Becarios de la FLM: Duología de las abejas

I. Especificaciones sobre la miel Una panadería muy pequeña, en medio de un lugar nevado. Se percibe un delicioso aroma a pan. Por la puerta entra ZITA cargando un pastel enorme y bello. Toca la campanilla del mostrador. ZITA: Mantequilla, azúcar, leche. (Vuelve a tocar la campanilla) Fresas. Una cucharadita de polvo para hornear. Toca […]

Texto de 23/06/16

I. Especificaciones sobre la miel Una panadería muy pequeña, en medio de un lugar nevado. Se percibe un delicioso aroma a pan. Por la puerta entra ZITA cargando un pastel enorme y bello. Toca la campanilla del mostrador. ZITA: Mantequilla, azúcar, leche. (Vuelve a tocar la campanilla) Fresas. Una cucharadita de polvo para hornear. Toca […]

I. Especificaciones sobre la miel

Una panadería muy pequeña, en medio de un lugar nevado. Se percibe un delicioso aroma a pan. Por la puerta entra ZITA cargando un pastel enorme y bello. Toca la campanilla del mostrador.

ZITA: Mantequilla, azúcar, leche. (Vuelve a tocar la campanilla) Fresas. Una cucharadita de polvo para hornear.

Toca la campanilla con desesperación.

TRISTA sale por la puerta de la cocina, cubierta de harina.

TRISTA: ¡Ding!

ZITA: ¿Qué le sobra a este pastel?

Pone el pastel en el mostrador.

TRISTA: (Asustada) ¿Bzzzzzzzz?

ZITA: (Enfurecida) Pedí una docena de pajes de Asia central, con sendas corbatitas de lino mesopotámico, orquídeas del Sahara, platos de porcelana china, manteles de 500 hilos egipcios, anillos de oro puro de 24 quilates… Y dos caballos blancos purasangre.

TRISTA: (Relincha).

ZITA: Hasta ese punto, muy cercano a la fecha de la boda, yo no había dado con el pastel perfecto. Había probado ya una centena de panecillos dulces —diminutas nubes pastosas sin sabor— y estaba desesperada.

La epifanía se presentó cuando el pekinés al que contraté para organizar el banquete, avivado por mi insistencia en el asunto, me confesó: “En la cima de la colina más alta, donde crecen los rododendros y las azaleas, en un pueblo llamado la villa de los vientos, se encuentra la mejor repostera del mundo”. Busqué todos los lugares con ese nombre, escalé miles de kilómetros, hasta llegar aquí. Al entrar por esa puerta, olí algo equiparable al perfume de los ángeles.

TRISTA: (Hace una reverencia).

ZITA: Cállate. Falta lo peor.

En el minuto exacto en que los protagonistas descendieron del carruaje barroco, después de la ceremonia, el pasto que trajimos de Kentucky para que creciera en el patio de nuestra casa alcanzó los 521 milímetros indispensables para que la novia pudiera caminar con sus zapatillas bordadas sin enterrar los tacones en la tierra. Los invitados disfrutaron trescientas langostas y puré de trufas negras. Minutos después, los esposos comenzaron a bailar en la pista de ébano pulida a mano. En ese momento, alguien puso esta abominación en la mesa principal y el terror apareció: un monumento de harina, con millares de florecitas miniatura y dos enormes figuras de azúcar, réplicas exactas de mi hija y yerno, en su primera cita.

TRISTA: (Sonríe).

ZITA: Quita esa cara tonta.

TRISTA: (Tímida) ¿Bzzz?

ZITA: En los últimos acordes del “Vals de otoño” los amantes engarzaron sus cuerpos en un tierno remolino de amor. Entre aplausos de los comensales, se acercaron a la mesa del monstruo de azúcar, tomaron un cuchillo, hundieron su filo en el merengue… Y la tragedia sucedió.

TRISTA: (Se lleva las manos a la boca).

ZITA: Ignoraste las especificaciones sobre la miel.

TRISTA: (Emite un grito ahogado).

ZITA: Una partícula voladora y negriamarilla apareció de repente y picó a la novia en el meñique.

TRISTA: Bz.

ZITA: Ni una gota de miel que pudiera atraer a esos bichos insolentes. (Abofetea a su interlocutora) Te dije que ni una sola.

TRISTA: (Mientras recibe los golpes) Bb..Zz…Bzb…Zzb.. B…B….Zzzz. Zzzz.

ZITA: ¿Qué le sobra a este pastel?

TRISTA: (Llora) ¡Bzzzzzzzzzz!

ZITA: (Deja de golpear a TRISTA) Tu incompetencia culinaria arruinó la boda de mi hija. (Destroza todos los pasteles de la tienda mientras TRISTA observa horrorizada) ¿Cómo me vas a pagar?

Silencio

¿Cómo me vas a pagar? (Estalla en cólera y avienta la campanilla de metal a la cara de TRISTA, quien, tras recibir el impacto, se seca las lágrimas).

TRISTA: (Frágilmente) Bzzzzz.

ZITA: Guarda la compostura… En este momento vas ahí adentro y me traes otro producto, en compensación.

TRISTA se mete a la cocina y vemos cómo da los últimos detalles a un pastel recién horneado que decora con una especie de merengue amarillo. Durante este tiempo, ZITA aprovecha para romper un par de vitrinas del lugar.

Finalmente, TRISTA sale con el pastel.

ZITA: (Inspecciona el postre unos segundos y le da una probada con los dedos. Se deleita ampliamente en el sabor) No es suficiente. Pero me lo llevo.

TRISTA sonríe débilmente. ZITA sale de la panadería.

TRISTA: Pastel amarillo. Bzzzz.

Endulzado con miel de la villa de los vientos. B…Bzz.

Donde crecen los rododendros y las azaleas.

Solamente cuando las abejas hacen néctar de esas flores producen un elixir delicioso, cautivante y rarísimo.

Inofensivo para ellas.

Pero extremadamente peligroso para los humanos.

Bzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.

Miel mortífera.

Fuera de la tienda, Zita cae muerta en la nieve.

II. El abrazo de la colmena

Un departamento chico, lleno de objetos extraños. En medio del desorden, vemos a Job en un sillón.

JOB: Número de paquetes recibidos: mil 460.

Ofertas aprovechadas hasta el momento: mil 460.

Contenidos: múltiples.

Por ejemplo: (muestra los siguientes objetos) Taza de metal con forma de rana. Horno solar multiusos. Pizarrón chico con dos gises. Bola disco. Sandalias para playa. Estoy seguro de que las utilizaré algún día, cuando no esté ocupado recibiendo paquetes.

Días en aislamiento: mil 461.

Siempre pido los objetos de los mismos sitios, pero ayer encontré un nuevo proveedor.

En la página de “el envío secreto” se ingresa un deseo y, a cambio de un pago variable, la empresa envía un objeto que promete llenar las expectativas del usuario.

Yo pedí un alivio para la soledad, sin elementos humanos.

Tocan la puerta, Job va a abrir.

Hola. Sí, soy yo. Sí, yo firmo. Gracias.

Vuelve con un paquete.

Número de paquetes recibidos: mil 461.

Iniciaré el rito de apertura. Es emocionante.

Comienza a abrirlo.

Adentro está la solución. Lo prometieron.

Cientos de abejas salen de la caja, rodean a Job y lo abrazan.

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Dámaris Vera estudió en el Conservatorio Nacional de Música y Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha sido guionista en Radio UNAM. Actualmente es becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de dramaturgia.

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