Una ciudad seca

El futuro llegó y, con él, la carencia de agua. De eso trata este texto, indispensable ahora que llegó marzo y que no ha llovido en la ciudad que un día fue un lago. Andrea Chapela, con su mirada sagaz, nos pone de frente al futuro.

Texto de 10/03/20

El futuro llegó y, con él, la carencia de agua. De eso trata este texto, indispensable ahora que llegó marzo y que no ha llovido en la ciudad que un día fue un lago. Andrea Chapela, con su mirada sagaz, nos pone de frente al futuro.

Hace algunos días fui a una cafetería a leer, pero al final no avancé nada del libro y sólo pretendí leer porque la conversación de la barista y su amiga estaba más interesante. La barista contaba que su turno había acabado hacía diez minutos y que le urgía irse, pero que el siguiente encargado venía tarde. Tenía que estar en su casa antes de las 8 p.m. “A las 9:30 se corta el agua y tengo que bañarme y lavar los platos de la comida”, dijo. Y luego explicó que desde septiembre la cisterna de su edificio no se llenaba lo suficiente como para que hubiera agua todo el día. Sólo tenía de las 6:30 a las 8 a.m. y de las 8 a las 9:30 p.m. “Menos mal que mi lavadora es programable. Puedo meter la ropa y poner el jabón en la noche y empieza automáticamente a las 6.30”. Bañarse, lavar los platos, jalarle al baño… Su cotidianidad necesitaba nuevas estrategias: “Me estoy acostumbrando a jalarle con jicarazos como en casa de campo”.

Después de que llegara su remplazo y la barista pudo irse, me quedé un rato pensando en estas situaciones distópicas cada vez más normales en la Ciudad de México y cómo nos estamos acostumbrando a vivir con ellas sin tomar acciones contundentes para frenarlas. En esta ciudad, que comenzó siendo un lago y se inunda cada temporada de lluvias, parecía imposible que el agua pudiera terminarse, pero la Organización de Naciones Unidas ha declarado que la capital se encuentra entre las diez ciudades del mundo que corren más riesgo de quedarse secas y ha predicho que es muy posible que alcancemos el “día cero”, cuando se termine el suministro de agua libre y se tenga que racionar, para 2028. No es de extrañar si consideramos que la principal estrategia para abastecernos es buscar el agua cada vez más lejos y secar aún más los mantos acuíferos que nos quedan, lo cual, a su vez, está causando que la ciudad se hunda más rápido y que por esto se rompan las tuberías viejas.  

Después del “día cero” el mejor escenario será el que vive ahora mismo la barista: tener una ración de agua de tres horas al día, por la mañana y por la noche, acostumbrarnos a reutilizar el agua con la que lavamos las verduras o lavamos los trastes o nos bañamos para jalarle al baño o cambiar los excusados por unos secos que no necesiten agua. Cuando pienso en estos escenarios siempre se me viene a la mente una escena de Phillip K. Dick donde la protagonista está bañándose con un contador de agua que cortará el regaderazo en cuanto se pase de los litros convenidos. Tal vez todos nuestros electrodomésticos tengan este tipo de contadores, tal vez se vuelva delito o por lo menos de mal gusto malgastar agua. Es un futuro optimista dadas las circunstancias. En él, la vida sigue de alguna manera.

Hay otros escenarios en esta ciudad desde los cuales se pueden imaginar otras posibilidades. ¿A dónde nos lleva la realidad de todas las colonias donde no hay agua y, cuando hay, lo más probable es que esté sucia y no pueda utilizarse? Allí donde las pipas han remplazado a las tuberías, donde las mujeres trasportan cubeta a cubeta los litros necesarios para el día a día y donde la mayoría de los pozos están contaminados: allí el agua se convierte en el eje diario. Podríamos extender esa situación a toda la ciudad y, de hacerlo, seguiríamos siendo optimistas porque el agua, como muchos otros recursos, se reparte siguiendo las pautas de la desigualdad. Fácilmente se puede imaginar un futuro en el que colonias sin una gota de agua convivan con comunidades bardeadas que protejan sus depósitos para recolectar lluvia, donde tengan la mejor tecnología para limpiarla y hacerla potable, donde los baños largos, los jardines bien regados y los coches lavados todos los días sean situaciones comunes. Es fácil de imaginar este futuro porque es una extensión del presente. Un presente que se va a exacerbar con el cambio climático y que probablemente escale hacia la violencia.

En enero de este 2020 se anunció que en 165 colonias de las alcaldías Álvaro Obregón, Benito Juárez, Coyoacán, Cuajimalpa, Cuauhtémoc, Magdalena Contreras, Miguel Hidalgo y Tlalpan se penalizará a quienes gasten más de sesenta mil litros al bimestre durante el primer semestre del año, que coincide con temporada de estiaje. La multa será un aumento del 35% sobre el valor de la factura. Con esta medida, el Gobierno de la Ciudad de México busca promover el cuidado y el uso responsable sobre todo en las colonias donde se ha observado un consumo elevado. ¿Cómo puede ser que si hay colonias donde no hay agua, en algunas el máximo se considere en sesenta mil litros al bimestre? Si nos preguntamos por qué se utiliza tanta agua en estas colonias, la respuesta es que en ellas se ubican muchas viviendas grandes que tienen jardín. Al hablar del problema del agua en la capital es indispensable preguntarse dónde se usa el agua, para qué se utiliza y cómo se distribuye.

La situación en la que nos encontramos requiere respuestas a estas preguntas y medidas más contundentes tanto en la política pública como a nivel personal. Hay que mejorar el sistema hidráulico de toda la ciudad, atender cada fuga para evitar las pérdidas de hasta 40%, comenzar a tratar las aguas residuales, dar prioridad a un abastecimiento general de agua por encima de regar los jardines y campos de golf, buscar nuevas maneras de limpiarla y recolectarla. A nivel personal tenemos que ser conscientes de cuántos litros usamos cada día y comenzar a pensar de qué manera reutilizarlos a pequeña escala, pero sobre todo tenemos que exigir cambios más drásticos. Necesitamos modificar la manera en la que nos relacionamos con el agua y, quizá con suerte, todos podamos tener el futuro que vive ahora la barista. EP

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