominantemente. Siempre hubo desde la antigüedad gente que leía en silencio, eran los que leían muchísimo, que no podían estar pronunciando todo lo que leían porque esa es una lectura más lenta, entre otras cosas. Pero desde la antigüedad hasta el comienzo del siglo XIX, leer en voz alta era la forma más común de leer.

También nos hace ver que a lo largo del Quijote todas las lecturas que se llevan a cabo son en voz alta salvo las veces que lee el personaje al que llamamos Alonso Quijano, quien sí lee en silencio. ¿En qué se nota en la novela el que ha sido escrita para ser leída en voz alta más que en silencio?

Creo que esa es una buena pregunta que habría que contestar. Habría que hacer un estudio sobre qué aspectos del Quijote nos están indicando que estaba hecho para la lectura en voz alta. Yo diría por lo pronto que la abundancia de diálogos en el libro es uno de esos aspectos; es decir, la gente está todo el tiempo hablando. Entonces sería una lectura en voz alta, quizás un poco actuada. ¿Que Don Quijote habla con Sancho? Pues cada uno habla a su manera, es lo que casi se impone solo. Aparte de eso hay muchos aspectos del Quijote que proceden de la tradición de los cuentos orales. Hay todo un estudio muy bonito de un francés, Michel Moner, que en francés se llama el equivalente de “Cervantes cuenta cuentos”: el Cervantes que habla como cualquier cuentacuentos en la plaza pública, y esos aspectos del Quijote son reflejos muy claros de cuentos orales.

Estoy seguro de que nos va a escuchar gente que no ha leído el Quijote. Dado que en el mercado hay muchas ediciones (ilustradas, resumidas, profusamente anotadas…), a un lector fresco que quisiera acercarse a la novela por vez primera ¿qué le recomendaría usted? Leerla ¿en qué edición? Acompañarse ¿de qué comentaristas o críticos?

Bueno, yo aconsejaría no leer críticos [risas] sino enfrentarse directamente al libro. Hay una edición que ha hecho la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española, que se llama la Edición Conmemorativa. Esa salió en 2004, se hicieron más de dos millones de ejemplares y se acaba de hacer una reedición que solo añade un estudio a los varios estudios del comienzo. Hay estudios al comienzo y al final… Yo recomiendo leer directamente el texto en esa edición. ¿Por qué? Porque es la única que realmente explica palabras que hoy no entendemos, o palabras que han cambiado de sentido. Es la única que explica casi todas las palabras y expresiones que tenemos que entender porque no las entendemos a la primera lectura.

¿Hay mucho de la lengua española de Cervantes que no se utiliza ya en la península y que sin embargo siga vigente en América Latina y específicamente en México?

Así es [risas]. Yo hablo de los mexicanismos del Quijote. Un ejemplo muy bonito: en España la palabra luego significa ‘después’, pero en México conserva el antiguo significado de ‘inmediatamente, enseguida’. En México usamos incluso un “luego, luego” para decir ‘ya enseguidita…’. También tenemos otro sentido: ‘te lo digo luego’. Entonces hay una ambigüedad ahí… Pero el hecho es que el luego en México sigue teniendo también el sentido de ‘inmediatamente, enseguida’, y esto es maravilloso… Nos reímos mucho cuando en una nota de esa edición, que es de Francisco Rico, leemos: “Luego”: ‘enseguida’ [risas] Porque para nosotros es evidente. Y así hay unas cuantas palabras que son, como digo, los mexicanismos del Quijote.

Llama la atención que en años recientes algunas instituciones, entre ellas la Real Academia de la Lengua Española, han patrocinado y lanzado ciertas ediciones “puestas al día” del Quijote. Hay una de Pérez-Reverte y hay otra también de ese escritor (notable, por otro lado) llamado Andrés Trapiello. Son ediciones en las que supuestamente se ha puesto al día el español de Cervantes. ¿Qué piensa usted de esas ediciones?

Pues yo siento que son innecesarias, que la mayor parte del texto del Quijote se entiende perfectamente en nuestros días. Yo no estoy a favor de esas adaptaciones: siento que el libro está en un español asequible hoy… Hay una diferencia con respecto a Shakespeare: el inglés de Shakespeare es mucho más difícil de comprender, muchas cosas de su lenguaje, de su riquísimo lenguaje, ya no se entienden hoy. No es el caso del Quijote. Entonces ¿por qué una edición adaptada? No hace falta. Incluso yo estoy un poco en contra de un aspecto de esa edición conmemorativa, que por otra parte me parece excelente, y es que moderniza formas como “agora”. “Agora” alternaba con “ahora”; se usaban las dos formas y en el libro alternan. Cuando al final Don Quijote dice: “Ya no soy Don Quijote de la Mancha, soy agora […]”, ¿quién no lo entiende? Y ocurre lo mismo con la palabra “mismo” y la forma “mesmo” que alternaban. Si leemos “mesmo” ¿a poco no entendemos? Entonces, yo no veo necesidad de modernizar todos los “mesmos” y todos los “agoras”, creo que cualquier lector los entiende.

Hay quien se interesa en la vida de Cervantes además de interesarse en su obra. ¿Ha sido su caso?

Sí, me ha interesado. Hay una estupenda biografía del francés Canavaggio, y es algo que uno tiene presente. Ciertamente tengo muy presente que cuando aparece en el mundo el personaje Don Quijote, un cincuentón, su autor es también un cincuentón. Y tengo muy presente que diez años después, cuando aparece la segunda parte, Cervantes está viejo, viejo para esa aparece en 1615 y Cervantes muere en 1616. Y, claro, otros detalles de su vida. Pero yo, si me permiten decirlo así, me hablo de tú con Cervantes. Cervantes es mi amigo. No lo coloco en un pedestal, dialogo con él. Esa presencia, viva para mí, hace que no me importe mucho su vida pasada.

Si yo le preguntara por algún pasaje predilecto suyo de la novela, que usted recuerde con particular gusto, ¿a cuál se referiría?

¡Son tantos! Pero digo uno. Es una conversación típica entre Don Quijote y Sancho en que Sancho dice una barbaridad, algo dice mal, y Don Quijote lo corrige. Entonces Sancho dice algo así como: “¿Cuántas veces le tengo dicho a vuestra merced que me corrija cuando no me entiende, y cuando me entiende no me corrija porque yo soy tan fósil?”. Don Quijote: “Sancho, no te entiendo ¿qué quiere decir fósil?”. Sancho: “Fósil quiere decir soy tan mañero, soy… tan así”. Don Quijote: ¡Ah, ya te entiendo! quieres decir: ‘soy tan dócil’”. Y Sancho: “Apuesto a que vuestra merced sabía muy bien lo que yo quería decir. ¿Por qué me corrigió?”.  ~

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FERNANDO FERNÁNDEZ (Ciudad de México, 1964) es autor de las colecciones de poemas El ciclismo y los clásicosOra la pluma y Palinodia del rojo. Fundó y dirigió la revista Viceversa, fue director del Programa Cultural Tierra Adentro y director general de Publicaciones del Conaculta. Su libro más reciente es Ni sombra de disturbio: Ensayos sobre Ramón López Velarde (Auieo / Conaculta, México, 2014).



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