Elena sabe a dulce (fragmentos)*

IV. AMARU: Tía Luz, ¿por qué me hablas hasta ahorita? LUZ: Mija, es que las cosas aquí en El Aguacate… pues no están muy bien que digamos. AMARU: Me dijiste que querías que Elena viniera de paseo y conociera la ciudad. LUZ: Pues sí, también era para eso. AMARU: ¿También? LUZ: Mija, están pasando muchas cosas feas por aquí. No te […]

Texto de 23/05/16

IV. AMARU: Tía Luz, ¿por qué me hablas hasta ahorita? LUZ: Mija, es que las cosas aquí en El Aguacate… pues no están muy bien que digamos. AMARU: Me dijiste que querías que Elena viniera de paseo y conociera la ciudad. LUZ: Pues sí, también era para eso. AMARU: ¿También? LUZ: Mija, están pasando muchas cosas feas por aquí. No te […]

IV.

AMARU: Tía Luz, ¿por qué me hablas hasta ahorita?

LUZ: Mija, es que las cosas aquí en El Aguacate… pues no están muy bien que digamos.

AMARU: Me dijiste que querías que Elena viniera de paseo y conociera la ciudad.

LUZ: Pues sí, también era para eso.

AMARU: ¿También?

LUZ: Mija, están pasando muchas cosas feas por aquí. No te puedo decir mucho.

AMARU: ¿Tiene que ver con la Maraña?

LUZ: SHHHH….

AMARU: ¿Qué pasa?

LUZ: Ten cuidado.

AMARU: ¿Con qué?

LUZ: No los nombres, dicen que también pueden escuchar las llamadas telefónicas… ¿cómo sabes de ellos?

AMARU: Elena me lo dijo. Pensé que lo estaba inventado.

LUZ: Ojalá fueran puras historias, mija.

AMARU: Tía, ¿por qué no me dijiste antes? Es muy peligroso que me la hayas mandado así.

LUZ: Si te decía, no ibas a recibir a Elenita.

AMARU: Pero estás segura tía, ¿tú los has visto? Yo no había escuchado sobre ellos, ni en los noticieros.

LUZ: Fueron apareciendo de a poco. Primero cobraban por trabajar nuestras tierras, nos asustaban con que nos las iban a quitar si no pagábamos con unos buenos billetes, después pedían dinero por tener animalitos, casi nos cobran hasta por respirar. No sé en qué momento pasó, pero ahora nos están desapareciendo. Y lo más terrible mija, se están llevando a nuestros niños. Por eso tuve que sacar a Elena de aquí, así de rápido, nomás de pensar lo que le podría pasar, se me tuerce el pescuezo. Quiero que la cuides un rato Amaru. Sálvala de la Maraña. Sé que no nos hemos visto desde hace muchos años, pero no tenía otro remedio más que hablarte a ti. Y estoy muy agradecida de que la hayas aceptado.

AMARU: Tía…

LUZ: Nomás las vacaciones cuídala, en lo que la cosa se tranquiliza. Dicen que van a mandar hartos policías al Aguacate, tal vez hasta el Ejército. Nos dijeron que todo va a estar bien y que los van a controlar, pero por si las moscas, no puedo arriesgar a Elena, por favor. (Pausa) ¿Puedes, Amaru?

AMARU: Está bien, tía Luz, me hago cargo de ella. Solo que no voy a poder quedármela más tiempo que las vacaciones, tía. Me voy a grabar un comercial al extranjero. Y no puedo llevármela.

LUZ: Te juro que esto se va a controlar antes de que acaben las vacaciones.

AMARU: Espero que aguantemos ese rato.

LUZ: Ella es bien portada, ¿qué no?

AMARU: He tenido algunos problemas con ella.

LUZ: ¿Qué hizo, mija?

AMARU: Hizo que un policía pensara que estaba enferma y loca. Ha estado agarrando mis cosas y molesta a Nube.

LUZ: Qué extraño nombre para tu hija.

AMARU: Es mi gata, tía.

LUZ: Ah.

AMARU: Y por si fuera poco, hizo que una señora me cacheteara en Parque Burbu.

LUZ: Ay, Dios. Esa niña.

AMARU: No sé qué hacer con ella.

LUZ: Aguanta un ratito mija.

AMARU: Me enloquece Elena. Y ahorita no puedo descuidar mi trabajo, tengo un contrato muy importante, el más grande que he tenido.

LUZ: A veces hay cosas más importantes que el trabajo, mija. Te necesito y Elena también, somos de la misma sangre. Es temporal. Esto que está pasando en El Aguacate, quiera Dios que se acabe pronto. Y ya no te molestaré más.

AMARU: Está bien, tía. ¿Le habló a Elena para que platiques con ella?

LUZ: Es mejor que no, Amaru, siento que me voy a poner a chillar y no quiero que se preocupe por mí.

AMARU: Dice que te extraña mucho.

LUZ: Yo también. Es mejor así, que solo sepa que las cosas van mejor por aquí y que muy pronto regresará. Dile que la quiero mucho, por favor, que Alcarajo está bien y que también la extraña mucho, se la pasa aullando todas las noches por ella.

AMARU: Yo le digo tía.

LUZ: Ya tengo que colgar, no está bueno estar mucho en el teléfono, es peligroso.

AMARU: Sí tía, cuídate mucho, espero tu llamada.

LUZ: Adiós, mija.

Amaru cuelga. Nube maúlla.

VII.

AMARU: Abrí los ojos sin que sonara la alarma. Me levanté, me puse las pantuflas y salí de mi cuarto. Qué extraño silencio. Miré la cama de Nube y no había rastro de ella. Tal vez está escondida en el clóset, pensé. Toqué la puerta. ¿Elena? (Pausa) ¿Elena? No contestó, así que me metí a su cuarto. (Pausa) Elena no estaba, ni la Juana. Como si nadie hubiera estado nunca en este lugar. Ni siquiera la foto borrosa de su familia que puso sobre la pared. ¡Elena! ¿Dónde estás? Nada ¡Elena, no estés jugando que ya me tengo que ir a grabar! Ninguna respuesta. ¿Dónde estará? Creo que está jugando a las escondidillas.

Me preparo un café, y miro por la ventana. Una ola de niebla rodea el edificio. ¿Niebla sobre la ciudad? Se supone que es verano. Tanto fastidiar con la capa de ozono, seguramente.

¿Elena? ¡Ya vámonos!

Agarro la taza de café. ¿Dónde estará esa niña? Nomás me hace perder el tiempo. Apenas mis labios tocan el café y me quemo. Tiro la taza sobre mis pies. ¡Ay! ¡Qué babosa soy! Y el líquido se desparrama sobre el piso.

¿Elena? ¡Deja de jugar y ven! Silencio y más silencio. De pronto, la niebla empieza a ponerse espesa sobre las ventanas y hace que se oscurezca el departamento. ¡No sé qué estás haciendo Elena, pero ya estuvo bueno de bromas!

A lo lejos, se escucha murmullo de personas. Algo pasó, sé que algo pasó. Las voces se van haciendo cada vez más grandes. ¿Un accidente? ¿Estás bien, Elena? Intento abrir la puerta, pero está cerrada con seguro, no puedo salir y no están las llaves.

¿Qué pasa? ¿Me escuchan? ¿Oigan, me escuchan? Pero las voces no me responden. No puedo salir y no sé dónde está la niña. Golpeo la puerta. ¡Ayuda!

Las voces se hacen cada vez más cercanas, gritando como volcán. Luego, en un destello, abren la puerta, tronando los vidrios, se escucha el correr de muchas personas por las escaleras de emergencia, un ejército de pies pesados que se acercan al departamento. No sé qué hacer.

¡Ora sí te vamos a llevar! ¡Ya te cargó la que te trajo! ¡Eso te pasa por meterte en lo que no te importa! ¡Ora sí nos vas a conocer! Dicen las voces.

Elena, ¿dónde estás? ¡Vámonos! ¡Es la Maraña! Susurro en los rincones del departamento. Y nadie contesta, ni Elena, la Juana o Nube. Intento salir por la ventana, pero no la puedo abrir, la niebla empuja el cristal, parece que el espeso aire gris quiere entrar. Y ellos llegan, ya no hacen ruido. Están afuera, alcanzo a ver su sombra por debajo de la puerta. Mis pies tiemblan y corro a mi cuarto, me escondo debajo de la cama. Trato de controlarme pero no puedo, mi respiración es agitada. No quiero que me encuentren. Suena un golpe brusco. Entraron al departamento, están adentro, me van a llevar, me quieren llevar y no sé a dónde. Se escuchan muchos pasos caminando por la cocina y la sala, quiero gritar pero no puedo ¿Dónde está Elena? ¿Dónde está?

Se mueve la manija del cuarto, lento y suave. Ya no sé qué hacer, no sé a dónde me van a llevar. Murmullos, suenan murmullos que dicen: Ahí está. Adentro del cuarto. Debajo de la cama. Son nuestras la niña y la tía, por fin la encontramos y nos la vamos a llevar.

Las manos temblando, sudando de frío, los dedos torcidos y la boca seca. Y se abre la puerta de un solo golpe, la niebla entra como una explosión a mi ojos.

Amaru grita

Abro los ojos. Me despierto.

Nube está sobre su cama, dormida, ronroneando.  ~

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HASAM DÍAZ HIERRO es dramaturgo, actor y director de teatro. Egresado de la Facultad Popular de Bellas Artes de la UMSNH y del Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia.

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