¿Cómo escalar la restauración de los arrecifes en México?

El deterioro de los arrecifes coralinos del Caribe mexicano debido al desarrollo costero y al cambio climático global exige una alternativa para recuperar algunas áreas mediante la restauración activa, con colonias vivas y sanas de coral. Este artículo detalla el trasplante de colonias de coral vivo crecidas en viveros, enfocado en las especies clave del arrecife, iniciativa de Oceanus.

Texto de y 14/01/20

El deterioro de los arrecifes coralinos del Caribe mexicano debido al desarrollo costero y al cambio climático global exige una alternativa para recuperar algunas áreas mediante la restauración activa, con colonias vivas y sanas de coral. Este artículo detalla el trasplante de colonias de coral vivo crecidas en viveros, enfocado en las especies clave del arrecife, iniciativa de Oceanus.

Desde hace varias décadas los arrecifes coralinos se encuentran en constante deterioro, tanto por actividades antropogénicas relacionadas con el desarrollo costero, como por los efectos del cambio climático global. Esta situación se refleja en una creciente pérdida de los bienes y servicios ambientales que brinda este importante ecosistema, así como en un detrimento de las actividades productivas que de él dependen, como son el turismo y la pesca, sustentadas en la alta biodiversidad y el valor escénico que caracteriza a los arrecifes de coral. Además, en la región del Caribe se suma la acumulación del sargazo, así como la aparición de la misteriosa enfermedad del síndrome blanco, que se disparó en Florida,1 pero ahora se ha extendido a todos los arrecifes de Quintana Roo en México y a algunos puntos en Belice. La degradación actual del ecosistema arrecifal está provocando una reducción de la biodiversidad y la complejidad de sus hábitats, con impacto directo en los beneficios económicos y ambientales que proporciona.

Una de las opciones para recuperar áreas arrecifales dañadas por diferentes impactos es utilizar técnicas de restauración activa, a través del incremento de colonias vivas y sanas para promover su recuperación. La experiencia ha mostrado que cuando los esfuerzos de restauración en los arrecifes son paralelos a otras acciones de manejo local, como la protección de un área, refugios pesqueros y vigilancia y control de las descargas residuales a los mantos acuíferos, los arrecifes tienen mayores probabilidades de sobrevivir como sistemas productivos y funcionales. Por esta razón, muchos programas de restauración de arrecifes, tanto en la región del Caribe como alrededor del mundo, proponen iniciar la recuperación de sitios arrecifales dentro de áreas marinas protegidas y zonas de “no pesca”, donde el trasplante de colonias debe iniciarse para promover la recuperación de biomasa de peces e invertebrados dentro del área protegida, así como en las áreas adyacentes a través de un efecto de desborde.

Restauración activa ¿Qué hacemos por ellos en realidad?

Un arrecife de coral debe contar con un porcentaje de coral vivo que crezca a una tasa superior a la tasa de erosión; de otra forma, los servicios de protección costera pueden verse reducidos y los cambios en la complejidad estructural natural podrían reducir las poblaciones de las especies que ahí habitan, algunas de importancia ecológica y comercial. Por esta razón, una de las principales formas de restauración activa incluye el trasplante de colonias de coral vivo crecidas en viveros de producción o estabilización —“cultivo de coral”—, así como en acuarios o peceras con condiciones controladas, a partir de la reproducción sexual o asexual y enfocado en las especies clave del arrecife. Al incrementar el número de colonias vivas en el arrecife mediante el trasplante, los cambios que podemos obtener incluyen:

• Incremento en la cobertura de tejido vivo (lo que se traduce en la recuperación de la estructura arrecifal y disponibilidad de alimento).

• Posible incremento de larvas y reclutas de coral en la temporada de reproducción, debido a la mayor cantidad de colonias de coral adultas y sanas con capacidad reproductiva (las cuales promueven la recuperación de las poblaciones a nivel local y regional).

• Recuperación acelerada de los micro hábitats, así como de la rugosidad y refugio para especies que viven en el arrecife (recuperación de la función ecológica del arrecife).

• Rehabilitación de áreas utilizadas por el turismo y mantenimiento de la estructura de protección costera (recuperación de los servicios ambientales).

En este contexto, en México, desde hace algunos años la organización civil Oceanus, junto con sus socios y donantes dio inicio a un programa de restauración para rehabilitar zonas impactadas del Golfo de México y el Caribe mexicano, con el objetivo de incrementar el potencial de resistencia y recuperación de los arrecifes de coral, mediante el trasplante de colonias vivas y sanas de especies clave crecidas en viveros de estabilización. Este esfuerzo se ha multiplicado en toda la región, con la creación de grupos locales de restauración y el desarrollo de iniciativas en otros países que comparten el sistema arrecifal mesoamericano (Belice, Honduras y Guatemala) para desarrollar programas similares. Existen también otras iniciativas en el país enfocadas en el desarrollo de investigación para la restauración arrecifal — como el Laboratorio de Investigación Integrativa de Conservación de Arrecifes del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la Universidad Nacional Autónoma de México, Unidad Puerto Morelos— y en el desarrollo de biotecnología para la restauración de corales, como los proyectos que desarrolla el Instituto Nacional de la Pesca en Puerto Morelos.

Hay diversos esfuerzos a nivel regional que están haciendo todo lo posible por recuperar los arrecifes, pero el tiempo apremia. Algunas predicciones sobre los efectos del cambio climático en los arrecifes, que resaltan el peligro de alcanzar 350 ppm de CO2 en la atmósfera, no son ahora supuestos, sino una realidad. En enero de 2019 la oficina meteorológica británica predijo que 2019 sería, junto a 2016 y 1998, uno de los tres años con mayor incremento de CO2 desde que se iniciaron las mediciones, hace 62 años, y así fue. En mayo de 2019 se registró un total de 415 ppm de CO2 en Mauna Loa, casi 3.5 ppm más que en el mismo mes del año anterior.

Entre agosto y septiembre de 2019 se registraron temperaturas de 36ºC en algunos sitios de restauración dentro de la laguna arrecifal en Xcalak, Quintana Roo, en meses donde el promedio máximo ya había subido hasta 34º C en años anteriores. Los eventos de blanqueamiento se observan anualmente desde 2012 con mayor intensidad en algunos sitios, con los mayores efectos detectados en 2016, 2017 y 2019 al menos en la Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an. Incluso en especies que se han vuelto resistentes, gracias a su historia de impactos constantes, como el coral cuerno de alce (Acropora palmata), la resistencia al blanqueamiento es cada vez más difícil.

Pero Darwin era, en efecto, un sabio. Los eventos de blanqueamiento se repiten cada año desde 2012 en el Caribe mexicano. La esperanza, en el corto plazo es que los corales que sobreviven año con año al blanqueamiento y resisten los impactos actuales, puedan ser aquellos que repueblen en un futuro los arrecifes de coral. Ahí es en donde la restauración activa intenta incidir, coadyuvando en la producción de más colonias de coral resistentes, resilientes, vivas y sanas, para adaptarse a un mundo de cambios rápidos y devastadores. Lo mismo que esperamos de nosotros, los humanos. Pero los esfuerzos ingenuos y con buenas intenciones ya no son suficientes. Tal como el mismo Consorcio de Restauración de Arrecifes (CRC), recién formado en 2016, proclama: “No toda la esperanza está perdida. La meta de la restauración es ahora crear sitios con especies clave de coral lo suficientemente grandes y genéticamente diversos para que puedan reproducirse sexualmente y generar la suficiente cobertura coralina y estructura para producir un cambio positivo en el sistema.”

Las técnicas han evolucionado desde los primeros esfuerzos. Pero en el Caribe hemos acelerado el paso, debido al acelerado declive de los arrecifes en la región. Desde que el concepto de “cultivo de coral” empezó a difundirse se han desarrollado numerosas técnicas para maximizar la sobrevivencia y producción de los corales, incluyendo el establecimiento de viveros tanto in-situ (que promueven la producción y reproducción de corales adaptados naturalmente a su medio) como ex-situ (que facilitan el incremento de la diversidad genética a partir de la reproducción sexual). Las técnicas de viveros desarrolladas van desde la producción de colonias a partir de fragmentos en parrillas fijas en el fondo del mar, hasta la producción de miles de colonias de coral en viveros colgantes a media agua o a partir de propágulos diminutos. El éxito de cada técnica requiere de consideraciones y adaptaciones específicas para cada sitio y para cada especie.

Es en el siguiente paso —el trasplante de colonias— en el cual se ha avanzado más lentamente. Después de su crecimiento en viveros, las nuevas colonias (o fragmentos de ellas) requieren ser trasplantadas o los viveros podrían colapsar. Sin embargo, el éxito de los trasplantes no radica sólo en las técnicas utilizadas —que puede incluir bases de concreto, clavos, plastilina epóxica, cuerdas, etcétera—, pues una vez que las nuevas colonias son fijadas en el arrecife, se vuelven parte del paisaje existente y se encuentran nuevamente sujetas a las mismas amenazas e impactos que los organismos que ahí habitan.

Mantener vivos los arrecifes de coral y lograr escalar los efectos de la restauración no es sólo responsabilidad de quienes trabajan directamente en el mar. Cada gobierno debe asumir su responsabilidad y cumplir los compromisos que a nivel internacional implican un beneficio para el planeta. Mejorar políticas ambientales, cambiar normas, reducir emisiones, impedir la descarga de aguas negras en el océano, cambiar a energías limpias, propiciar una economía verde o azul y brindar incentivos a las empresas para que se sumen al cumplimiento de estos compromisos.

Las principales causas de degradación en muchos sitios arrecifales apuntan a la calidad del agua y la sedimentación, con el desarrollo costero como su principal agente. Por ello, aunque existe actualmente una iniciativa por mejorar el tratamiento del agua que sale de los hoteles y desarrollos costeros cuyo destino final será el arrecife, sería indispensable mejorar también las normas actuales de calidad del agua para la protección de la vida marina, con el fin de aumentar las probabilidades de éxito de los programas de restauración.

Se requiere también que la legislación sea más sensible ante los problemas ambientales, mediante la adecuada aplicación de la ley y la vigilancia continua. El Código Penal Federal en México ya ha reconocido el daño a los arrecifes de coral como un delito que puede causar de dos a 10 años de prisión, señalando que las afectaciones a la biodiversidad constituyen un delito grave cuando se trata de un área natural protegida. Por eso, además de las declaratorias de áreas protegidas o zonas de “no pesca”, es indispensable hacer efectiva la parte administrativa en cuanto a protección, vigilancia y educación, sin recortar aún más los presupuestos para la conservación.

Hasta hace poco, nuestras leyes sólo ubicaban a las especies de acropora y algunos octocorales como especies amenazadas y conservaban al resto de las especies de corales dentro de las leyes de pesca, como si fuera un recurso que puede aprovecharse en actividades productivas, cuando ya no lo es. Recientemente se logró agregar a dos especies del Caribe mexicano bajo esta protección, pero aún se requiere lograr la protección de todas las especies de corales que actualmente se encuentran en riesgo. Se requiere regular verdaderamente la pesca de las especies de importancia comercial, con datos reales y no estimativos, para mejorar las bases de datos pesqueras y regular en campo el tamaño de la captura, con vigilancia y censos directos en las playas y muelles de arribo. Se requiere que las políticas de pesca sean congruentes con las políticas y compromisos de conservación: mientras en una institución pública se fomenta el incremento del esfuerzo pesquero o se aprueban proyectos de turismo masivo y desarrollo costero, en otra se pide a los pescadores dejar la actividad que las complementa. Es mejor partir de políticas y regulaciones reales de pesca sustentable, enfocadas en la calidad y los procesos, que preocuparse por las toneladas de captura. Se requiere una política de restauración de ecosistemas que no dependa de los periodos sexenales del gobierno federal, que terminan interrumpiendo programas exitosos que requieren más de 10 años para tener resultados tangibles. Es necesario que se comprenda y reconozca la importancia de proyectos de conservación y restauración, y que se les impulse o, cuando menos, que se facilite el trámite de los permisos necesarios para agilizarlos y ordenarlos.

Como se ha dicho, no toda la esperanza está perdida. Gracias a la formación de una Red de Restauración de Arrecifes del Arrecife Mesoamericano, promovida por Oceanus, A.C. en 2012 y reactivada por el Fondo Mesoamericano en 2017, actualmente cada país del Arrecife Mesoamericano (México, Belice, Guatemala y Honduras) desarrolla un plan estratégico de restauración y crea grupos coordinados que pretenden impulsar y escalar los esfuerzos de restauración con un solo objetivo: mantener vivos nuestros arrecifes de coral. EP

1 Aparentemente, la dispersión de esta enfermedad en el arrecife se originó en un proceso de dragado en Florida, en 2014, véase Precht William F., 2019, “Failure to respond to a coral disease outbreak: Potential costs and consequences”, en doi.org

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